Larraquy: "Los excombatientes en el continente merecen reconocimiento histórico"

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En "La Guerra Invisible", su nuevo libro, el historiador, periodista y guionista revela los planes británicos para atacar a la Argentina continental durante el conflicto por las Malvinas.

El 18 de mayo de 1982 una patrulla militar británica aterrizó en el territorio continental argentino. Esa misión furtiva, ejecutada por soldados de élite a bordo de un helicóptero, se llamó "Plum Duff" y fue la antesala de algo mayor: la "Operación Mikado", el plan que el Reino Unido ideó para tomar por asalto la base aeronaval de Río Grande, en Tierra del Fuego, asesinar a los pilotos argentinos y destruir los misiles Exocet y los aviones Super Étendart, las armas más modernas con las que contaba el país. Al este, en las Islas Malvinas, los ataques de la Fuerza Aérea Argentina y de la aviación de la Armada causaban estragos en una flota que se creía invencible. Aún faltaba casi un mes para el fin de la guerra.

Marcelo Larraquy es periodista, historiador y guionista. Obras de su autoría como "Primavera Sangrienta", "López Rega, el peronismo y la Triple A" y "Fuimos soldados" son imprescindibles para entender la historia contemporánea local, sobre todo la década del 70. En "La guerra invisible" (Sudamericana, 2020), su nuevo libro, Larraquy expone con precisión y ritmo atrapante los intentos de Londres por dejar fuera de combate a la Argentina continente adentro. En diálogo con ámbito, el autor repasa los puntales de su investigación y reflexiona sobre el conflicto, a casi 40 años de su desarrollo.

Periodista: ¿Cuál fue la idea disparadora de La Guerra Invisible?

Marcelo Larraquy: Enterarme que una patrulla del Ejército británico había aterrizado en el continente durante la Guerra de las Malvinas. Ese fue el hilo de la historia, el punto de partida, el momento cero para tomar la decisión de escribir el libro. Si bien yo había escrito en distintos libros sobre la guerra, y había viajado a las islas, había desdeñado la importancia que había tenido el continente en la coyuntura bélica. Pero para relatar la historia, que finalmente se convirtió en “La Guerra Invisible,” necesitaba conocer la motivación que había tenido Gran Bretaña para ordenar el envío de una patrulla militar, que vulneraba la zona de exclusión que ellos mismos habían impuesto, y abrían la guerra al continente, con todas las implicancias geopolíticas que esto suponía.

P.: ¿En qué situación se encontraba Argentina en el tablero geopolítico antes de la Guerra de Malvinas?

M.L.: En esa época Argentina era el “niño mimado” de Estados Unidos. Era el tiempo de la Guerra Fría, del enfrentamiento Este-Oeste, y Argentina, por iniciativa del jefe del Ejército y luego presidente de facto Leopoldo Galtieri, mucho más que el general Viola, que era más remiso a una política pro-norteamericana, quería que Argentina fuese el mejor aliado del hemisferio sur. Galtieri envió agentes de inteligencia a Centroamérica para capacitar militares locales para la represión ilegal, apoyó la “contra” nicaragüense… es decir, exportó la política de “guerra contra la subversión” que se había ejecutado en la Argentina, a Centroamérica. Y este tipo de acciones complacían al Pentágono.

P.: ¿Por qué la dictadura subestimó la reacción militar británica? ¿Qué fundamentos tuvo para hacerlo?

M.L.: Después de dos viajes a Estados Unidos en 1981, Galtieri intuyó que Malvinas no tendría importancia estratégica para Gran Bretaña, y una ocupación militar argentina sobre las islas no alteraría la relación con Washington. Estados Unidos sería neutral y Gran Bretaña protestaría, impondría sanciones económicas, pero no enviaría una fuerza militar para recuperarlas. Este fue el análisis que realizó Galtieri, y también el ideólogo del 2 de abril, el almirante Jorge Isaac Anaya, jefe de la Armada. Anaya llevó la idea, que tuvo durante toda su carrera naval, y Galtieri decidió la ejecución. La dictadura militar había perdido el rumbo después de la aniquilación de la guerrilla, la crisis económica ya era evidente, y como nuevo presidente elegido por la Junta Militar, Galtieri quiso imponer una acción que cohesionara a todos los argentinos, o a casi todos los argentinos. Supongo que en toda su carrera militar jamás habría imaginado que una multitud en la Plaza de Mayo aplaudiría sus discursos, como lo habían hecho con Perón.

