Hugo Chávez se la tiene jurada a Ricardo Lagos, por la vez que (en Cuzco) el presidente de Chile le dio una lección de historia bolivariana (tan luego a él) para justificar la creación de ejércitos latinoamericanos de intervención, para el caso de Colombia. Ahora, cuando se ventilan las pretensiones de Bolivia en Monterrey, el venezolano encontró la forma de vengarse. Repite en la cumbre de la OEA, a quien quiera oírlo, que «mi sueño es bañarme en una playa boliviana». Claro, se refiere a la salida al mar que el boliviano Carlos Mesa pretende conquistar para su país aprovechando la presión que ejercen los indigenistas de izquierda Evo Morales y Felipe Quispe.
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