Afganos añoran ejecuciones en plaza pública
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El presidente de Afganistán, Hamid Karzai, restauró las ejecuciones en el país y, desoyendo los reclamos de organismos defensores de los derechos humanos, abrió la posibilidad de realizarlas en público. Igual que lo que ocurría en el régimen talibán.
«Eso llenaría de miedo el corazón de los criminales y los crímenes disminuirían», justificó el portavoz del consejo, Faruq Husein.
Para Aiaz Nizai, que predica en una de las mezquitas más importantes de Kabul y da clases en la universidad, Afganistán necesita más que nunca la pena de muerte.
«El Corán prevé que las ejecuciones deben realizarse delante de un grupo de personas, para que éstas saquen la lección y se aseguren de que el crimen no se repita», recordó.
Con las ejecuciones públicas, hay más seguridad de que el verdadero culpable sea castigado, estima por su parte Mohamed Naiem, un habitante de la capital afgana. «Aunque siempre cabe la posibilidad de que la persona sea ejecutada por su oposición al gobierno», se lamentaba.
El ministro adjunto de Justicia, Mohamed Qasim Hashimzai, se niega a comentar las carencias del sistema judicial afgano, pero también está a favor de la pena de muerte.
«En un país en el que 90% de las personas son analfabetas, es una lección para los criminales. La comunidad internacional debe entender que los asesinatos, los secuestros y los actos de terrorismo se multiplican», declaró.
Según él, al menos 120 condenados a muerte esperan la firma final del presidente Karzai.
«Karzai intenta reforzar su popularidad entre la población tras el aumento de la criminalidad y el fracaso del gobierno en materia de justicia», estimó en un comunicado Sam Zarifi, responsable de Amnistía Internacional Asia-Pacífico, que lucha por una moratoria en las ejecuciones.
Recuerda que no existe ninguna estadística que permita afirmar que la pena de muerte es un método disuasorio.




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