La Paz y Roma - El exmilitante de la extrema izquierda Cesare Battisti, condenado en su país por cuatro asesinatos en los años 70 y detenido en Bolivia después de décadas de fugas y un largo asilo en Brasil, fue extraditado a Italia al cierre de esta edición.
Bolivia le puso fin a la fuga del terrorista italiano más buscado
Se refugiaba en Brasil, pero abandonó el país tras la asunción de Bolsonaro, que había prometido extraditarlo. Lo acusan de haber asesinado a cuatro personas durante "los años de plomo".
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Battisti, de 64 años, estaba prófugo desde el mes pasado cuando huyó de Brasil, donde había inicialmente hallado refugio bajo el gobierno del izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva.
“En las próximas horas este súbdito italiano será entregado por parte de Interpol Bolivia a Interpol Italia para ser trasladado en un vuelo enviado por las autoridades de Italia”, anunció en conferencia de prensa el ministro de Interior boliviano, Carlos Romero, en la sede de Interpol en Santa Cruz, confirmando un anuncio de Roma.
El jefe del Gobierno italiano Giuseppe Conte lo había adelantado poco antes, luego de mantener una conversación telefónica con el presidente brasileño, Jair Bolsonaro.
El avión con policías y miembros de los servicios secretos que el Gobierno italiano envió ayer para ir a buscar a Battisti aterrizó en Santa Cruz poco después de las 15, hora local, y partió cerca de cuatro horas después.
Battisti, de 64 años, fue detenido el sábado a la tarde con “aliento alcohólico”, detalló la fuente boliviana cercana a la investigación. El italiano estaba en posesión de documentación brasileña, celular y tarjeta de crédito a su nombre. Desde entonces permaneció detenido en locales de Interpol en Santa Cruz.
El caso Battisti fue objeto de un intenso juego de ping pong político, judicial y diplomático entre Roma, La Paz y Brasilia a la hora de definir su suerte.
El ministro de Gabinete de Seguridad Institucional brasileño, Augusto Heleno, había asegurado horas atrás que, antes de ser enviado a Italia, Battisti haría una escala en Brasil. Allí, el Gobierno ultraderechista de Bolsonaro había prometido devolverlo como un “regalo” a Italia -donde también gobierna la derecha- poniendo fin a una era de afinidad entre gobiernos de izquierda y activistas responsables de hechos de violencia durante “los años de plomo” de la guerra fría.
El diputado Eduardo Bolsonaro, hijo del jefe de Estado brasileño, tuiteó ayer que “Brasil ya no es tierra de bandidos”. “El ‘regalito’ está llegando”, exultó.
“Mi primer pensamiento es para las víctimas de este asesino (...) protegido por la izquierda de la mitad del planeta. Se acabó el picnic”, tuiteó por su parte el ministro del Interior italiano Matteo Salvini.
“Se hará finalmente justicia para las víctimas del terrorismo” reaccionó de forma más sobria el exjefe de gobierno italiano Paolo Gentiloni.
El caso de este exactivista vuelto a la clandestinidad tras vivir protegido por gobiernos de izquierda -primero en Francia y luego en Brasil- planteó una inesperada e incómoda disyuntiva al Gobierno del también izquierdista Evo Morales de cara al reclamo italiano, entre darle refugio o expulsarlo.
Un rompecabezas que Morales optó por resolver entregándolo directamente a los italianos, sin conceder a la potencia vecina de ultraderecha la oportunidad de exhibirlo como trofeo de guerra.
El ministro de Justicia italiano Alfonso Bonafede explicó por otra parte que como Brasil no prevé cadena perpetua en su derecho penal, Italia había accedido a reducir su pena a 30 años de cárcel con la esperanza de recuperar al fugitivo. Un compromiso jurídico que ya no corre si lo regresan directamente a Roma.
Battisti, que había huido de Brasil en diciembre, fue ubicado “con certeza” en Bolivia la semana pasada, en Santa Cruz, donde fue preparada una operación con las autoridades locales, según el Gobierno italiano.
El italiano estaba prófugo desde que un juez de la Corte Suprema de Brasil emitiera el 13 de diciembre una orden de captura en su contra. Un día después el entonces presidente Michel Temer firmó la orden de extradición reclamada desde hacía años por Italia.
Exmiembro del grupo Proletarios Armados por el Comunismo (PAC) durante “los años de plomo” en Italia -marcados por atentados de organizaciones de derecha y de izquierda, entre ellas las Brigadas Rojas-, Battisti fue juzgado en ausencia en 1993 y condenado a perpetuidad por cuatro homicidios y complicidad en otros asesinatos a finales de los años 1970.
Agencias AFP y ANSA
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