“Las plataformas nunca saben qué serie será un éxito, siempre hay sorpresas. Creo que en el afán de estrenar y darle al espectador novedades porque paga todos los meses, hay mucho contenido de mala calidad que antes no nos llegaba. Bajó la vara...”, dice Mariano Hueter, autor y director que en los últimos años ha desarrollado series para Disney+, Netflix, Amazon, Flow, Star+, Viacom y MGM, entre otros. Realizó su primera miniserie con apenas 21 años y no dejó de generar contenidos que fueron vendidos en la Argentina, México Colombia, Uruguay y Estados Unidos, entre ellas, “El mundo de Mateo”, “Inconveniencia”, “El legado” y “El grito de las mariposas”.
“Con un dólar a 500 pesos tendríamos que hacer el triple de producciones, cosa que no ocurre por la inestabilidad del país, las plataformas buscan reglas claras...”, explica Hueter, quien trabaja junto con Kwarzo de Martín Kweller para rodar en agosto “El sabor del silencio”, como autor y showrunner. La serie para Flow gira en torno de un chef que comete un crimen en un restoran boutique al que asisten comensales poderosos. También será productor artístico del film que dirigirá Gabriel Nesci (“Días de vinilo”, “Leyendas”), para Amazon. Dialogamos con Hueter sobre cómo las plataformas revolucionaron la industria audiovisual.
Periodista: ¿Cómo se transformó el mundo de la ficción en el último tiempo?
Mariano Hueter: Los cambios en los últimos diez años no se comparan con lo que pasó en la historia del cine en los últimos cien. Cambió la manera de ver, dónde ver, la forma en que funciona el negocio, saber cómo reacciona y se maneja el espectador, la forma de producción de los estudios. Hubo un giro de 180 grados, mientras entre 1930 hasta 2000 los avances tuvieron que ver con el sonido, el color, las multisalas, la distribución, el 4D, pero a lo que voy es que no fueron cambios tan grandes como en los últimos años. Lo mismo ocurre en la TV tradicional, donde ya no existe la ficción. Las reglas del juego cambiaron y el espectador tiene el control. El efecto bola de nieve en el universo de la ficción nos obligó a cambiar y repensar bien qué contar y cómo.
P.: ¿En qué se basan las plataformas para dar luz verde a una serie?
M.H.: Ni aunque los productores de “Dark” hagan una serie profunda y nueva con todos los avales, si no alcanza el ROI (retornos de inversión), si los números no son los esperados y el público no responde, no renuevan la temporada. Hay números macro que tienen que ver con cuánto ingreso se genera. Las plataformas tienen un objetivo claro y es renovar mensualmente el abono de sus clientes, evitar que se bajen y atraer nuevos. Para eso hay proyectos, series y películas que ayudan, algunas mantienen, otras potencian, y las que no cumplen con esa expectativa se levantan. Ese parámetro es fundamental.
P.: ¿Las plataformas saben exactamente lo que el público busca?
M.H.: No, y la prueba está en que los grandes éxitos han sido siempre proyectos en los que no se había apostado fuerte: “Stranger things” revolucionó sin ser una serie en la que hayan puesto tanto dinero; “La casa de papel” fue un hit a nivel hispano cuando había sido un fracaso en la TV española; “Dark” llegó sin ser “House of cards”, era una serie alemana por la que nadie apostaba mucho. Y lo mismo pasa con todas. O la de Fito, hubo muchas biopics de cantantes y no creo que hayan imaginado que iba a funcionar por sobre Luis Miguel, y sin embargo siempre hay sorpresas.
P.: ¿Qué diferencia hay entre producir para las diferentes compañías como Disney o Netflix, entre otras?
M.H.: Cada proyecto y cada plataforma es un mundo porque se manejan de manera distinta según sea regional, local o para el mundo. Tampoco es lo mismo si es una adquisición de lata, un desarrollo de libro o un contenido original. Cada una de estas compañías son tan grandes que es un universo que depende de quién te toca y cómo llegó a tener luz verde y ahí se dan las condiciones. Las plataformas se manejan más como agencias de marketing con el ojo puesto en el producto, la imagen, el lanzamiento y después para lo que es contenido dan mucha libertad. Hay un mito de que en el rodaje hay un productor controlando, no es así, producen tanto al mismo tiempo que no es posible estar presentes. Son grandes jugadores pero los autores, directores y productores son dueños del contenido.
P.: ¿Qué puede decir del nivel de los contenidos en las plataformas?
M.H.: Hay más contenido pero cuesta encontrar series que te vuelen la cabeza, que te dejen pensando. Hay algunas que además de interesantes son prestigiosas pero hay mucha pavada y tiene que ver con lo masivo de las plataformas. Cuando algo es tan masivo es difícil que tenga nivel. A diferencia del cine, las series no hacen recorrido de festivales y premiación; en su origen tienden a buscar lo popular, entonces es difícil encontrar material que invite a la reflexión y al mismo tiempo sea atrapante y bueno. Hay más temas interesantes que bien ejecutados.
P.: ¿Cómo son los públicos en los diferentes países y regiones?
M.H.: Siento que se nota mucho la educación del espectador cuando elige qué contenido ver. No es lo mismo Colombia, México, Argentina, EE.UU. o Europa. Cuando viajo encuentro series con un nivel de complejidad o realidad social que en un país pega fuerte y en otro pasa inadvertido. El argentino tiene la ilusión de ponerse a ver algo para distraerse, no pensar tanto, alegrarse, y eso tiene que ver con nuestra realidad, por eso pegan bien las comedias y series livianas y quizá no los dramas rebuscados o thrillers psicológicos. El espectro de audiencia tiene que tiene que ver con cada sociedad. En la Argentina somos un público nostálgico, por eso están todos felices viendo la serie de Fito y escuchando la música de la adolescencia. Cuando aparecen historias con personajes emblemáticos del pasado pegan, en cambio en otras sociedades son más de mirar para el futuro.
P.: La Argentina dejó de ser set de filmación, ¿cómo lo explica?
M.H.: Como hay talento e ideas se filma bastante, pero con un dólar a 500 pesos tendríamos que hacer el triple de producciones, inclusive brindar servicios de producción donde se vengan a filmar series mexicanas o europeas con escenarios naturales, pero se inclinan por Uruguay o Colombia. Nos perdemos a la industria que más creció en los últimos seis años, es un despropósito, y ocurre por la falta de claridad en las reglas del juego. Argentina no brinda facilidades para filmar, es políticamente inestable y, sin ir más lejos, Colombia o México desde 2004 respetaron las mismas políticas audiovisuales sin cambiarlas con los gobiernos. Así son los dos países donde más se filma en Latinoamérica. Venga el gobierno que venga, tenés devolución de IVA, incentivos fiscales y un cambio estable. Cuando una plataforma piensa en invertir a largo plazo busca prever si podrá retirar divisas al tipo de cambio para contabilizar ganancias, pero aquí no se sabe si en un par de meses todo cambia. Es una pena porque nos perdemos de un trabajo en blanco, con avance tecnológico de calidad, con pago a niveles internacionales, que da entrada en dólares, es decir por todos lados maravilloso para potenciar, pero acá no se logra por la inestabilidad.
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