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P.: A lo largo de la narración remarcás la desorganización del bando argentino: ataques sin coordinación entre las fuerzas, maniobras que se suspenden, noticias que llegan por las radios comerciales. ¿A qué se debía esta situación?

M.L.: Argentina estaba preparada para ocupar las islas Malvinas pero no para una respuesta militar británica, que además contó con el apoyo de Estados Unidos, de Chile y de la OTAN. La Argentina no sólo enfrentó a Gran Bretaña en la guerra. Aún así, con la diferencia de equipamiento militar, y el déficit del material que presentaban las escuadrillas aéreas, sobre las que hice foco para la elaboración de este libro, la destreza y el heroísmo de las acciones de los pilotos y también de todos los que prestaron servicio en las bases aéreas del continente, comprometieron la victoria militar británica. No fue un paseo, como indica el título del libro del jefe de las fuerzas terrestres de ese país. Durante 25 días, después del ataque al Sheffield, el 4 de mayo, Gran Bretaña vio comprometida su victoria. Gran Bretaña necesitaba establecer la superioridad naval y aérea para poder desembarcar sus tropas. Y luego de desembarcarlas, para poder movilizarlas hacia Puerto Argentino. Y Argentina, con el único arma tecnológica equiparable al poderío británico, el Super Étendard de la Aviación Naval, y los pocos misiles Exocet con los que contaba, los obligó a modificar el escenario. El continente se convirtió en el centro de gravedad de la guerra. Es un punto que la bibliografía sobre Malvinas todavía no profundizó en su real dimensión. “La Guerra Invisible” abre el continente como teatro de guerra. Todavía hay muchos documentos clasificados, retenidos por el Ministerio de Defensa, tanto de Argentina como de Gran Bretaña. De hecho, Gran Bretaña reconoce cuatro acciones sobre el continente en sus archivos nacionales, pero no están abiertas a la consulta.

P.: ¿Qué empujó al Reino Unido a ejecutar una misión suicida como Operación Mikado?

M.L.: Su desesperación. La desesperación de su mando naval, de su gabinete de guerra, de la propia Margaret Thatcher que temía que el hundimiento de las naves de la Fuerza de Tareas tuviera como consecuencia un acuerdo de paz, por la presión de los políticos opositores y de la propia sociedad británica. Ese era el principal temor de Thatcher una vez que se desataron las acciones bélicas el 1 de mayo. Por eso, quería ganar la guerra rápido, y para ello debía eliminar al continente como amenaza. Y cuando me refiero al continente lo digo sobre todo por la base de Río Grande, en Tierra del Fuego, donde estaba alojada la escuadrilla de Super Étendard y sus misiles Exocet, aire-mar, los únicos que podían ser lanzados desde 40 kilómetros. Los sistemas de defensa de los buques británicos sólo contaban con dos minutos de margen para una reacción, desde que los detectaban en su radar hasta que impactaban sobre ellos. Por eso se decidieron dos misiones, una de exploración y/o ataque sobre la base de Río Grande, a cargo de una patrulla del Special Air Service (SAS), sobre la que yo trabajo en el libro, y la Operación Mikado, que implicaba aterrizar dos aviones Hércules en el continente y hacer descender a 60 hombres para destruir todo lo que vieran: personal, aviones, misiles… Durante casi un mes esos dos aviones estaban listos para despegar desde la isla de Ascensión.

P.: ¿Qué impacto hubiera tenido en la época la revelación de un ataque británico en la Argentina continental? ¿Se hubieran roto algunas reglas entre los beligerantes?

