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La insoportable levedad de los economistas "duros"

TODOS ELLOS SON O BIEN MIEMBROS O BIEN AFINES AL PARTIDO LIBERTARIO - Este grupo, en el rol de "justiciero" que se ha autoimpuesto, busca impregnar la ciencia económica de contenido religioso y moralizante.

En un reportaje en “La Nación” de ayer el respetable economista Fausto Spotorno lanzó una serie de conceptos económicos que valen como buena muestra de lo que piensa un amplio abanico de economistas que bailaron y cantaron en la ceremonia de lanzamiento de la campaña de Espert 2019. Vale la pena mencionarlos porque no son pocos. Entre ellos, en orden aleatorio aparecen los valorables Guillermo Nielsen, Diego Giacomini, Iván Carrino, Miguel Boggiano, Manuel Adorni, Javier Milei, Agustín Etchebarne, Martín Krause, Gustavo Lazzari, y muchos más. Como se ve no son pocos, sino un verdadero ejército de gente muy capacitada. Entre todos ocupan una enorme cantidad de espacio en los medios de comunicación, postulan todos ellos ideas tan similares como lo son los gemelos, y todos ellos son o bien miembros o bien afines al Partido Libertario, partido generado a imagen y semejanza del pensador austríaco Friedrich Hayek, quien postulaba que las emisiones monetarias de los bancos privados debían reemplazar a la de los bancos centrales de manera tal que las monedas emitidas por dichos bancos privados debían competir entre sí en una suerte de darwinismo financiero.

Colorido pensamiento: podríamos imaginarnos una Argentina que, además de todos los problemas económicos que tiene, encima tuviera que soportar una proliferación de billetes diferentes emitidos por distintos bancos flotando desordenadamente entre sí a diversas paridades, siendo aceptados o rechazados con diferentes premios y descuentos por los supermercados, que deberían poseer una cartelera de cotizaciones de monedas al estilo de las casas de cambio en sus cajas.

Vayamos ahora a los conceptos vertidos en el final de la nota porque son claves. Resumen el grueso del pensamiento en esta especie de cofradía de economistas encolumnados tras la candidatura de José Luis Espert y el Partido Libertario. Y permiten un análisis y una crítica de ese pensamiento. Veamos lo expresado textualmente por Spotorno: “El problema que hace que la economía no crezca es el elevado gasto público... Hay que hacer reformas que son muy poco vendibles políticamente: reforma laboral profunda... reemplazar la indemnización por despido por otro esquema y terminar con la litigiosidad; reforma tributaria que piense impuestos compatibles con el crecimiento económico y simplifique el sistema, reforma del sector externo, que flexibilice el Mercosur, reforma previsional que flexibilice la jubilación, y la reforma del Estado que haga un exhaustivo recorte de gastos”. ¿Qué dijo entonces Spotorno? En buen romance, que hay que bajar el gasto público y los impuestos, que hay que bajar los salarios, las indemnizaciones por despido y las jubilaciones, y que para ganar competitividad con otros países hay que flexibilizar el Mercosur.

Tiene mucha razón Spotorno cuando dice que estas reformas son muy poco vendibles políticamente. Y es que ni el partido de Macri, ni el peronismo federal, ni el kirchnerismo, ni el massismo, ni la izquierda tienen en su agenda estas ideas del Partido Libertario que en las encuestas marcha con el 1,5% de los votos, pero cuenta con vastísima presencia en los medios de comunicación con amplísima y abrumadora cobertura en todos los medios gráficos y audiovisuales de importancia, en muchos de los cuales es un “niño mimado” a pesar de que las ideas de Hayek -por cierto originales y problemáticas- jamás fueron aplicadas en ningún lugar del mundo en el pasado moderno y seguramente tampoco lo serán en el futuro.

