Según los familiares interrogados por la policía, ayer
Un testigo dijo que a las 10 hora local el hombre prendió fuego un cartón de leche que contenía un líquido inflamable y que lo lanzó hacia un vagón. Las autoridades indicaron que un segundo tren llegó entonces a la estación de Jungangro, por lo que había 600 personas en el lugar en el momento en que se desató el incendio. Algunos pasajeros trataron de impedir la acción precipitándose sobre el hombre, que logró, sin embargo, lanzar la botella incendiaria.
Las puertas del vagón permanecieron cerradas, quizá debido a que el calor destruyó los mecanismos de seguridad.
«En realidad, nadie conoce aún el número exacto de víctimas -admitieron fuentes de la policía-, ya que muchos otros cadáveres se encuentran en los vagones. Pero están tan carbonizados y tan fusionados con los restos materiales, que es imposible identificarlos. Tendríamos necesidad de la intervención de médicos legistas para contar nuestros muertos.»
Más de 700 cuerpos de bomberos trataron de intervenir, pero el caos de la estación subterránea, donde los pasajeros que intentaban escapar vivieron momentos de pánico, obstaculizó las operaciones de socorro.
El incendio recién pudo ser controlado después de tres horas y media, mientras el humo se propagaba al exterior obligando a centenares de comercios de la zona a cerrar sus puertas y creando gigantescos embotellamientos.