Bolivia peor: dudas sobre los militares y huelga indefinida
Aunque oficialmente no se reportaron nuevas víctimas y los incidentes callejeros entre manifestantes y las fuerzas de seguridad disminuyeron, la situación política en Bolivia se deterioró más ayer. Las fuerzas armadas emitieron señales contradictorias, lo que generó todo tipo de especulaciones. Por la tarde, el comandante de las FF.AA. afirmó que su fuerza apoyará a la presidencia como institución, pero que esa postura no extiende necesariamente el respaldo al mandatario Gonzalo Sánchez de Lozada. Esa sutil diferenciación generó un clima de gran tensión que obligó al alto mando a difundir por la noche un comunicado aclaratorio en el que reafirman la «subordinación y acatamiento» al presidente. A esto se sumó la decisión de la Confederación Obrera Boliviana (COB), la principal estructura gremial del país, a extender por tiempo indeterminado la huelga general que ya lleva dos semanas y que mantiene paralizadas las principales ciudades. Inclusive, piqueteros bolivianos cortaron las fronteras con Salta y Jujuy mientras la Cancillería argentina manifestaba la solidaridad del gobierno de Néstor Kirchner. Así, casi sin apoyos y en una actitud lindante con la impotencia, el presidente boliviano intentó mostrar su autoridad llamando a los rebeldes a negociar «sin condiciones». Algo que, con este cuadro de situación, no pareció resaltar su fortaleza sino, más bien, su escaso margen de maniobra.
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Waldo Albarracín, presidente de la APDHB, explicó que la cantidad de muertos «son datos que nunca van a ser exactos, porque hay varios muertos que no pueden ser rescatados». El dirigente de derechos humanos también denunció que «algunos cuerpos fueron puestos en camiones militares con destino desconocido».
El ministro de Relaciones Exteriores, Carlos Saavedra, instó a todas las organizaciones sindicales y a las fuerzas políticas opositoras a negociar «sin condiciones», y además rechazó el pedido de renuncia del presidente. Saavedra hizo estas declaraciones tras participar junto al resto de ministros del gabinete en una reunión en la sede presidencial en el barrio de San Jorge de La Paz. Sánchez de Lozada tuvo algo de alivio al recibir una extensión del ultimátum que le había dado su ex aliado Manfred Reyes Villa del NFR. El presidente cuenta además con el respaldo parcial y endeble del centroizquierdista MIR, y de su partido, MNR.
• Intransigencia
El líder indígena y radicalizado, Felipe Quispe, una de las cabezas de las protestas en Bolivia, dijo: «No negociaremos sobre la sangre derramada de nuestros hermanos y mantendremos nuestra posición rebelde hasta que caiga 'el carnicero'».
Evo Morales, líder del Movimiento Al Socialismo (MAS), fue radical al afirmar que sólo la renuncia del primer mandatario permitirá pacificar el país. «Antes para pacificar era la recuperación de los hidrocarburos, la revisión de los contratos con las transnacionales, la revisión de la ley de capitalización, pero ahora pasa ese pedido a segundo plano», dijo Morales.
Y agregó que «ahora el pedido del pueblo es la renuncia de un criminal, de un asesino como Gonzalo Sánchez de Lozada». Morales también acusó al gobierno de un intento de asesinarlo en la ciudad de Cochabamba, 680 kilómetros al sudeste de La Paz, y de comprar «la fidelidad y conciencia» de las fuerzas armadas de Bolivia junto a la Embajada de Estados Unidos para apoyar a Sánchez de Lozada.
El principal dirigente de la Confederación Obrera Boliviana, Jaime Solares, afirmó sentirse «impresionado que Sánchez de Lozada esté tan ambicionado con el poder y es que por detrás hay intereses económicos con la venta del gas».




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