Perder el pasaporte o sufrir un robo siempre fue uno de los mayores miedos al viajar. Pero ahora los viajeros empezaron a tener otra preocupación que no es muy fácil de ver, que alguien pueda leer a distancia el chip electrónico del documento.
Un método extraño empezó a circular entre viajeros que buscan proteger los datos de su pasaporte, pero los expertos relativizan el riesgo.
Un truco tan extraño como llamativo empezó a aparecer entre quienes viajan al exterior.
Perder el pasaporte o sufrir un robo siempre fue uno de los mayores miedos al viajar. Pero ahora los viajeros empezaron a tener otra preocupación que no es muy fácil de ver, que alguien pueda leer a distancia el chip electrónico del documento.
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A partir de ese temor, en TikTok, Reddit y distintos foros de viajes empezó a circular un truco muy simple, pero que también es extraño. Este consiste en envolver el pasaporte en papel de aluminio, prácticamente como si fuera un sándwich.
Los pasaportes electrónicos modernos incorporan un chip RFID que sirve para verificar la autenticidad del documento y la identidad de la persona. Ahí se guarda información como la fotografía digitalizada, datos biográficos y, en algunos casos, huellas dactilares.
La preocupación aparece por una técnica conocida como skimming, que consiste en intentar leer información de un chip sin autorización y sin que el dueño del documento se dé cuenta. La teoría es que alguien con un lector podría acercarse a un turista en un aeropuerto o una estación y tratar de acceder a esos datos.
De todas formas, los pasaportes biométricos cuentan con distintos sistemas de seguridad y la comunicación con el chip funciona a una distancia muy corta, por lo que no alcanza simplemente con pasar cerca con cualquier lector.
El papel de aluminio se usa en este truco porque puede interferir con las señales de radiofrecuencia. El principio es parecido al de las fundas RFID que se venden para tarjetas y documentos electrónicos. Al envolver el pasaporte, el aluminio puede reducir o bloquear la comunicación entre el chip y un lector externo.
A partir de ahí, el truco se empezó a volver viral en redes sociales. La parte estética también ayudó, ya que un pasaporte completamente envuelto en aluminio parece más un sándwich o un bocadillo preparado para el viaje que un documento oficial. Quienes siguen la tendencia aseguran que es una forma barata de protegerse.
La verdad es que si funciona, porque el papel de aluminio puede dificultar la lectura de un chip RFID, así que el truco tiene una base técnica. El problema es que eso no significa que realmente sea necesario. Los pasaportes electrónicos ya incluyen mecanismos para evitar accesos no autorizados y, además, la posibilidad de que un turista común sufra una lectura clandestina durante un viaje es muy baja.
También hay una cuestión práctica, ya que el pasaporte suele tener que mostrarse varias veces en aeropuertos y controles fronterizos, así que habrá que sacarlo y volver a envolverlo cada vez. Por eso, una funda puede ser bastante más cómoda si lo que se busca es proteger el documento.