29 de diciembre 2018 - 20:00

Bote Dragón: la técnica para "remarla" frente al cáncer de mama

El deporte náutico actúa como drenaje linfático natural al prevenir que los brazos se hinchen tras la mastectomía. Pero también agrupa a mujeres que comparten experiencias. En el país ya hay 14 equipos.

Equipo Nahuel Rosa
Equipo Nahuel Rosa
Gentileza: Damián Leibovich

Si bien cada experiencia es distinta, una mujer que tuvo cáncer de mama puede comprender a otra mejor que nadie. Más aún si le practicaron una mastectomía y cirugía reparadora. Como todo el foco está puesto en la recuperación, no se suele recordar que, al extraerse los ganglios al momento de extirpar un pecho, ese brazo es factible de presentar linfoedema –es decir, hincharse-, algo que puede suceder poco después de la operación o incluso pasadas las dos décadas. Pero una disciplina deportiva nacida en Canada que ya se practica en el país actúa a modo de drenaje linfático natural y previene este efecto colateral (o lo mantiene a raya). Se trata de la técnica de remo Bote Dragón, que además de otorgar beneficios para la salud agrupa a mujeres que compartieron una fuerte vivencia. Entre ellas, prima el compañerismo, la sororidad y las ganas de “tirar para el mismo lado”.

En esta disciplina se palea con un solo remo en un bote largo y fino, en el que entran en dos hileras 20 remadoras, en general, sobrevivientes al cáncer. Todas deben ir muy pegadas y tocar el hombro de quien está adelante para llevar la pala hasta la cadera. Sin excepción, deben estar al mismo ritmo, porque esa es la condición para que el bote se mantenga estable. Para ayudar a las mujeres en ese esfuerzo conjunto, las acompañan un “drummer”, que marca el ritmo con un tambor y un timonel, que se encarga de guiar a las sobrevivientes.

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En la Argentina hay cerca de 14 equipos que practican la técnica Bote Dragón y están distribuidos en Baradero, Tigre, La Plata, Córdoba, Bariloche, Neuquén, Bariloche, Corrientes y Santa Fe. Nueve de ellos tienen la membresía de la IBCPC (International Breast Cancer Paddlers Commission), la comisión que nuclea a las remadoras que sobrevivieron al cáncer de mama. Cada uno de ellos, posee la palabra “Rosa” dentro de su nombre, para hacer homenaje al color del lazo que representa la lucha contra la enfermedad.

Astrid Bengtsson, docente del Instituto Balseiro, investigadora de la Comisión Nacional de Energía Atómica y remadora integra el equipo Nahuel Rosa de San Carlos de Bariloche, el noveno en obtener la membresía del IBCPC. “Esta comisión organiza carreras tanto de sobrevivientes de cáncer de mama como de voluntarias. Cuando participemos de estas competencias internacionales, serán exclusivas para estas participantes. Pero nosotras queremos hacer a nuestro equipo más inclusivo y sumar a pacientes de otras patologías vinculadas al cáncer, así como a quien le haga falta y le haga bien”, señaló en diálogo con ámbito.com.

Mujeres en busca de su bote

Nahuel Rosa nació en marzo de 2018 y lo integran remadoras muy distintas entre sí. Tal vez si compartieran una mesa en la que se hablara de política, hubiesen discutido. Pero ahora están unidas por un mismo objetivo: conseguir su Bote Dragón.

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<p>Bote Dragón.</p>

Bote Dragón.

Una de las primeras intregrantes es Bengtsson, quien tuvo cáncer en 2011 y le practicaron una mastectomía el año siguiente, el mismo en el que también recibió tratamiento con quimioterapia. En 2013 se realizó una cirugía reparadora, pero no fue hasta tres años después cuando conoció la técnica. “Ese año una ingeniera argentina que vive en Canadá había traído la disciplina a Neuquén. Quisimos llevarla a Bariloche en ese momento. Junto con Gabriela Borraro, que fue la principal impulsora, llegamos hasta la televisión para difundirla. Por diversas circunstancias, en ese momento no se dio. Hasta que en 2018 nos consolidamos y hasta armamos una ‘jornada rosa’ ”.

¿Pero por dónde empezar sin un bote? “Gabriela Borraro convocó a un grupo de sobrevivientes al cáncer de mama y algunas voluntarias. Como no teníamos donde remar, simulamos un barco con dos hileras de sillas y palos de escoba. Así aprendimos la técnica, en la que hay que cuidar los brazos para no lastimarlos y para que después no te duelan. Y bien hecha, una puede pasar cuatro horas remando en un Bote Dragón sin molestias posteriores”, contó Bengtsson.

Estuvieron tres fines de semana con las sillas. Pasado ese tiempo, quisieron probar con el agua. ¿Pero cómo? “Remábamos sentadas en el muelle del Club Regatas, que nos acogió como grupo y organizó una sub comisión rosa que nos llevó a ser miembros. Hasta que alguien nos vió: el dueño de una empresa llamada Extremo Sur, que se dedica a hacer rafting en distintos puntos de Bariloche. Fue él quien nos prestó el gomón en el que hoy remamos”, comentó.

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<p>Astrid Bengtsson.</p>

Astrid Bengtsson.

Hoy disfrutan de ese medio de locomoción, pero como la técnica está pensada para Bote Dragón, el objetivo sigue siendo conseguirlo. Para lograr ese fin, Nahuel Rosa organiza diversas actividades.

“Una vez por mes hacemos una bajada al río Limay para juntar plata. Invitamos a todo el que quiera aprender esta técnica con el gomón. Además ponemos alcancías en varios lugares, viajamos a Bolsón para difundir nuestra actividades, buscamos apoyo de empresarios y hasta tuvimos reuniones con la Ministra de Turismo y Deporte de Rio Negro, Arabela Carreras, con la intención de que nos ayuden, pero para también ofrecer a Bariloche como un destino de turismo de salud en el marco de un programa que podría extenderse a todo el país”, relató.

Pero existe otro deseo: participar del próximo Mundial de Bote Dragón. En la edición pasada dos chicas de Bariloche se hicieron presentes y compartieron equipo con otras argentinas y brasileñas. Todo a pulmón, sin auspiciantes y con la inscripción a cuenta de cada participante, pero con toda la alegría.

Técnica inclusiva

Más allá de la prevención del lifoedema, la actividad aporta grandes beneficios emocionales. “En el momento que remamos, somos todas mujeres sororas y más allá de que venimos de lugares, trayectorias e ideologías muy diferentes, formamos un grupo humano lindísimo. Somos muy receptivas cuando alguien se acerca. De hecho, cada sábado hay alguien nuevo”, relató Bengtsson, a la par que indicó que el equipo se conforma entre 15 y 20 mujeres.

Nahuel Rosa

Otra de las ventajas de la técnica es que al ser de muy bajo impacto, la pueden practicar personas de todas las edades. De hecho, en el mundial había mujeres de 80 años remando y hasta personas en silla de ruedas, a las que subían al bote y paleaban sin problema.

Para cerrar, la remadora comentó que impulsan esta actividad con dos objetivos. “Uno de ellos es promover la prevención, que nadie tenga miedo a hacerse los controles, porque el cáncer, detectado a tiempo, tiene un pronóstico excelente. La otra es recordar que, si lo diagnosticás opertunamente y hacés lo que te dice el médico, te aferres a la idea de que vas a poder a hacer lo que vos quieras, como por ejemplo, salir a remar por el Nahuel Huapi”, concluyó.

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