Ahora buscan micrófonos en la Capilla Sixtina
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Los cardenales
que
asistirán desde
el lunes al
cónclave para
elegir nuevo
papa visitaron
ayer la tumba
de Karol
Wojtyla en las
grutas de la
Basílica de
San Pedro.
Según el detective privado de Roma, Giuseppe Mazullo, el Vaticano aumentará el número de miembros de seguridad privados y agentes policiales para evitar que los debates no traspasen las paredes de la Capilla Sixtina y que el cónclave no se convierta en un espectáculo. «La seguridad será muy estricta», señaló Mazullo a la prensa italiana. «Será muy complicado, prácticamente imposible, robar información», añadió.
Pero la seguridad es un asunto que también les concierne a los cardenales. Los miembros del cónclave deberán «conservar el secreto sobre todo lo relativo a la elección, incluso después de haber elegido al nuevo pontífice», según lo decretó el propio Juan Pablo II en «Universi dominici gregis», un documento que marca las pautas a seguir para conservar el secreto.
Asimismo, en el artículo 58° añade: «Quienes, de algún modo, prestan su servicio en lo referente a la elección, y que directa o indirectamente pudieran violar el secreto -ya se trate de palabras, escritos, señales, o cualquier otro medio- deben evitarlo absolutamente, porque de otro modo incurrirían en la pena de excomunión 'latae sententiae' reservada a la sede apostólica». Los 115 purpurados con derecho a voto no podrán entablar coversaciones con terceros sobre el cónclave, así como tampoco podrán tener acceso a medios de comunicación, excepto en casos de emergencia.
También tendrán prohibido escuchar radio o mirar televisión y cualquier otro medio que facilite el contacto con el mundo exterior.
Según recientes investigaciones, se ha comprobado que en reiteradas ocasiones personas, fundamentalmente sirvientes, han logrado burlar las medidas de seguridad y han accedido a informaciones. Incluso en 1922, dos miembros de la prensa consiguieron ingresar en el cónclave en el que fue elegido papa Pio XI.


