9 de abril 2022 - 00:00

Experiencia Off Road, por una Catamarca insospechada

Un viaje de bautismo en camioneta que nos permitió descubrir una faceta desconocida de la provincia. Un concepto de turismo diferente, ideal para disfrutar en pareja o con la familia.

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Nada como encarar una aventura. El viaje comienza ni bien uno elige el destino. Luego, inmediatamente, pensar en el clima, en el equipaje, en el recorrido. Todo se multiplicó cuando decidimos encarar este primer viaje Off Road. Y hacerlo en esta etapa +50 implicó pensar también en las exigencias que podían presentarse.

Finalmente, el día 1 nos subimos a la camioneta y encaramos por primera vez un viaje que comenzó en la Provincia de Buenos Aires hasta llegar a Catamarca, pasando por Santa Fe y Córdoba. Todo fue más sencillo desde el comienzo en manos de Norberto Nicola, emprendedor de @tutravesia4x4, quien subió a bordo todo lo necesario: equipaje frío/calor, equipo para encarar las actividades al aire libre, una carpa para meriendas, picadas y asados, termos de todos los tamaños, dulces por mayor, cargadores y cámaras. Indispensables dos herramientas que se sumaron al final: un dron y un tubo de oxigeno. Menos mal que inmediatamente aclaró que era por si acaso…

El punto de encuentro de todas las camionetas que participaron de la travesía fue Andalgalá. Nosotros, antes de llegar, hicimos una parada técnica en Capilla del Monte para visitar el vivero @tierradecactus. De lejos, a lo largo del camino, también vimos las Salinas Grandes de Córdoba. Increíble cómo cambia la geografía a medida que uno pasa de una provincia a la otra, atravesando las rutas argentinas. En el horizonte comenzamos a disfrutar del cordón montañoso catamarqueño, mucho más árido y desértico que el anterior.

Durante la primera cena conocimos a los más de 20 compañeros de viaje con quienes compartiríamos toda una semana el descubrimiento de una Catamarca profunda. El grupo, entusiasta, estaba conformado por matrimonios, cada uno en su camioneta 4x4 y todos superando los 50 años. Una hubiera imaginado que el turismo Off Road era para jóvenes competitivos y facheros. Nosotros, lejos de buscar la vorágine de la velocidad, nos encontramos con una propuesta totalmente diferente a lo conocido. Viajar en 4x4 es un camino de ida donde las sensaciones y el contacto con la naturaleza son difíciles de olvidar. Pero a eso se suma la aventura de recorrer caminos escondidos a miles de metros de altura, entre montañas y ríos, sin nada más que una naturaleza indómita alrededor.

“El objetivo de este viaje, dijo Norberto Nicola, no es vencer obstáculos ni disputar entre uno y otro una carrera para ver quién llega más rápido o más lejos. Vinimos a disfrutar de paisajes a los cuales es imposible llegar con un auto común. No vamos a desafiar la montaña ni a correr riesgos innecesarios. Venimos a conocer un lugar maravilloso y a aprender a utilizar al máximo las posibilidades que nos da un vehículo 4x4, que va mucho más allá de la forma en la que lo usamos habitualmente”.

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Precipicios y trekking de altura

Tras una primera noche reparadora en el Hotel Santa Rita de Andalgalá, donde comenzamos a conectarnos con la historia de la familia Yampa, encaramos a la mañana siguiente por la RN 60 un recorrido por el Cañón del Vis Vis, ubicado entre esa ciudad y Belén. Fue un primer encuentro con el interior. Las montañas de la precordillera se comieron el horizonte, bajo el sol cambiaban de colores hasta fundirse en la neblina que levanta el viento. De azul y rojizo, el corredor iba tomando el color verde aceituna y aparecieron los kilómetros de olivares. La ruta, hasta adentrarse en el cañadón fueron cardones que se elevan a alturas insospechadas mientras nos regalaban sus flores y sus frutos, muchas tuscas y algarrobos, chañares y jarillas.

Después del impactante almuerzo en el cañón, iniciamos el ascenso por la Cuesta de Capillitas, una subida de 55 km que sólo apreciamos en parte. Fuimos acompañados por Serrat, Serú Girán, el polaco Goyeneche y Sergio Denis, entre otros. Música de nuestros tiempos, para describirla mejor.

