3 de noviembre 2003 - 00:00

Alerta por los nuevos misiles

Nueva York - En una serie de seminarios de adiestramiento celebrados en Bangkok, Tailandia, a principios de este mes, a unos 5.000 taxistas se les pidió que echaran una buena mirada a un bolso de golf. Dentro del bolso había un tubo de plástico, y dentro del tubo había un misil antiaéreo que se dispara apoyado en el hombro.

«Si no hubiera sido adiestrado, no sabría cómo lucía el misil», dijo un taxista al diario «Bangkok Post». «Los he visto en películas». Para muchos de los gobiernos y expertos en seguridad del mundo, sin embargo, la amenaza representada por esos misiles ahora es demasiado real.

Las lecciones del bolso de golf siguieron a informes de que seis misiles disparables desde el hombro habían sido pasados de contrabando a Tailandia, posiblemente para un ataque terrorista contra una cumbre económica mundial que se celebró ahí la semana pasada.


«Esto cae en la categoría de problemas realmente difíciles sin una buena solución», dijo Charles V. Peña, director de estudios de política de defensa en el Instituto Cato, la organización de investigación liberal en Washington.

Las armas son relativamente baratas (los modelos más económicos pueden conseguirse por menos de 10.000 dólares) y abundan, mientras que los potenciales disuasores, los que existen, son pocos e increíblemente costosos.


El número exacto de estos misiles disparables apoyados en el hombro -a menudo llamados Sistemas de Defensa Aérea Transportables por un Hombre, o Manpads, por sus siglas en inglés- fuera de las manos del gobierno es imposible de conocer.

• Propuestas

El Departamento de Seguridad Interior empezó a solicitar propuestas para tecnologías antimisiles de grado militar que pudieran ser adaptadas a la flota comercial de la nación, desde llamaradas que pudieran alejar a misiles dirigidos por el calor de los motores de un avión, hasta sistemas más sofisticados que usan rayos láser para hacer interferencia en el dispositivo de dirección de un cohete.

Muchos Manpads tienen un rango de cinco a ocho kilómetros, y cualquier azotea, ventana de almacén o esquina desértica cerca de aeropuertos urbanos se convierte en un potencial sitio de lanzamiento.


Los costos y las dificultades logísticas de patrullar adecuadamente esas áreas serían extremadamente altos. Y proveer a los aviones con tecnología antimisiles conllevaría un precio multimillonario en dólares que, si el gobierno decidiera pagarlo, plantearía cuestiones sobre proteger a otros potenciales blancos también.

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