La Reserva Federal aprieta, pero no quiere ahorcar. ¿La Bolsa vuelve a la carga?

Economía

La Fed apretará más, y por más tiempo. Lo sentenció Jay Powell en Jackson Hole. Pasó una semana, y el gran jefe repitió el mensaje como un calco en el Instituto Cato. La lucha contra la inflación -la tarea de bajarla hasta la meta de 2% anual- es la prioridad. Loretta Mester, quien maneja la Fed de Cleveland, fue otra voz oficial que reiteró la retórica. Para el año próximo, o antes, la tasa corta se empinará por encima de 4%; y permanecerá elevada por largo tiempo. No habrá recortes en 2023, dijo la funcionaria. Wall Street creía que sí y creía en un rally de anticipación. Tuvo que cancelar ambas convicciones, y alinearse. La inflación no llegará a 2% antes de 2024, aseguró Mester. No es negocio pelearse con la Fed. Y tampoco abortar un avance vertiginoso en pleno mercado bajista, pero no hubo más remedio.

En un contexto bear, nadie piensa en el lujo de dar un paso al costado y mirar la realidad desde un palco hasta que aclare. No, la lógica en la tierra de osos es matar o morir. Si la ascensión se frustra de golpe, lo que viene es el alud -el golpe inverso- y trascartón una visita a los mínimos recientes, y su puesta a prueba. ¿De dónde surgió entonces esta resurrección de la Bolsa, que se insinuó el miércoles y remató la semana con fuerza, quebrando una sucesión de tres al rojo vivo? El alza no fue una anécdota. Los once sectores del S&P 500 cerraron el viernes en positivo. En el NYSE, los papeles en suba excedieron a los declinantes en relación 5 a 1. El S&P500 trepó 1,5% y el Nasdaq, 2%. Y, en la semana, 3,8% y 4,2%, respectivamente. Ambos volvieron a superar la media de 50 ruedas, un nivel crítico cuesta abajo. ¿Es que esta gente nunca aprende? ¿Habrá que volver a revolear el látigo?

Euforia no existe. El sentimiento bullish se detecta en apenas 18% de los inversores minoristas, un menor umbral que cuando atacó la pandemia. Se registran salidas importantes de los fondos comunes y ETF dedicados a las acciones. ¿Qué parte del discurso de Powell no se comprendió? Ninguna. Los futuros de fed funds descuentan como escenario favorito una suba de 75 puntos base en la próxima reunión del 20 y 21 (con un 91% de probabilidad). Se sabe que la Fed jugará con los tapones de punta. Y no es ella únicamente. El BCE aumentó sus tasas también en 75 pbs, que pareciera el nuevo calibre preferido por la banca central. ¿De dónde brotó entonces esta recuperación imprevista? El rally fallido de junio nació de un exceso extremo de pesimismo -una capitulación virtual expuesta en la encuesta que hace BoFA entre los managers de portafolios profesionales- a modo de reacción “contrarian”. El cierre de posiciones cortas después le daría impulso sostenido. ¿Se repite la historia? En apariencia, sí. El liderazgo partió de los papeles más vendidos en descubierto. Pero la Fed tuvo algo que ver. La número dos de la institución, Gael Brainard, confirmó que se hará lo que es debido, pero a la par expuso los riesgos de ir más lejos de lo necesario. La Fed va a apretar más, apostrofó Powell en Jackson Hole. Pero no va a apretar de más, añadió Brainard, citando el peligro de un sobreajuste. Fue decirlo y dar vuelta la taba. ¿Piedra libre para retomar el rally? Es obvio que no es la intención. Pero Brainard habló cuando las tasas largas estaban perforando el rango de 2,75%-3,25% que el bono de diez años del Tesoro preserva desde abril. ¿Una acotación deliberada o pura coincidencia? No es la inflación lo que aguijonea a las tasas largas sino las señales de una economía tenaz que se retoba contra la recesión. A la fortaleza del mercado laboral y la resurrección de la confianza del consumidor, ahora se sumó una lectura de actividad -a través del informe ISM- que niega la debilidad que trasuntan otras mediciones (a cargo de S&P Global).

¿Quiso Brainard echar paños fríos ya sobre una posible sobrerreacción? Las tasas largas cumplen con su trabajo: enfriaron el boom inmobiliario con celeridad. Y la Fed luce conforme con su nivel. Caso contrario, Powell hubiera agitado la reducción del balance de la institución. Más aun, la inflación de julio se clavó en cero en el mes, y la de agosto quizás sea negativa. Si la Fed no quiere excederse, ¿se abre un resquicio que puede aprovechar la Bolsa? Se diría que no, y que no lo intente, pero su instinto manda. Desde ya, mejor explorar el potencial de avance que revisitar los mínimos. Pero será preferible trepar poco que mucho y no obligar a la Fed a blandir el látigo. Si la inflación de agosto es una brizna, la Bolsa tendrá que morderse los codos para no entusiasmarse. Se sabe que Wall Street no va a esperar que la inflación baje a 2%, pero ya está advertida que no debe cantar victoria con tanta antelación. No, con la Fed todavía en quirófano.

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