¿Qué es lo más llamativo de este temario temerario establecido por Spotorno? Que en éste ni se nombra siquiera el tipo de cambio. Es como si el mismo o bien no importara o bien viniera dado y fuera inmutable. Y la realidad es que no es así. El tipo de cambio importa -y mucho- y es falso que los gobiernos no puedan influir sobre él, como lo demuestran infinidad de casos en una enorme lista de países. El tipo de cambio es importante y su importancia es de magnitud tal que si tiene -para el caso argentino- un nivel alto o muy alto, se minimiza la urgencia e importancia, e incluso puede anularse, la necesidad de bajar el gasto público nominal, bajar las jubilaciones y el salario (hablar de flexibilizarlos es un eufemismo hipócrita que muestra que ni siquiera quienes lo proponen se atreven a mencionarlo), bajar las indemnizaciones por despido, forzar a que los impuestos fomenten el crecimiento castigando sobre todo a los asalariados y flexibilizar el Mercosur. El tipo de cambio real alto puede hacer que la economía tenga suficiente competitividad para exportar a todo el mundo y no sólo el Mercosur. El tipo de cambio cumple muchas funciones, y la principal es precisamente simplificar los ajustes en salarios, jubilaciones, indemnizaciones y gasto público que de otra manera serían imposibles políticamente de tomar. Para eso existe el tipo de cambio, entre otras cosas. Esa es su funcionalidad principal. ¿Por qué este grupo de economistas encabezados por el buen economista que es José Luis Espert pregona incansablemente la necesidad de hacer todas estas costosísimas reformas en vez de señalar la necesidad de un tipo de cambio real alto? Es difícil saberlo, pero se puede conjeturar que a este grupo de economistas le gustaría “que corra sangre”. Que los ajustes sean cruentos. Que cada grupo y sector económico paguen por sus “pecados”. Es como si subyaciera un pensamiento religioso en esta especie de “secta” -peligrosa secta- que pulula en todos los medios de comunicación de importancia. Y es que si se peca hay que pagar. “No hay almuerzo gratis”, decía Milton Friedman, quien sin embargo nunca adscribió a las estrambóticas ideas hayekianas. Y ese concepto de que hay que pagar por los pecados parece campear en el pensamiento de estos economistas. La otra variable ausente de este discurso es la tasa de interés. Sorprendentemente no hay crítica alguna al hecho de que la tasa de interés en término de dólares sea tres, cuatro o cinco por ciento mensual en dólares en su variante de tasa pasiva o cerca de diez por ciento mensual en dólares la aplicable a los créditos. Esa tasa mayoritariamente es pagada por el Estado y significa más déficit estatal, entrada de capitales especulativos o “golondrina” y posterior caos en su salida en forma de estampida. ¿Por qué estos economistas no dan la misma importancia en su discurso a este factor? ¿Por qué se habla poco de la imperiosa necesidad de mantener tasas de interés reales bien bajas? Además, éstas serían compatibles con un tipo de cambio real alto, haciendo consistente, y promoviendo el crecimiento en Argentina, aún cuando las “eternas” reformas “de fondo” que siempre se mencionan y jamás se harán puedan soslayarse. Pues -hay que repetirlo- porque este grupo de economistas en el rol de “justiciero” que se ha autoimpuesto, busca impregnar la ciencia económica de contenido religioso y moralizante. Por lo tanto, una política monetaria “dura”, caracterizada por altas tasas de interés “hace doler” a quien gasta y no ahorra, a quien vive del crédito y del dinero “ajeno”, e impone orden como si todos fuéramos alumnitos de primer grado de escuela primaria. Es por eso que varios de esos economistas suelen emparentar el discurso económico con “la ética del respeto irrestricto por el proyecto de vida del prójimo”. Como si -insólitamente- tuvieran algo que ver. Como se ve, se coloca la Biblia al lado del calefón. La religión -o su reemplazante, la ética-, al lado de la economía y la cuenta del gas. Hayek y Rothbard concluyen en… Baruch Spinoza (Deus sive Natura). Quienes aquí los postulan no lo saben… ¿Cuánto tiempo más Argentina deberá padecer una sobredosis de un ejército de economistas que hablan todos igual y dicen las mismas necedades? Es difícil saberlo. Pero es difícil que las cosas puedan mejorar en serio si el sano debate de ideas es obturado por un grupo, una secta, formada individualmente por economistas muy valorables que obstruye el intercambio de ideas infiltrándose y copando los medios con un discurso casi religioso.

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Walter Graziano y Asociados

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