Cómo salir del modo automático y emprender el cambio

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La inercia es enemiga del cambio y una de las formas de combatirla es elevar el nivel de conciencia de lo que hacemos, pensamos y sentimos.

A ver si te suena: todos los días te levantas a la misma hora, desayunas, te bañas, lees las noticias, luego los mails, en fin, llevás a cabo cientos de acciones en modo automático, por inercia, por default.

Por definición, la inercia en Física es la propiedad que tienen los cuerpos de permanecer en su estado de reposo o movimiento, o la resistencia a modificar ese estado. Como consecuencia, un cuerpo conserva su estado si no hay una fuerza actuando sobre él.

Por lo tanto, la inercia es la enemiga del cambio, porque en ella el nivel de consciencia es muy bajo, y resiste las fuerzas externas e internas que lo propician. Iniciar procesos de cambio, alcanzar nuevos objetivos, probar nuevas experiencias o procesos de aprendizaje, implica realizar algunos ajustes sobre cómo accionamos en la vida, y romper definitivamente con la inercia.

Una de las formas de cortar con ese modo automático es elevar el nivel de consciencia de lo que hacemos, pensamos y sentimos, no sólo en el aquí y ahora, sino en esos momentos en los que una acción o decisión pueden acercarte a tu objetivo o alejarte definitivamente.

Algunos consejos para estar más conscientes:

Entrenar la mente y el cuerpo para romper esas barreras que separan lo conocido de lo nuevo, lo disruptivo, lo inesperado, puede empezar con pequeñas cosas, como un aparentemente insignificante cambio de cualquier hábito cotidiano. Tiene que ser algo alcanzable pero que incomode como por ejemplo invertir los horarios de dos actividades que todos los días y hace mucho tiempo, ejecutamos de la misma forma.

Chequear emociones y pensamientos cuando se logran estos pequeños cambios. Cambiar hábitos no es algo sencillo, requiere de consciencia y de repetición. Esos pequeños cambios pueden ayudar a saborear el logro y mantener alta la motivación.

Alcanzar un logro, un objetivo merece una celebración. ¿Cuándo fue la última vez que celebraste un logro propio, por más pequeño que parezca? Me refiero a cualquier gesto, una comida, un regalo, para celebrar ese paso que diste.

Observar nuestras conversaciones privadas, los diálogos internos, es otro recurso para resignificarlos y transformarlos en conversaciones funcionales al modo consciente que se quiere sostener. Erradicar de los pensamientos propios el “no puedo”, “no lo voy a lograr”, “no tengo tiempo”, “me va a salir mal”.

Cualquier cambio, por pequeño o grande que sea, empieza en uno mismo. Es responsabilidad de quien quiere emprenderlo identificar los muros que lo resisten, y empezar a derribarlos.

(*) Coach Ontológica, consultora en Comunicación y creadora de Mundo Sisters.

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