14 de enero 2003 - 00:00

Batalla interna en la Casa Blanca por la crisis en Corea del Norte

Washington (AFP, ANSA, El Mundo, EFE) - Presionado por la Comunidad Internacional, el portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer, defendió ayer las distintas posiciones de Washington ante Corea del Norte e Irak, afirmando que la diplomacia no funciona con Bagdad.

Las declaraciones tuvieron lugar mientras el régimen de Pyongyang aseguró a Rusia que Corea del Norte no se propone fabricar armas atómicas y no descarta volver al Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) si Estados Unidos acepta un «diálogo justo» y sin presiones. Pero la embajada norcoreana en Moscú advirtió al mismo tiempo que Pyongyang recibirá como una «declaración de la guerra» la posible imposición de sanciones por el Consejo de Seguridad de la ONU y que responderá «con extrema dureza» a una acción militar en su contra. El embajador norcoreano, Pak Ui Chun, declaró que una condición clave para que su país revise su decisión de abandonar el TNP es que EE.UU. «deje de utilizar al OIEA (Organismo Internacional de Energía Atómica) como un instrumento de presión» a Pyongyang.

«El presidente está preocupado por la nuclearización de la península coreana, pero estima que la mejor forma de evitarlo es por medio de la diplomacia», declaró Fleischer en un encuentro con los periodistas. «El presidente estima que la historia muestra que la diplomacia no marcha con Irak» y que por esa razón Washington «considera activamente la opción militar», indicó el portavoz.

•Sin plazo

Interrogado sobre las declaraciones del director de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), Mohamed ElBaradei, según las cuales los inspectores en desarme en Irak necesitarían «unos meses» para culminar su misión, Fleischer respondió que el presidente George W. Bush «no había fijado ningún plazo» para las inspecciones.

En relación con Corea del Norte, desmintió que la Casa Blanca haya cambiado de posición al no descartar una ayuda adicional a Pyongyang.

Por su parte, el secretario de Estado adjunto estadounidense James Kelly, en visita a Seúl, reiteró que Washington está dispuesto a entablar un diálogo con Corea del Norte y considera otorgar una ayuda a su tambaleante economía si el gobierno coreano abandona sus ambiciones nucleares.

Pero, mientras oficialmente, el Departamento de Estado sigue cerrándose ante la posibilidad de anunciar una apertura de negociaciones formales con el gobierno de Pyongyang, en la Casa Blanca se está librando hace meses una batalla. Es que existen posturas diametralmente opuestas en cuanto a la forma de encarar el conflicto con Corea del Norte.

En este sentido, el gobernador
Bill Richardson ha urgido a la Administración Bush a romper el aislamiento y a mantener un «diálogo directo» con el gobierno norcoreano para aliviar la tensión creada por los planes nucleares de Pyongyang. «Lo que tiene que suceder a partir de ahora es que se sienten a hablar», dijo Richardson, gobernador de Nuevo México y ex embajador en la ONU, elegido por el Departamento de Estado como urgente mediador en la crisis.

•Canal de diálogo

«La decisión está ahora en manos de Colin Powell», precisó Richardson. «Lo único que puedo decir es que los norcoreanos me han reiterado su voluntad de mejorar las relaciones con EE.UU.». La reunión de tres días que mantuvo Richardson con varios diplomáticos norcoreanos no ha dado resultados concretos. La Administración Bush piensa seguir apoyándose en el gobernador para mantener abierto «un canal de diálogo» con Pyongyang.

«La línea dura no se va a poder mantener durante mucho tiempo», advirtió a la Administración Bush el republicano
Richard Lugar, director del Comité de Relaciones Internacionales del Senado. «Tiene que haber una luz al final del túnel para los norcoreanos.» El también republicano John McCain, sin embargo, ha pedido a Bush que endurezca aun más su postura, que aísle totalmente el régimen de Pyongyang y vuelva incluso a poner la opción militar sobre la mesa. Las posturas opuestas de Lugar y McCain son un reflejo de la batalla interna que se está librando desde hace meses en la Casa Blanca y que mantiene a la deriva la política hacia Corea del Norte. Pese a la voluntad de resolver la crisis de «un modo pacífico» (según Powell), no se quiere ni oír hablar de un pacto de «no agresión», sugerido por los norcoreanos.

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