20 de abril 2005 - 00:00

Benedicto XVI y los conflictos del nuevo siglo

Joseph Ratzinger junto a Juan Pablo II en 1979. El nuevo Papa fue, desde lo doctrinario, el hombre crucial del pontificado de Karol Wojtyla.
Joseph Ratzinger junto a Juan Pablo II en 1979. El nuevo Papa fue, desde lo doctrinario, el hombre crucial del pontificado de Karol Wojtyla.
Ciudad del Vaticano ( enviado especial) - Aunque se pueda hablar de «transición» debido a su avanzada edad, el Papa Benedicto XVI promete no ser un ave de paso. Europeo y columna vertebral de la doctrina del pontificado de Juan Pablo II, Joseph Ratzinger querrá dejar su marca en la Iglesia.

Hasta los más críticos de Juan Pablo II reconocen que el Papa polaco fue un viajero incansable que expandió las fronteras de la Iglesia. Este camino por el mundo abrió las puertas a una multiplicidad de nuevas preguntas y problemas traídos de la mano de las sociedades que se fueron acercando al mensaje de Cristo tal como se lo entiende en Roma.

Hay un concepto que Ratzinger y sus defensores repiten cada vez que pueden. «Hay valores y verdades que no pueden ser relativizados ni sujetos a una voluntad mayoritaria.» Como principio, se trata de un imperativo esencialmente cristiano. Sin embargo, la opinión de teólogos de otras vertientes y del sector más liberal del Colegio Sacro, que -se supone-quería imponer a Dionigi Tettamanzi, interpreta ese imperativo de modo distinto, imponiéndole un primer desafío.

• Descripción

No sólo ellos, sino también la mayoría de las decenas de creyentes consultados por este diario que se acercaron entusiasmados estos días a la Plaza San Pedro. Sin embargo, ello no impidió que la alegría haya sido evidente ayer cuando se anunció el nombre del nuevo Papa.

Si a Karol Wojtyla le tocó lidiar con un mundo dividido por la Guerra Fría y con un comunismo que daba claras señales de decadencia, ¿cómo se puede describir el mundo que le toca a Benedicto XVI?


En los últimos años, varios gobiernos de Europa han sido ocupados por partidos de izquierda. Aborto, menos educación religiosa, matrimonios entre homosexuales y hasta adopción de niños de parte de parejas gays pasaron al tope de las agendas políticas en esos países, tal como lo muestra de modo acabado el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en España. Sin dudas, esto significa hoy un reto para la Iglesia.

Mientras, en buena parte del mundo la creciente liberalidad en las conductas privadas acompaña una profunda crisis de las vocaciones sacerdotales. Esto ha activado recientemente la polémica acerca del celibato y, también, respecto del sacerdocio femenino.

Por otra parte, no se puede soslayar la epidemia de sida, al punto que en Africa -donde Juan Pablo II viajó repetidamentehay países en los que ya está afectado más de un cuarto de la población y la expectativa de vida ha caído a cerca de 35 años. Muchos creen que la recomendación de abstinencia que hace la Iglesia no es suficiente para enfrentar el problema y se polemiza cada vez más sobre el rechazo de ésta al uso del preservativo.

• Abismo

Este enviado tuvo la oportunidad de conversar con varios religiosos de distinta procedencia, quienes, más allá de esos temas, explicaron cuáles son los problemas que enfrentan los católicos en sus países, algo a lo que también deberá prestar atención el nuevo obispo de Roma.

En España, un país clave para el catolicismo, las estadísticas indican que cada vez menos gente se siente cercana a la Iglesia. La brecha parece transformarse en abismo cuando se abordan temas de sexualidad y cuestiones de género. El padre
Jorge Cabal, asturiano, considera que «la Iglesia lleva 2.000 años caminando. Desde ya que hay problemas sobre la mesa, los ha habido siempre, y responderemos con ayuda de Dios». Mientras todavía humeaba la fumata negra, el padre Trinidad Lomeli, de la diócesis mexicana de Morelia, pidió ayer que el nuevo Papa «abra los ojos a Latinoamérica y la injusticia económica».

El padre paquistaní
Rashid, oriundo de Islamabad, indica que en su país «no existe la libertad religiosa. La ley de la blasfemia indica que si un cristiano habla contra el profeta Mahoma, puede ser condenado a muerte». Si en Pakistán los problemas son con los musulmanes radicales, en India la persecución es ejercida por «los hindúes fundamentalistas», según cuenta Selvam Paneer, del estado de Tamilnadu, arrasado por el último tsunami.

Dejá tu comentario

Te puede interesar