M.L.: El presidente norteamericano Ronald Reagan alertó a Thatcher del riesgo de una misión militar al continente, pero Thatcher desoyó su consejo y envió la patrulla militar, porque entendía que estaba en riesgo una victoria y debía actuar. Como fuera, debía actuar. No sé estrictamente qué hubiese sucedido, probablemente hubieran intervenido países latinoamericanos en defensa de Argentina, o el inicio de una guerra con Chile, que estaba a la expectativa de esa circunstancia. Quizá hubiese intervenido la Unión Soviética, que tenía submarinos en el Atlántico Sur, y también una acción más directa de la OTAN. Se hubiera ampliado el campo de batalla, con consecuencias imprevisibles. Pero hay que tener en cuenta que Argentina quería ocupar las Malvinas, pero no quería convertirse en un enemigo de Estados Unidos. Por eso no activó la ejecución del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), firmado después de la Segunda Guerra Mundial, que considera que un ataque sobre un país es un ataque contra todos los países del continente, y el resto de los países deben acudir a su defensa. Pero el tratado no se aplicó porque Estados Unidos consideraba a Argentina “país agresor”, y sobre todo porque Gran Bretaña era su aliado en la OTAN, en el marco del conflicto Este-Oeste.

P.: ¿Cuánto tuvo que ver el fracaso de Mikado en el alejamiento de Andrew Legg de la carrera militar?

M.L.: El capitán Andrew Legg, a cargo de la operación Plum Duff, de exploración y/o ataque a la base de Río Grande, que desembarcó en el continente, luego fue enjuiciado en la base del SAS en Hereford, Gales. Esto motivó que se retirara del Ejército a los 28 años. Hago un extenso relato en el libro sobre cómo esta acción influyó en su vida.

Andrew Legg
Andrew Legg fue el militar británico que estuvo a cargo de

Andrew Legg fue el militar británico que estuvo a cargo de "Plum Duff". El fracaso de esta operación significó el final de su carrera.

P.: Muchos soldados argentinos movilizados al sur durante la guerra reclaman ser reconocidos como veteranos. ¿Creés que este libro aporta información para justificar su exigencia?

M.L.: Sí. Pero creo que Argentina, como resultado de la derrota militar, pactó con Gran Bretaña no reconocer al continente como teatro de guerra, porque hubiera supuesto otro tipo de implicancias. Sólo se circunscribió la guerra a las islas, cuando el continente fue parte de ella. Sin embargo, al capitán Legg y su patrulla lo buscaron más de dos mil soldados por Tierra del Fuego y las estancias de la Patagonia. ¿Eso no es una guerra? Los soldados defendieron el litoral marítimo, las costas argentinas, las bases aéreas del continente, con todos sus alrededores minados… ¿eso no es una guerra? Si estás en tu puesto de artillería a la espera de un ataque aéreo, o al pie del cañón a la espera de un desembarco, ¿no participaste en la guerra? Los grupos de civiles que en Comodoro Rivadavia realizaban traducciones de las comunicaciones británicas entre los buques, cuyas frecuencias que habían sido grabadas por radiooperadores, ¿no participaron de la guerra? Cuando una lancha efectuaba tareas de reconocimiento marítimo en Rada Tilli o Puerto Deseado, por un alerta de desembarco enemigo, ¿no participaban de la guerra? Hubo 17 muertos en el continente durante la guerra de las Malvinas, en distintas circunstancias, pero que murieron por ser parte del teatro bélico. Y también hubo muchas misiones de inteligencia y de defensa en el continente que se plasmaron en los diarios de guerra de las brigadas del Ejército, que luego se archivaron o se ocultaron, y creo que es hora que el ministerio de Defensa argentino las exponga a la consulta pública. Los ex combatientes del continente merecen este reconocimiento histórico, como veteranos, a casi cuarenta años de los hechos. Habían sido reconocidos por ley en 1984, por haber cumplido ordenes operacionales de defensa de objetivos militares, pero después, un decreto de 1988, justamente después del alzamiento “carapintada”, les negó el beneficio a los soldados que participaron de acciones bélicas en la zona continental. Los soldados británicos que participaron de tareas de soporte logístico en la isla de Ascensión, fueron reconocidos como tal y condecorados. Los soldados argentinos que actuaron como soporte logístico, de vigilancia y defensa desde el continente, no. Me parece una injusticia que debe ser reparada.

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