La primera caminata al cañón de Vis Vis adelantó la belleza insospechada que recorreríamos al día siguiente, cuando partimos rumbo al Refugio del Minero, un hotel en medio de la nada que construyó Don Miguel Yampa y hoy administra su hija Jackie.

La cuesta hasta los casi 3200 ms.n.m. la subimos de noche, pero cuando salió fuerte el sol del día siguiente, todos se asombraron de los ascensos pronunciados y angostos que hicieron a oscuras la noche anterior. Llegar haciendo trekking a la Mina Santa Rita, una de las más importantes de rodocrosita del país- considerada la piedra nacional- fue un desafío. Arriba el silencio. Los pájaros y las historias de mineros que nos contó Marcos, el guía, a lo largo del camino. Creímos ser los únicos “outroaders”, pero en el camino nos encontramos con varias travesías. La opción de recorrer las provincias argentinas en 4x4 explotó con la pandemia. Cada uno va en su auto y el contacto con los otros es al aire libre en sitios insospechados. Las hacen con o sin niños, parejas adultas, jóvenes, amigos y hasta con mascotas.

Tras el desayuno con tortas fritas que nos preparó Doña Carlota en la Hostería Municipal de Villa Vil, subimos la montaña para recorrer la vera del río Pedregal hasta los Castillos de Villa Vil. Nos acompañó Sandra, una de las 4 guías del pueblo, autodidacta e incansable como el grupo, que intentó en vano llevarse una porción de la belleza del paisaje con fotos y videos.

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Entre música y vicuñas

Tomamos varias veces en el camino la increíble Ruta 40 y por la 43 llegamos al comienzo de uno de los lugares más increíbles de esta Catamarca realmente secreta por la escabrosa Cuesta de Randolfo hasta El Peñón, rumbo al Campo de Piedra Pómez. La altura de 4.200 m se hizo sentir y varios nos apunamos un poco. Le pusimos música en la camioneta de Fernando, dulces y un poco de hojas de coca en un hueco de la mejilla y nos deleitamos entre las rocas y el precipicio escuchando John Digweed y Dixon -pura electrónica aunque todos piensen que eso es para más pibes.

Creo que nadie sintió miedo sino adrenalina a full. Hubo maniobras en varias curvas, un poco de tensión por lo escabroso de la ruta e hizo frío hasta que finalmente bajamos a un valle donde las vicuñas silvestres corrían en manada a derecha e izquierda.

Las 75 hectáreas del Campo de Piedra Pómez estaban a pleno de gente. Sin embargo, la increíble postal de Antofagasta -considerada una de las 7 maravillas de nuestro país con sus inmensas olas petrificadas- nos regaló una noción inolvidable de la dimensión de la puna.

Fiambalá nos recibió con sus teleras, sus quesos de cabra, los dulces regionales. Hubo empanadas con papa y guisos de trigo, tamales y humitas por mayor a lo largo del todo el viaje. Graciela Alce, secretaria de Turismo de la localidad, nos recibió para comentarnos que esta año fue récord de turismo y que está realizando un esfuerzo por recuperar la cultura diaguita y mejorar el servicio en general. Pasamos por el Museo del Hombre, donde dos momias centenarias de niños nos arrancaron una lágrima.

Y pasadas las primeras 6 noches, la última parada fueron las Termas de Fiambalá para relajar y emprender, al séptimo día, el regreso a casa.

Seguramente este resumen de uno de los mejores viajes de mi vida no le haga justicia al recorrido. Sumergirse en nuestra tierra, conocer su gente, caminar las callecitas de sus pueblos con apenas 50 habitantes, transitar rutas construidas a mano, acariciar esas alturas habitadas por el viento y el sol, reconocer el aroma de los yuyos y descubrir las flores diminutas escondidas en pleno monte fue apenas una pequeña porción de lo que se pudo definir con palabras.

El día que Catamarca despierte en su entera dimensión será una estrella invaluable en la Vía Láctea del turismo nacional. Descubrirla así, a bordo de un todo terreno o de a pie, le agregó un cúmulo de sensaciones que sólo fueron el principio. Anduvimos más de 4.000 km desde casa, sin incidentes pero con la sensación de haber superado la prueba.

Volver a mirar esas fotos y videos, intentar recuperar el aliento, y describir cada paso de la ruta son apenas pequeños pasos en esta obsesión nueva que es pensar en volver y volver.

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