La inflación se rindió en noviembre. Y concluyó el año sin ofrecer mayor resistencia. La insurrección de 2021 es, esencialmente, historia aunque la pintura todavía esté fresca. Los precios minoristas escalaron 1,3% en junio y cayeron 0,1% en diciembre. Su velocidad de crucero superó 16,7% anualizado a mitad de 2022, a tres meses de la invasión a Ucrania y de la tardía suba de tasas. Pero, trascartón, la desinflación resultó brutal. No fue magia sino una ofensiva relámpago de política monetaria. Primero desarticuló el shock del precio de la energía y de los demás commodities. Después lidió con la sublevación inesperada en agosto y septiembre de la inflación núcleo de servicios. Y la sometió veloz aunque su repliegue parcial entraña una amenaza vigente. La inflación al consumidor, en el segundo semestre, promedió 1,8% anualizado, y si se mira así dos décimas por debajo de la meta oficial. Pero la inflación subyacente, la que hay que domar, ni fue nunca de 16,7% ni está alineada aun con el norte de la Fed.
Mejor que Volcker: la inflación se rindió y no se rompió nada
En EE.UU. no fue magia sino una ofensiva relámpago de política monetaria. Igual, tiene que caer más rápido todavía para desactivar la espiral de precios y salarios y su retroalimentación.
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El diablo anida en los detalles y si el celo se relaja, en la capacidad de ensayar un contraataque sin preaviso. El banco central, en particular, se inquieta por el foco de los salarios nominales en alza y su sistemática caída real. ¿Cómo? ¿Hay 10,5 de búsquedas laborales sin cubrir, solo 5,7 millones de desempleados, y el salario real cayó en 2022? La economía que procura la Fed necesita recortar la nominalidad -los salarios trepaban al 6,7% interanual en julio y bajaron al 6,1% en diciembre (tres veces la meta de inflación)- pero a la vez debe acomodar un lógico ascenso de las remuneraciones reales, a menos que más gente desee trabajar. La inflación tiene que caer más rápido todavía para desactivar la espiral de precios y salarios y su retroalimentación. En otras palabras, a Powell le falta rematar la faena. Ya no corre de atrás, domina la situación. La inflación que en 2021 probó no ser transitoria revela que tampoco es, de por sí, permanente. No importa si es inflación de demanda o de oferta. Es 100% condicional al rigor de la política económica. Y como la actividad soportó los cambios bruscos de presión, la tarea pendiente es menos azarosa. No es menester blandir subas de tasas enormes ya ni agitar la curva de bonos con amenazas de QT (endurecimiento cuantitativo). Solo resta utilizar el pincel fino con la sutileza que no permitía el año que vivimos en peligro.
Powell, mejor que Paul Volcker. Nadie ignora los quebrantos de 2022.
¿Se comprende lo que se logró? La inflación núcleo, si se suaviza su lectura usando un promedio móvil trimestral, se elevó a 10% en junio y cierra 2022 en 3,1%. Le llevó años a Volcker conseguir un resultado similar. Y descerrajó dos recesiones entre 1979 y 1982. Desde marzo, la tasa de desocupación oscila en un rango entre 3,5% y 3,7%. Del pico de 14% que gatilló la pandemia no quedaron rastros. La economía navega a ocupación plena. La estanflación no existió y la recesión se hace esperar como Godot. Digamos con Sargent y Hall: la credibilidad de la Fed (y la ayudita de un potente ajuste fiscal endógeno en 2022) le permitió al abogado Powell remontar la inflación cuesta arriba sin la carnicería que debió hacer el tenaz Volcker en los ochenta. Magnífico.
¿Qué espera la Bolsa para festejar? Los balances. Los bonos largos y el super-dólar somatizaron el fin de la inflación en octubre, cuando estaba en pañales. La factura le preocupa a la Bolsa. Los cuatro grandes bancos que ya mostraron números provisionaron 4 mil millones de dólares para afrontar una recesión suave que no padecen aunque ven en el horizonte. Wall Street tiene un rally en curso pero no le suelta las riendas. Lo que más sube son las chucherías -el oro, la plata, bitcoin- que suelen promoverse como talismanes contra la inflación. Trepan ahora que los convenció su derrota. Apuestan fuerte al cambio de ciclo, a la retirada juiciosa de la Fed del campo de batalla. Gozan de una gran ventaja con respecto a las acciones. Ninguno presenta balances. No hay manera, pues, de decepcionar. Son la idea pura, diría Kant. La coartada perfecta.
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