Durante las vacaciones, muchas personas eligen viajar a la playa para tomar sol, jugar en la arena o meterse en el mar. De todas formas, no todos viven ese momento de la misma manera. Hay quienes eligen quedarse afuera y disfrutar el entorno sin mojarse.
¿Miedo o respeto? Esto significa que no te guste meterte al mar, según la psicología
Algunas personas van a la playa porque prefieren la orilla y el paisaje costero, ya que el contacto con el agua les genera sensaciones poco placenteras.
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La psicología explica la razón por la que mucha gente no se mete al mar.
Esta elección suele llamar la atención en los otros, aunque la psicología ofrece explicaciones más profundas. Evitar el mar muchas veces se vincula con la forma en la que cada persona procesa la seguridad, el control y el miedo a lo desconocido.
¿Por qué algunas personas evitan el mar?
Desde una mirada psicológica, el hecho de mantenerse lejos del mar responde a distintos factores que se combinan entre sí. El primero tiene un origen evolutivo. El cerebro humano desarrolló mecanismos de alerta frente a espacios donde se pierde estabilidad física. El agua profunda implica perder el apoyo firme, algo que activa respuestas automáticas de alerta.
También influye la necesidad de control. Para ciertas personas, sentirse dueñas de su cuerpo y del entorno es fundamental. Las olas, las corrientes y la profundidad generan una percepción de imprevisibilidad que los incomoda, incluso cuando no existe un riesgo concreto.
Otro punto se relaciona con las vivencias pasadas. Situaciones como tragar agua, perder el equilibrio o presenciar un episodio riesgoso pueden dejar una marca emocional. Aunque el recuerdo no aparezca de forma consciente, el cuerpo conserva esa información.
A esto se le suma la sensibilidad corporal. Algunas personas registran con mayor intensidad estímulos como el frío, el movimiento constante o el contacto con algas y arena. Esa percepción amplificada reduce el disfrute.
Por último, existe una razón simple y válida: la preferencia personal. No todos disfrutan las mismas experiencias físicas ni los mismos escenarios y eso no tiene que ser justificado.
¿Qué es lo que sienten los que no se meten al mar?
Quienes eligen quedarse fuera del agua no siempre sienten miedo. En muchos casos influye una leve tensión, incomodidad o desinterés. Pero en vez de angustiarlos, esta decisión suele acompañarse de otras formas de disfrute. Caminar por la orilla, tomar sol, leer o mirar el horizonte son más placenteros para ellos.
Los especialistas explican que esta reacción cumple una función adaptativa. Escuchar y hacer caso a las propias señales internas ayuda a evitar situaciones que no son placenteras. En la mayoría de los casos, no meterse al mar no indica un problema psicológico. Se trata de ciertos límites que forman parte del cuidado personal y del equilibrio emocional.
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