El hecho, producido en el Museo Histórico de Estocolmo, donde se inauguraba una exhibición privada, provocó un fuerte entredicho entre los dos países.
El embajador fue convocado ayer a la Cancillería sueca, donde recibió una protesta formal por su «inaceptable actuación». Pero el primer ministro israelí,
Ajeno a la polémica internacional, el director del Museo Histórico de Estocolmo,
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