La Habana - El convaleciente líder cubano Fidel Castro cumplirá hoy 81 años apartado del poder y supervisando el inicio de la «era post-Castro» desde su habitación. Un año después de enfermarse y transferir el mando a su hermano Raúl, su regreso no tiene fecha y su futuro político continúa en suspenso.
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Su influencia, sin embargo, sigue siendo enorme y, aunque no aparece en público desde hace más año, muchos en Cuba lo ven como un factor de estabilidad. «A veces los extranjeros no comprenden la importancia del comandante. Cuba es un campamento militar de 11 millones de habitantes y Fidel es el jefe», dijo en La Habana Rafael, un ingeniero de 35 años.
El guerrillero que derrocó en 1959 al dictador Fulgencio Batista y gobernó Cuba durante los siguientes 47 años desafiando a Estados Unidos, encontró un nuevo papel como editorialista de «Granma», el periódico del oficialista Partido Comunista.
Reflexiones
Desde allí reflexiona sobre los problemas de la humanidad y orienta el rumbo del país gobernado por Raúl. «Me acosan con preguntas sobre el momento en que volveré a ocupar lo que algunos llaman el poder», había escrito el 31 de julio, un año después de su último discurso.
«Raúl se ha encargado de responder que cada decisión importante a medida que me iba recuperando era consultada conmigo. ¿Qué haré? Luchar sin descanso como lo hice toda la vida», añadió.
La ausencia de Castro no derrumbó el sistema, como había anticipado EE.UU. Pero, algunos creen que el líder histórico pesa hoy menos en la ecuación del poder en Cuba. «Cuando Fidel dice algo, todos miran a Raúl. El es quien tiene hoy la última palabra», dijo un diplomático extranjero.
Raúl, un hombre pragmático, elevó en julio las expectativas. Dijo que los salarios no alcanzanpara vivir y que es necesario reactivar la agricultura. Su lista de asignaturas pendientes es larga e incluye aliviar pesadillas cotidianas como la falta de viviendas y transporte.
«Hoy Raúl es la única esperanza de cambio en Cuba», dijo el economista Oscar Espinosa Chepe, un ex diplomático cubano que estuvo preso por defender las tesis de la perestroika soviética. «Pero hay sectores duros que no quieren cambios económicos, porque saben que son la antesala de cambios políticos», opinó.
Testamento
Con sus «reflexiones», sostienen los analistas, Castro está profundizando su testamento político. «Fidel lucha por su legado», dijo Marifeli Pérez-Stable, de «Diálogo Interamericano» de Washington. «¿ Tendrá Fidel el futuro del líder chino Mao Tsé Tung? ¿Será el fidelismo repudiado y Fidel venerado como su padre fundador? Eso, probablemente, preocupa hoy al comandante», comentó.
Para Damián Fernández, de la Florida International University de Miami, está claro que Castro no vuelve, pero su opinión pesa. «Está poniéndole el sello de aprobación a sus sucesores e intentando garantizar la supervivencia del régimen con el único recurso que le queda: su palabra», dijo el director del Instituto de Investigaciones Cubanas.
Raúl Castro activó en julio un proceso electoral que llevará a comienzos de 2008 a la elección del presidente del Consejo de Estado, el cargo que su hermano ocupó durante las últimas tres décadas.
Algunos creen que las elecciones formalizarán la jubilación política de Castro y un relevo generacional con dirigentes como el vicepresidente Carlos Lage y el canciller Felipe Pérez Roque.
Pero, para los analistas que siguen el día a día de la isla, desprenderse de un Fidel Castro que dominó todos los aspectos de la vida cubana por casi medio siglo, dictando desde la política exterior hasta la forma de cocinar porotos, no será fácil.
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