Batalla en EE.UU. por nuevo lugar en la Corte
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De izquierda a derecha, sentados: Antonin Scalia, John Stevens, William Rehnquist, Sandra
Day O’ Connor y Anthony Kennedy. De pie: Ruth Ginsburg, David Soutier, Clarence
Thomas y Stephen Breyer.
«Ahora, hay dos vacantes en la Corte Suprema. Y servirá a los mejores intereses de la nación llenar esas vacantes rápidamente», dijo Bush. «Elegiré a tiempo a un nominado altamente calificado para suceder a Rehnquist», prometió el presidente.
La confirmación de Roberts debería ser analizada la semana próxima por el Senado, y está previsto un duro debate en el que se toquen temas polémicos, como la posición del juez respecto del aborto o el papel del gobierno federal.
No obstante, legisladores demócratas propusieron posponer ayer esas audiencias, por respeto del fallecido Rehnquist. «Pienso que podemos tomar unos cuantos días de receso para llorar al juez Rehnquist», dijo el senador del Partido Demócrata, Charles Schumer, a la cadena de televisión «ABC». Sin embargo, legisladores republicanos expresaron que no había necesidad para demorar los debates sobre Roberts.
Dado el rol de la Corte Suprema en EE.UU, una nominación de un segundo juez conservador en lugar del fallecido presidente sería claramente rechazado por los legisladores demócratas. Para ratificar un juez se necesitan 60 votos en el Senado. Los republicanos cuentan con 55 asientos y los demócratas con 44, además de un independiente.
Hasta el momento, la prensa estadounidense considera tres nombres para suceder a Rehnquist: el secretario de Justicia, Alberto González, un hispano muy cercano al presidente, y los jueces de la Corte de Apelaciones, Michael Luttig y Harvie Wilkinson, los tres de tono conservador.
• Reconocimiento
Rehnquist fue uno de los ministros más conservadores de la Corte. En 1983 defendió la decisión de la Universidad Bob Jones de no aceptar estudiantes negros y en 1957, cuando trabajaba como abogadoen Arizona, inició una guerra personal contra el entonces presidente de la Corte Suprema, Earl Warren, a quien llamó «filósofo de la izquierda».
Sin embargo, en 2002, al cumplir 30 años en la Corte, el juez John Paul Stevens, uno de sus más férreos adversarios, alabó a Rehnquist por su «eficiencia, buen humor y absoluta imparcialidad a la hora de presidir nuestras conferencias».




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