La historia se repite. Hace más de quince años, Solo Empanadas logró sobrevivir a un concurso preventivo que marcó el final de la primera etapa de una de las cadenas gastronómicas más emblemáticas del boom low cost argentino. La marca volvió al mercado con nuevos dueños, reconstruyó su negocio y desarrolló una red de más de 160 franquicias. Ahora, la empresa que la controla volvió a recurrir a la Justicia para intentar evitar el mismo desenlace.
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Solo Empanadas vuelve a concurso: la dueña de la cadena busca evitar la quiebra tras acumular deudas por más de $5.300 millones
La Justicia abrió el concurso preventivo de Divaflo SRL, controlante de Solo Empanadas, Morita, Kiosco de Empanadas y Fábrica de Pizzas. La empresa llegó con un pasivo de $5.334 millones, 230 cheques rechazados, deuda bancaria por $3.845 millones y más de 160 franquicias operativas.
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La empresa tiene más de 160 franquicias opperativas y emplea en forma directa a alrededor de 100 personas.
El Juzgado Civil y Comercial de San Martín abrió el concurso preventivo de Divaflo SRL, propietaria de Solo Empanadas, Morita, Kiosco de Empanadas y Fábrica de Pizzas, luego de que la compañía admitiera que ya no puede afrontar regularmente sus obligaciones. La presentación fue encuadrada como un gran concurso, por el volumen del pasivo, la cantidad de acreedores y la estructura de la empresa.
En el expediente, la sociedad reconoció un activo corriente de $2.382 millones frente a un pasivo de $5.334 millones, lo que arroja un desequilibrio patrimonial de $2.952 millones. Además, acumula 230 cheques rechazados por más de $1.000 millones y una deuda bancaria de $3.845 millones, distribuida entre entidades como Galicia, Macro, Nación, Santander, Supervielle y Banco Provincia, con buena parte de esas obligaciones ya calificadas en situación 3 y 4.
Detrás de ese cuadro financiero aparece una empresa que durante los últimos años apostó fuerte a la expansión. Según surge de la presentación judicial, hoy abastece más de 160 franquicias desde su planta industrial de Villa Lynch, emplea a más de 100 trabajadores directos y opera una red logística propia que distribuye diariamente la producción a todos sus locales.
La apuesta por crecer que terminó en sobreendeudamiento
En la documentación presentada ante la Justicia, Divaflo identifica el origen de su crisis en una decisión que, en ese momento, parecía lógica: ampliar su capacidad para acompañar el crecimiento del negocio.
La empresa explica que la planta donde operaba había quedado chica frente al aumento de la producción, la expansión de las franquicias y la incorporación de nuevas líneas de productos. Por eso decidió trasladar toda la operación a un establecimiento de mayores dimensiones en Villa Lynch, desde donde concentraría la elaboración y distribución de todas sus marcas.
La mudanza implicó una inversión muy superior a la prevista. Según detalla en el expediente, fue necesario adaptar íntegramente el inmueble para uso alimenticio, construir cámaras frigoríficas, depósitos y sectores de empaque, instalar nuevas redes eléctricas, sanitarias y de desagües, además de trasladar maquinaria industrial y reorganizar toda la logística de distribución.
La compañía sostiene que parte de esas obras se financió con recursos propios y otra parte mediante créditos bancarios. Pero antes de que esa inversión comenzara a generar retornos, el contexto económico cambió. En la presentación menciona que desde la pandemia disminuyó la incorporación de nuevos franquiciados, cayó la rentabilidad de los locales y se profundizó la retracción del consumo. A eso suma el aumento de las tarifas, el encarecimiento del financiamiento, las mayores exigencias de los proveedores y la ruptura de la cadena de pagos.
Según la empresa, esa combinación derivó en un creciente descalce financiero que la obligó a utilizar nuevo endeudamiento para afrontar obligaciones corrientes, desde salarios e impuestos hasta proveedores estratégicos, hasta llegar a una situación que definió como de imposibilidad material para cumplir regularmente con sus compromisos.
De cuatro marcas a una red de más de 160 franquicias
Aunque Divaflo SRL quedó constituida formalmente en 2017, en el expediente explica que el proyecto comenzó a gestarse a principios de los años 2000, cuando apostó por un modelo de producción centralizada y franquicias, una fórmula que permitía abastecer numerosos locales desde una única planta industrial. Con el paso de los años fue ampliando su estructura hasta conformar un grupo integrado por Morita, Solo Empanadas, Kiosco de Empanadas y Fábrica de Pizzas, cada una orientada a distintos segmentos del mercado gastronómico.
Hoy, según la propia empresa, abastece más de 160 franquicias, cuenta con una planta industrial en Villa Lynch, una flota de vehículos refrigerados para distribuir diariamente la producción y sostiene más de 100 puestos de trabajo directos, además de toda la red de franquiciados y proveedores vinculados a su operatoria.
Ese crecimiento también quedó reflejado en la evolución del negocio. Sin embargo, los últimos balances muestran el cambio de tendencia: después de obtener una ganancia de $272 millones en 2024, la empresa cerró el ejercicio siguiente con una pérdida de $3.961 millones, mientras las ventas retrocedieron de $10.572 millones a $9.705 millones, al mismo tiempo que aumentaban los costos operativos y financieros.
La marca que hizo famosas a las "empanadas bailarinas"
Mucho antes de quedar bajo el paraguas de Divaflo, Solo Empanadas ya era una marca conocida por millones de argentinos. Fundada en 1999 por Alejandro Correa Mesones, Pablo Fuentes y José Mario Remón, fue una de las grandes precursoras del negocio de las empanadas low cost en el país. Su propuesta de precios accesibles coincidió con los años de la crisis de 2001 y encontró un impulso decisivo gracias a una campaña publicitaria que todavía hoy permanece en el recuerdo: las famosas empanadas bailarinas, que repartían degustaciones en los semáforos porteños y transformaron a la cadena en un fenómeno de marketing mucho antes de la irrupción de las redes sociales.
El modelo de franquicias hizo el resto. En pocos años alcanzó unas 50 sucursales, proyectó desembarcos en Ecuador, México y España y se convirtió en uno de los casos de éxito más representativos del boom gastronómico de bajo costo.
Pero el crecimiento no alcanzó para evitar la crisis. En 2009, la empresa original ingresó en concurso preventivo y la sociedad encargada del desarrollo de las franquicias terminó quebrando.
Años más tarde, Divaflo tomó el control de la marca, la incorporó a su grupo gastronómico y volvió a apostar por el mismo modelo que la había convertido en un éxito: una planta industrial centralizada, producción propia, logística integrada y expansión mediante franquicias.
Ahora, esa segunda oportunidad también quedó bajo la protección de la Justicia. El juez fijó el 14 de septiembre como fecha límite para la verificación de créditos y estableció que el 1 de julio de 2027 vencerá el período de exclusividad para negociar un acuerdo con los acreedores. Si consigue las mayorías previstas por la Ley de Concursos y Quiebras, la empresa podrá reestructurar su deuda y continuar operando. De lo contrario, una historia que parecía haber quedado atrás volverá a repetirse.
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