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3 de enero 2008 - 00:00

Alivio por liberación de una argentina en Somalia

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La médica española Mercedes García y la enfermera argentina Pilar Bauzá, ayer tras su liberación en Bosasso, Somalia. Las cooperantes de Médicos Sin Fronteras aseguraron no haber sufrido maltratos de parte de sus captores.
La enfermera argentina Pilar Bauzá fue liberada ayer junto con la médica española Mercedes García, tras permanecer secuestradas durante una semana por un grupo armado en Somalia.

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La cooperante de 26 años conversó tras su liberación con la presidente Cristina de Kirchner y con el canciller Jorge Taiana. «Pilar estaba bien de ánimo. Dijo estar cansada y que extrañaba a su familia», aseguró el ministro.

«Saludo afectuosamente a Pilar y a su familia por esta buena noticia. Hablé hace apenas unos instantes con el papá de Pilar para informarle del buen desenlace de esta situación», dijo. La enfermera tuvo «un trato razonable» por parte de sus captores, y ahora debe «recuperarse del shock», afirmó Taiana.

«El gobierno de la Argentina agradece a Médicos Sin Fronteras (MSF) y a los diversos gobiernos y organismos internacionales que han ayudado en las negociaciones de liberación, y en particular a la Cancillería española con la que se trabajó intensa y coordialmente para lograr el feliz desenlace», indicó un comunicado oficial.

Paralelamente, el ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Angel Moratinos, habló con García, de 51 años, quien le comunicó su intención de regresar «cuanto antes» al país africano tras ver a su familia en España.

El secuestro se produjo el 26 de diciembre, cuando las mujeres se dirigían a un centro de nutrición de la ciudad de Bosasso, en la región autónoma de Puntlandia, norte de Somalia, donde MSF se ocupa de unos 7.000 niños menores de cinco años con desnutrición. Desde la mañana, esa localidad era un hervidero de rumores que apuntaban que el final del secuestro era inminente. Finalmente, la liberación se conoció al culminar una reunión que mantuvieron en un edificio gubernamental de Bosasso altos funcionarios y personas vinculadas con los secuestradores.

El primero que dio a conocer la noticia fue el ministro regional de Comercio, Abdisamad Yusuf Mohamed, al final de ese encuentro. Hasta el momento no había trascendido ningún detalle de cómo se produjo exactamente la liberación de las cooperantes.

  • Protagonismo

    Según informes de prensa, los secuestradores habían exigido 250.000 dólares por su libertad. El grupo que las secuestró «buscaba el protagonismo social y político» en Somalia, aseguró el canciller al negar que se haya pagado un rescate a los rebeldes. Fuentes de la Cancillería argentina también negaron rotundamente que se haya accedido a la exigencia económica de los captores.

    El 16 de diciembre el periodista francés Gwen Le Gouil fue secuestrado en Bosasso y sus captores solicitaron 100.000 dólares para devolverlo sano y salvo. Finamente el hombre fue liberado el 24, y tampoco llegó a esclarecerse si se había pagado el rescate.

    Con muestras de cansancio, las dos integrantes de MSF se presentaron ante los periodistas junto a altos funcionarios del gobierno regional de Puntlandia y diplomáticos que siguieron de cerca las gestiones para su liberación. A la espera de emprender hoy por la mañana el viaje de regreso a casa, las dos mujeres, que no hicieron declaraciones, pasaban sus últimas horas en Somalia en un hotel de la ciudad de Bosasso, junto al embajador de España en Kenia, Nicolás Martín Cinto, y el cónsul argentino en Nairobi, Fernando Rolandelli.

    Para Médicos Sin Fronteras, que lleva trabajando en Somalia desde hace más de 16 años, el secuestro de sus cooperantes supone «también el secuestro de la acción humanitaria independiente». La ONG se mostró indignada por la captura y advirtió que «acciones como ésta hipotecan la asistencia humanitaria a las poblaciones más vulnerables».

    Desde el derrocamiento del dictador Mohammed Siad Barre, en 1991, Somalia carece de un gobierno efectivo. La violencia de los últimos meses ha provocado el desplazamiento de más de un millón de personas y la salida del país como refugiados de otros tres millones, según los datos de Naciones Unidas.

    El país es escenario de frecuentes actos de anarquía y vandalismo. Puntlandia es más estable que el sur somalí, aunque también allí han aumentado los ataques contra extranjeros y los secuestros en los últimos meses, que significan para los clanes armados recursos con los que compran armamento.
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