Admite gobierno que deberá encarar dolorosa sucesión
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El embajador venezolano en Buenos Aires, Arévalo Méndez
Romero, organizó una conferencia de prensa con los medios
locales. El diplomático aseguró que Hugo Chávez quedó
imposibilitado de insistir con otro mandato.
Aunque demasiado prematuramente, el terremoto político del domingo instala ya la campaña para los comicios de diciembre de 2012, en los que, según Méndez Romero, la oposición encontrará problemas para competir con una candidatura unificada.
Según él, la tarea, compleja por «los personalismos y las diferencias ideológicas», podría ser acometida por políticos como Julio Borges (líder del partido Primero Justicia) o Leopoldo López (el joven alcalde de Chacao, un municipio de clase media). No así por Manuel Rosales ( gobernador de Zulia y el hombre que, desde posturas de centroizquierda, se acercó a 40% de los votos al competir hace un año contra el entonces todopoderoso Chávez) ni el general Raúl Baduel (ex ministro de Defensa del bolivariano y recientemente pasado a la disidencia, gesto que fue un factor clave para el resultado).
Cuba y Bolivia (¿también la Argentina?) temen que en los nuevos tiempos políticos el chavismo no pueda seguir repartiendo con la misma vocación ayuda financiera. Pero para el embajador, «si hay algún cambio en la cooperación con diversos países, será para incrementarla».
El «voto por abstención», tal como lo definió el embajador, de más de 3 millones de personas que en la presidencial de hace un año habían votado por Chávez y esta vez se quedaron en sus casas, fue otro elemento que destacó y que intriga al bolivarianismo. Consultado sobre el impacto que, al respecto, puede haber tenido la salida del aire de la cadena RCTV, la más popular de Venezuela, en mayo último («no por cierre, como se dijo, sino porque venció su concesión», como se encargó de aclarar), apenas lo admitió de modo apenas marginal. «Pudo haber influido pero no en muchos, en gente de clase media que alguna vez estuvo con el proyecto del presidente pero cuya cultura no pasa de una telenovela o una miss», reprochó.
«Yo soy de clase media, pero debo admitir que nuestra clase media es intelectualmente muy pobre. No lee y se conforma con tener un carrito de última moda para competir con el del vecino, con un teléfono también de última moda o con un par de viajecitos al año a Disney World con la familia», disparó. Toda una reedición, aun más descalificatoria, de la embestida de Alberto Fernández contra la «soberbia» de los porteños que se resisten a votar al kirchnerismo. Difícilmente convenzan por ese camino a los díscolos de volver al redil.
Marcelo Falak



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