26 de diciembre 2023 - 00:00

La inflación cae rápido en EEUU, pero la Fed no tiene presiones para actuar todavía

La última suba de tasas las izó a 5,5% en julio. Y no hay moros en la costa ni en el mapa de puntos. Allí, más bien, se grafica la ruta inversa. La mediana apunta a tres recortes de tasas a lo largo de todo 2024.

Powell admitió que la baja de tasas es un tópico ya en la discusión de políticas.

Powell admitió que la baja de tasas es un tópico ya en la discusión de políticas.

Abatir la inflación, y devolverla al corral de 2%, es la prioridad única de la Fed desde 2022. Es una deuda que arrastra desde un año antes cuando rompió el molde del Inflation Targeting y cerró en 7%. Sin embargo, permanece en modo pausa. La última suba de tasas las izó a 5,5% en julio. Y no hay moros en la costa ni en el mapa de puntos. Allí, más bien, se grafica la ruta inversa. La mediana apunta a tres recortes de tasas a lo largo de todo 2024.

En los mercados, influidos por la prédica de Jay Powell y su gente, la poda prevista se agiganta al doble. Contempla seis tijeretazos que podrían empezar en marzo. Sobre ese particular, la Fed no se pronuncia. ¿Qué pasó con la consigna universal de “tasas más altas por más tiempo”? La realidad le pasó por encima. Y, como reconoció Powell, la entidad, hoy en día, está concentrada en no cometer “ese error” de mantenerlas estables en demasía. Aterrizar la economía sin trauma es la tarea por delante.

Habrá que descomprimir las condiciones financieras con pericia para evitar un accidente. Que si bien sería a baja velocidad porque el banco central desechó hace tiempo la prisa y los saltos bruscos; en los mercados de riesgo, desbordantes de confianza, se produciría a gran altura. El paso vigoroso de los toros da por sentado el aterrizaje suave cuando apura su embestida. Y si en algún momento se requiere calmarlos, no se logrará por cierto bajando las tasas. 2024 será el año de la sintonía fina, y trae consigo su propia caja de peligros.

La inflación de noviembre se ajustó al libreto deseado. Medida por los precios al consumidor creció 0,1%. Usando la vara que prefiere la Fed, el deflactor del consumo personal, cayó 0,1%. La versión núcleo, que excluye los avatares (actualmente favorables) de alimentos y energía, aumentó 0,1%. No hay dudas de que la inflación en el margen se moderó. A la Fed, sin embargo, no la tranquiliza una golondrina solitaria. Debe abogar por un proceso sostenido de inflación obediente que no exceda 2%. Y noviembre estableció un mojón: la inflación núcleo de los últimos seis meses, anualizada, dio 1,87%. La meta de 2% no solo es accesible. Bajo su órbita específica transcurrió el último semestre.

No se puede cantar victoria todavía porque la mera varianza nos puede dejar transitoriamente a la intemperie. Pero tampoco se debe negar el progreso. Y la Fed, sin conocer aún la información completa de los precios de noviembre, lo comunicó así después de su reunión. Se sabe lo que ocurrió de inmediato. Los mercados, de fiesta, retomaron su rally brioso. Powell admitió que la baja de tasas es un tópico ya en la discusión de políticas. El jefe de operaciones, el presidente de la Fed de Nueva York, John Williams, lo relativizó. Se debate, pero no está en los planes de acción de corto plazo. Un tercero, su par de Chicago, Austan Goolsbee, relativizó lo anterior. Cuando la economía desacelera, y la tasa de desempleo trepa, suele encaramarse muy rápido y hay que responder de igual manera.

“La Fed tiene un problema real de comunicación”, sentencia Mohammed El-Erian, un experto consultor y crítico inveterado de la conducción de Powell desde los tiempos en que se durmió al timón en 2021. No se sabe con precisión qué es lo que la Fed hará. Pero no porque falle la comunicación. Sus funcionarios también lo desconocen. La mediana arroja tres bajas de tasas. Pero cinco ejecutivos prefieren que sean dos y cuatro optan por cuatro. Los mercados, ya se dijo, apuestan por seis, pero a sabiendas de la aritmética oficial y no porque se les haya informado mal. Lo hacen por su cuenta y riesgo. Y conste que ya se quemaron con leche. La suba de las tasas largas, de mayo a octubre, los tomó a contramano de sus pronósticos y los hizo perder fortunas. Sin embargo, vuelven a ver una vaca mansa y no lloran. Temen quedarse afuera, lo que sería aún peor. Su frenesí relaja las condiciones monetarias antes que la Fed intervenga. En una encuesta de managers de portafolio, 43% piensa que las tasas de diez años (que ya bajaron más de un punto desde los máximos) seguirán cayendo. Los futuros de tasa en Chicago señalan una probabilidad de 83% de que Powell inicie el recorte de tasas en marzo. Con mercados así, la Fed puede esperar mucho más tiempo. El consumo se recalentó en el tercer trimestre y se enfrió de golpe en octubre. Y como Goolsbee señaló, hay que estar atentos. Pero resucitó saludable en noviembre (y más todavía, su fuente de alimentación, el ingreso disponible). Será la hora de hablar de baja de tasas, pero, como dice Williams, no hay razones para ejecutarla. Wall Street que no percibe el vértigo mientras acaricia los récords está de acuerdo. Tampoco ve razones, vale decir, para cancelar su ascenso.

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