Con dos locales en la ciudad, Furore propone una interpretación propia de la pizza napoletana, entre técnicas italianas, masas de larga fermentación y combinaciones que se animan a salir de las recetas tradicionales. Su nueva sucursal de Palermo suma una terraza con espíritu de pequeña Nápoles.
Furore propone pizza napoletana con masas de larga fermentación y combinaciones innovadoras.
La pizza napoletana tiene una nueva escala en Buenos Aires con una propuesta que combina técnica italiana, fermentaciones prolongadas y recetas menos habituales. Se trata de Furore, una pizzería creada por los pizzeros Ezequiel Ortigoza y Damián Mármol, que apuesta por masas de alta hidratación, hornos de piedra volcánica italiana y una carta que reúne clásicos y creaciones propias.
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La fachada de Furore en Esmeralda 451, Microcentro; y Honduras 4000, Palermo.
Lo que comenzó como un servicio de catering y pizza party llegó a su primer local en 2022, junto al Teatro Maipo, y a una segunda sucursal en agosto de 2026, en Palermo, junto a Lucas Agustín Fermoselle, quien se incorporó como socio. Los espacios tienen personalidades diferentes: el primero conserva una estética de madera, ladrillos a la vista y referencias a la cultura italiana; el segundo suma una cocina abierta y una terraza cubierta ambientada como una pequeña Nápoles, con un mural y un busto de Pulcinella, banderines e imágenes de Diego Maradona y del club Napoli.
Damián Mármol, uno de los creadores de la pizza de Furore.
Detrás de Furore hay dos pizzeros con recorrido en competencias nacionales e internacionales. Ezequiel Ortigoza creció entre pizzas: su padre es maestro pizzero de El Cuartito desde hace más de cuatro décadas y él comenzó a trabajar allí durante su adolescencia. Luego pasó por Guerrín y se formó en APYCE. En 2018 obtuvo el primer puesto mundial en pizza freestyle en Las Vegas y el segundo en pizza napolitana tradicional STG en Parma. Damián Mármol, por su parte, consiguió el primer puesto nacional en Pizza Italiana en 2022 y el subcampeonato mundial de pizza napolitana en Rímini, en 2026. Ambos están certificados por la Asociación de Pizzeros Napolitanos de Italia y suman distintos reconocimientos a su trayectoria.
Maradona, presente en Furore.
Buena parte de la identidad de la casa está en la masa: con un 80% de hidratación y 48 horas de fermentación, llega a la mesa liviana, con un cornicione alto y aireado. La cocción, a unos 400 °C en hornos de piedra volcánica italiana, lleva apenas un minuto. La carta propone empezar con unas albóndigas al pomodoro o la Fainá con Cubierta, que combina rúcula, stracciatella, pesto artesanal y tomates cherry, antes de pasar a las pizzas. Hay clásicos como Margherita, Prosciutto Cotto y Diavola, así como variedades que se apartan de lo habitual: la de Papa y Romero combina crema de leche, papa asada, mozzarella fior di latte y romero fresco; Mortadella y Pistacchio suma crema de pistacho, mortadela italiana, stracciatella y granola de pistacho; y Prosciutto y Rúcula reúne pomodoro italiana y stracciatella.
Tragos y pizzas en Furore.
Para quienes buscan sabores menos convencionales, aparecen opciones como Frutti di Mare, con crema de tinta de calamar, mejillones y langostinos, o la de Morcilla y Roquefort, que combina crema artesanal de morcilla, mozzarella fior di latte, queso azul y granola de nueces. La Carbonara y la Canneloni de la Nonna, esta última con el borde relleno de ricota, crema, mozzarella, espinaca y parmesano, completan el repertorio de pizzas de autor.
El salón de Furore en Palermo.
El cierre puede ir por el lado de los clásicos italianos, con cannoli, tiramisú o panna cotta, o por una pizza dulce de Nutella con nueces. Para acompañar, hay vinos, cerveza italiana Peroni y cócteles como Negroni, Aperol Spritz, vermut y Gin Tonic.
El tiramisú en Furore.
Con dos locales en distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires, Furore cruza la tradición pizzera napoletana con una mirada propia. La técnica está presente en cada etapa, pero también hay lugar para jugar con ingredientes y combinaciones, sin perder de vista lo que importa: una buena pizza para compartir.