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7 de agosto 2008 - 00:00

Africa: otro foco de inestabilidad

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Nueakchott - En Mauritania, la democracia no aguantó ni un año y medio. Cuando Sidi Uld Cheij Abdallahi ganó en marzo de 2007 las primeras elecciones libres en la historia de este país del noroeste africano, parecía haber comenzado una nueva era para los mauritanos. El país, que desde su independencia de Francia en 1960 había sufrido numerosos golpes de Estado y el autoritario régimen del presidente Maauiya Uld Taya (1984-2005), se convirtió de pronto en un modelo para el mundo árabe y una esperanza para Africa.

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Con él, Mauritania retrocede a la etapa de pronunciamientos militares en Africa, que aparentemente había quedado atrás hace tiempo.

Con todo, la población reaccionó al golpe de Estado con una significativa calma. La euforia que desató hace tres años el derrocamiento del régimen de Uld Taya y la consiguiente instauración de la democracia se esfumó hace tiempo. Una gran parte de los 3,3 millones de mauritanos se sentía decepcionada y la popularidad del presidente descendía cada vez más.

El golpe de Estado no se gestó de la noche a la mañana. Sus detractores siempre sospecharon que Abdallahi, de 70 años, era un hombre del antiguo régimen de Uld Taya, ya que durante un tiempo ejerció como ministro. A ello se sumó la amenaza terrorista: a finales de diciembre de 2007, un comando mató a cuatro viajeros franceses.

El Rally Dakar, que tenía previsto pasar por Mauritania, fue suspendido y los turistas ya no planean sus vacaciones en el país. Por otro lado, los esperados ingresos procedentes de la extracción de petróleo se hacen rogar.

Entre sus detractores estaba también el general Mohamed Uld Abdel Aziz, que lideró el golpe de Estado. El mandatario recelaba de los oficiales críticos, respaldados por los parlamentarios opositores, y decidió destituir a la cúpula del Ejército. Para los golpistas, aquello fue el detonante que ayer condujo al derrocamiento del presidente.

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