24 de enero 2026 - 21:04

Mark Carney respondió a las amenazas arancelarias de Donald Trump por el acuerdo comercial de Canadá con China

El primer ministro canadiense difundió un mensaje directo en redes sociales para relativizar la advertencia de Washington sobre un posible arancel del 100%.

El primer ministro canadiense respondió a las amenazas de Donald Trump y defendió la autonomía económica de Canadá tras el acuerdo comercial con China.

El primer ministro canadiense respondió a las amenazas de Donald Trump y defendió la autonomía económica de Canadá tras el acuerdo comercial con China.

A través de un video publicado en redes sociales, Carney buscó bajar el tono del enfrentamiento y dejó en claro que su gobierno no condicionará su estrategia económica a las decisiones de otras potencias. “Vamos a hacer todo lo que esté bajo nuestro control para construir la economía canadiense. No podemos controlar las decisiones ni los objetivos de Estados Unidos ni de China, pero sí podemos controlar nuestro país”, sostuvo el premier.

"Con nuestra economía bajo amenaza extranjera, los canadienses tomamos una decisión: concentrarnos en lo que está a nuestro control", sintetizó el funcionario y luego interpeló a los ciudadanos de su país: "Estás eligiendo poner tus dólares obtenidos con esfuerzo en negocios canadienses y trabajadores canadienses. El nuevo gobierno de Canadá hace lo mismo con nuestra nueva política 'Buy Canadian' ('Compre canadiense')". Tras remarcar las prioridades en la industria, vivienda y militarización de su país, Carney planteó que "podemos ser nuestros mejores clientes".

El mensaje fue difundido bajo el lema “Comprar canadiense y construir canadiense”, una consigna que apunta a reforzar la soberanía económica frente a un escenario de creciente presión externa. La publicación llegó horas después de que Trump acusara a Canadá de intentar convertirse en un “puerto de descarga” para productos chinos con destino final en el mercado estadounidense.

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Desde su cuenta en Truth Social, el mandatario republicano endureció el tono y afirmó que, de concretarse el acuerdo con Pekín, Canadá sería castigada de manera inmediata con un arancel total sobre sus exportaciones hacia Estados Unidos. Incluso llegó a advertir que China podría “devorar” la economía canadiense y destruir su entramado productivo y social.

Escalada política, tensiones comerciales y un vínculo en deterioro

El cruce se produce en un contexto de relación bilateral cada vez más tensa, marcada no solo por el frente comercial sino también por desacuerdos geopolíticos más amplios. En los últimos días, Trump había cuestionado abiertamente la postura canadiense en debates internacionales y llegó a afirmar, durante su paso por el Foro Económico Mundial de Davos, que “Canadá existe gracias a Estados Unidos”.

Carney respondió con dureza a esas declaraciones y rechazó cualquier subordinación política o económica. “Canadá no vive gracias a Estados Unidos. Canadá prospera porque somos canadienses”, afirmó, en una frase que fue leída como una defensa explícita de la soberanía nacional frente al discurso del presidente estadounidense.

La tensión escaló aún más cuando Trump revocó una invitación informal que había cursado a Carney para integrar un futuro “Consejo de la Paz”, una iniciativa impulsada por la Casa Blanca. Además, volvió a referirse al primer ministro canadiense como “gobernador”, un apodo que ya había utilizado con su antecesor, Justin Trudeau, y que fue interpretado como una provocación deliberada.

Analistas políticos en Canadá señalaron que el endurecimiento del vínculo se explica, en parte, por el creciente protagonismo internacional de Carney, quien en Davos promovió una articulación entre potencias medias para contrarrestar presiones unilaterales de las grandes economías. “Si no estás sentado a la mesa, estás en el menú”, advirtió el premier en ese foro, en una frase que tuvo amplia repercusión global.

El trasfondo económico del conflicto

La advertencia de Trump llega en un momento particularmente sensible para ambos países. Canadá es el principal destino de exportación de 36 estados estadounidenses, con un intercambio diario de miles de millones de dólares en bienes y servicios. Además, Washington depende en gran medida del suministro canadiense de petróleo, electricidad, acero, aluminio y minerales estratégicos, claves para su seguridad energética e industrial.

En ese contexto, la amenaza de un arancel total es vista por Canadá como una herramienta de presión política más que como una decisión comercial viable en el corto plazo. Aun así, el gobierno canadiense evitó escalar el conflicto y optó por un mensaje de firmeza moderada, enfocado en reforzar su estrategia económica sin romper canales diplomáticos.

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