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En la plaza central de Catalunya también se congregaron miles de manifestantes.
"Necesitamos un cambio, no me extraña que la gente se haya levantado, aunque tarde", dijo Roberto, de 38 años y trabajador de una empresa de publicidad, llevando en un carrito a su hijo de tres meses.
El Gobierno del presidente José Luis Rodríguez Zapatero ha optado por no disolver estas concentraciones y ha tratado de mostrar comprensión hacia las mismas, al tiempo que ha pedido que los manifestantes expresen su opinión con el voto el domingo.
Lo mismo dijo Mariano Rajoy, líder del principal partido de la oposición y favorito en los sondeos para las elecciones presidenciales del año que viene. Las elecciones del domingo renovarán las alcaldías de todo el país y 13 de los 17 gobiernos regionales.
Según los sondeos, el derechista Partido Popular, de Rajoy, podría arrebatarle algunos de sus feudos más importantes al socialismo, perjudicado por las medidas de austeridad que ha aplicado para luchar contra el elevado déficit público.
El sábado, aprovechando la jornada de asueto, gente de todas las edades acudía a conocer una protesta que se ha colado en la campaña electoral, acaparando todo el protagonismo mediático, y que ha acabado con la imagen de aletargamiento de la juventud.
"Estoy contenta de que por fin protesten, ya era hora," dijo María, una señora mayor, que estaba sentada en uno de los sofás bajo las lonas azules que cubren gran parte de la plaza y ha venido a ver a su nieto. Junto a ella permanecía un joven con rastas y otro de origen subsahariano, ambos dormidos.
Las reivindicaciones son tan heterogéneas como sus componentes, y van desde protestar por el dominio de los dos grandes partidos, el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español -de Zapatero-, a pedir la reforma de la ley electoral y que no pueda haber imputados por casos de corrupción en las listas electorales.
También hay propuestas económicas como la prohibición de rescates económicos a los bancos o aplicar una tasa a las transacciones internacionales. El movimiento ha dado claras muestras de organización, con comités que se ocupan de atender a los medios de comunicación, repartir comida y bebida que les llega de numerosas donaciones - el sábado había paella y jamón gratis-, de la limpieza e incluso del "respeto".
"Sabíamos que algo así acabaría pasando. La política española no ha sido muy convincente y, con todas las consecuencias de la crisis, algo tenía que pasar," dijo el sociólogo Fermín Bouza, de la Universidad Complutense de Madrid.
"En conjunto es más un aviso de algo que puede estar empezando y no sabemos cuánto recorrido va a tener", manifestó José Juan Toharia, presidente de la encuestadora Metroscopia. Un cartel en el que puede leerse "People of Europe, rise up" (Gente de Europa, levántense) cuelga en uno de los laterales de la plaza.




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