Atentados dejaron 78 muertos en Irak
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La escena de la devastación tras el atentado de ayer en la ciudad de Tikrit, el antiguo feudo de Saddam Hussein. Pese a la agudización de la violencia, las autoridades iraquíes insisten en que el país no ha caído en la anarquía.
Al menos dos ataques similares fueron cometidos en Bagdad. El primero, en Al-Dora, causó la muerte de dos policías y dos civiles; y el segundo en el céntrico barrio de Al Mansur, donde se informó de la muerte de otros cuatro iraquíes.
También en la capital dos bombas estallaron, en Nueva Bagdad y en la calle Al Rabiye, y causaron heridas a doce personas, según las fuentes policiales.
En Basora, al sur de la capital, la explosión de un artefacto colocado en una fábrica de fertilizantes causó al menos 40 heridos.
La nueva oleada de violencia coincide con la ofensiva que centenares de soldados estadounidenses, secundados por militares iraquíes, llevan a cabo contra presuntos feudos de la insurgencia en la provincia occidental de Al Anbar, fronteriza con Siria.
Según portavoces del Pentágono, las tropas mataron a un centenar de presuntos rebeldes desde el inicio de la Operación Matador, el último sábado, mientras que tres soldados norteamericanos perdieron la vida y otros 20 fueron heridos en el mismo período.
• Fuerte resistencia
Varios testigos dijeron que la ofensiva aún continúa en las localidades de Al-Qaim, Al Karabela y Al Rummana, y que en ella participan cazabombarderos y helicópteros militares norteamericanos.
El general James Conway, jefe de operaciones del Estado Mayor conjunto de EE.UU., anunció ayer en Washington que las tropas encuentran dura resistencia, y que no sería «irreal» pensar que entre los grupos rebeldes se incluyan combatientes extranjeros. Aludía sobre todo a seguidores del jordano Abu Musab al Zarqaui, líder de la «Organización para la Yihad (Guerra Santa) en Mesopotamia», considerada la principal amenaza terrorista en Irak.
En tanto, la intervención militar de EE.UU. en Irak y Afganistán ha recibido un nuevo respaldo financiero del Congreso estadounidense. En una votación unánime del Senado, tomó el martes la forma de una partida extraordinaria de 82.000 millones de dólares que financiará esas operaciones, así como el combate contra el terrorismo en todo el mundo.
Esa asignación, cuya mayor parte está destinada a la renovación de equipos militares en Irak y Afganistán, eleva a 300.000 millones de dólares el gasto generado por esos conflictos.




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