Escapada desde Buenos Aires: cinco pueblitos para enamorarse

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Carlos Keen (Luján), Azcuénaga (San Andrés de Giles), Uribelarrea (Cañuelas); Saldungaray (Tornquist) forman parte de un programa que fomenta el turismo comunitario, y que tiene como objetivo poner en valor el patrimonio natural, cultural, social, arquitectónico y gastronómico de esos pueblos.

En la provincia de Buenos Aires hay pequeñas localidades no urbanas que han sido relegadas con el paso del tiempo, a partir de que el ferrocarril dejó de pasar por esos poblados. Algunas de ellas lograron reinventarse y hoy trabajan para fomentar la actividad turística. Carlos Keen (Luján), Azcuénaga (San Andrés de Giles), Uribelarrea (Cañuelas); Saldungaray (Tornquist) forman parte de un programa que fomenta el turismo comunitario, y que tiene como objetivo poner en valor el patrimonio natural, cultural, social, arquitectónico y gastronómico de esos pueblos.

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La mejor forma de conocer estos lugares es disponer de tiempo suficiente para caminar las calles de tierra, escuchar historias apasionantes en cada esquina, descubrir lugares que datan de fines del siglo XIX y aún conservan su arquitectura originaria; dormir en precarios establecimientos o alojarse en zonas con mayor infraestructura pero que mantienen la esencia de pueblo.

  • Azcuénaga

Azcuénaga es la piedra fundamental del modelo de turismo comunitario con 10 años de un intenso trabajo. El movimiento en la zona empezó a partir de que las fiestas populares locales dejaron de ser para unos pocos y se convirtieron en grandes eventos para toda la comunidad y para el turismo. Hoy, San Andrés de Giles, ubicado a 100 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, cuenta con más de 30 emprendimientos, cerca de 2.500 cubiertos y 120 camas disponibles. Al recorrerlo, lo primero que llama la atención son las fachadas de sus casas, varias de ellas construidas a fines del siglo XIX por albañiles de origen italiano. La mayoría tiene rejas de hierro en sus ventanas, realizadas por los primeros herreros que tuvo el pueblo. Muchas poseen amplios sótanos donde se guardaban los vinos «pateros» y chacinados de cerdo elaborados en las carneadas que aún hoy se realizan en otoño-invierno.

Entre las perlitas que vale la pena conocer en el pueblo se destacan la panadería artesanal, ubicada frente al club Apolo, donde se fabrican galletas de campo y pan en horno a leña. Se dice que no hay como las tortas negras de Azcuénaga, y a juzgar por su sabor vale la pena averiguar de qué se trata.

Otro imperdible es el molino de la cooperativa eléctrica. Tiene una estructura metálica de características únicas, es similar a una pérgola en altura donde la familia propietaria de la casa, de origen francés, subía por las tardes a tomar el té y a degustar los vinos que elaboraban artesanalmente. El edificio que ocupa la cooperativa también merece ser observado, por mantener su fachada original, que data del año 1888.

También se pueden visitar la estación Azcuénaga y sus zonas aledañas; el mural en adobe; el edificio Antigua Casa Terrén, donde funcionó uno de los primeros almacenes de ramos generales del pueblo y donde se instaló el primer teléfono de la localidad; la capilla Nuestra Señora del Rosario; el mencionado Club Recreativo Apolo y la Posta de Figueroa, cuya casona, del siglo XVIII, fue visitada por Juan Manuel de Rosas, Facundo Quiroga y José María Paz. Su recuperación potenció el atractivo turístico de la zona.

  • Carlos Keen

Cuando en 1881 se inauguró la estación de ferrocarril, ramal Luján-Pergamino, se fundó oficialmente el pueblo. Llegó a tener casi 3.000 habitantes e importantes comercios: almacenes de ramos generales, tiendas, zapaterías y ferreterías; casas especializadas en toda clase de máquinas e instrumentos agrícolas, corralones, cocherías y caballerizas para alquilar; dos escuelas primarias, tres clubes, farmacias, telefonía, registro civil, juzgado de paz, comisaría, molino harinero, herrerías, surtidores de nafta, hoteles, restoranes, pensiones, etc.

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En el año 2003 fue declarado «Poblado histórico» por la Comisión Nacional de Monumentos y Sitios Históricos. Entre los lugares para visitar se destacan el granero de la estación de Carlos Keen, capilla San Carlos de Borromeo, el Museo Rural y la antigua estafeta postal.

  • Uribelarrea

Fundado como colonia agrícola en 1889, fue polo lechero con un máximo esplendor durante las décadas del 30 y el 40, ya que llegó a contar con más de un centenar de tambos y queserías que abastecían a la Ciudad de Buenos Aires a través del Ferrocarril del Sur. «Uribe» es un poblado que conserva historia y tradición. Los imperdibles: el Museo de Máquinas y Herramientas «Padre Leopoldo Rizzi», la plaza Centenario, la iglesia Nuestra Señora de Luján, la plaza República del Líbano y las antiguas casas fundacionales.

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  • Saldungaray

Luego de la Campaña del Desierto, llegó al lugar don Pedro Saldungaray, un hombre vascofrancés que compró los terrenos sobre los cuales se hallaba el Fortín Pavón, emplazado durante la expedición de Don Juan Manuel de Rosas en 1833. Don Pedro Saldungaray donó parte de sus tierras para el trazado de la localidad. La estación Sierra de la Ventana fue inaugurada en julio de 1903, y en el año 1912 cambió su nombre por Saldungaray, en homenaje al donante de las tierras. Para visitar: el Fortín Pavón, instalado durante la expedición que Juan Manuel de Rosas realizó en 1833. Como posta militar el paraje era conocido como El Sauce.

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