Madrid (ANSA, EFE) - En el mejor momento de su vida política, el presidente del gobierno español José María Aznar clausuró ayer en Madrid el XIV congreso del gobernante Partido Popular (PP), manteniendo su postura de no presentarse a una nueva reelección en el año 2004, a pesar de que los sectores más aznaristas (es decir casi todo el partido) así lo proponían.
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La reunión congregó desde el viernes a más de 3.000 representantes y ratificó un nuevo ideario para el futuro inmediato de España en torno a la defensa del Estado de las autonomías en el actual marco constitucional, y sin lugar a cambios que propugnan los nacionalistas, la ratificación de la orientación centrista en lo político y de la liberalización de la economía.
El ex vicepresidente y ex mano derecha de Aznar Francisco Alvarez Cascos había removido hace semanas el ambiente político al postular nuevamente al actual presidente, a pesar de que en reiteradas ocasiones Aznar, de 48 años, había anunciado que no aspiraría a otra reelección. A la propuesta de Cascos no había surgido ninguna oposición interna, en momentos en que España, tras cinco años de gestión aznarista con reelección incluida, crece a un nivel superior a la media europea, casi todos sus indicadores son promisorios y el opositor Partido Socialista navega entre las contradicciones internas y la falta de un discurso aglutinador desde el retiro de la jefatura partidaria de Felipe González.
«No habrá otra vez. No es fruto de ningún arrebato sino de una convicción profundamente arraigada», dijo Aznar. El encuentro abrió además la carrera para la sucesión tanto en la jefatura de gobierno como a la presidencia del partido, que ayer reeligió por última vez a Aznar. En España, la jefatura política partidaria generalmente coincide con quien ocupa el máximo cargo institucional.
• Sucesores
Entre los candidatos a la sucesión se ubican el actual vicepresidente Mariano Rajoy, el titular de Economía Rodrigo Rato y el ex titular de interior Jaime Mayor Oreja, que figuraba entre los políticos con mejor imagen pero que sufrió un duro revés en las últimas elecciones regionales del País Vasco, en donde los nacionalistas lo doblaron en votos.
En su discurso, Aznar se jactó de haber logrado para España «una aburrida normalidad democrática», una virtud que según sus seguidores otorgó prosperidad a España. Paradójicamente, sus opositores socialistas pensaron al principio que el aburrimiento del actual presidente era su peor defecto.
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