Bolsonaro convocó grandes marchas contra el Supremo y Brasil se llena de sombras

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Enigmático, el presidente habló de una "oportunidad" sin precedentes, generando temores a que esté preparando una ofensiva similar a la de Trump contra el Capitolio. Rousseff denunció un autogolpe en marcha y el empresariado se moviliza.

Brasilia - La convocatoria a sus bases a protestar el próximo martes 7 –día de la independencia– contra el Supremo Tribunal Federal (STF) y una enigmática referencia del propio presidente, Jair Bolsonaro, a una “oportunidad” inédita, llenaron ayer a Brasil de tensión y temores a un intento de autogolpe de Estado.

En ese ambiente cargado, simpatizantes bolsonaristas comenzaron a amenazar en las redes sociales con invadir la sede del alto tribunal y del Congreso y abogaron por la instalación de un régimen militar.

“La vida está hecha de desafíos. Sin desafíos, la vida no es divertida. Aparecen oportunidades. Nunca otra oportunidad ha sido tan importante o será tan importante para el pueblo brasileño como nuestro próximo 7 de septiembre”, dijo Bolsonaro en un discurso pronunciado en Uberlândia, estado de Minas Gerais.

La frase saltó de inmediato a las portadas de los sitios de noticias, los que consignaron que el ultraderechista no explicó en qué consiste la oportunidad que mencionó.

Desde hace semanas, el presidente está trenzado en una violenta controversia con el Supremo por su denuncia no fundada de que hay un fraude en marcha para los comicios presidenciales de octubre del año que viene, lo que incluyó advertencias explícitas de que está dispuesto a actuar “por fuera de las cuatro líneas de la Constitución”.

Tanto la narrativa del fraude como la retórica agresiva contra los demás poderes del Estado recuerdan lo hecho por Donald Trump antes y después de las elecciones de noviembre del año pasado, lo que derivó en la toma violenta del Capitolio.

Bolsonaro ha prometido ponerse al frente de las protestas del martes 7 tanto en la Explanada de los Ministerios de Brasilia como en la emblemática Avenida Paulista, de San Pablo.

Según la prensa, las marchas son financiadas y promovidas por asociaciones de sojeros, policías y grupos del fundamentalismo evangélico.

El empresariado del agronegocio de Brasil se mostró dividido frente a la convocatoria para los actos contra el Supremo Tribunal Federal (Corte Suprema) que el presidente Jair Bolsonaro encabezará el 7 de setiembre, una manifestación que la oposición vincula a un golpe contra el máximo tribunal en momentos que investiga al jefe del Estado.

El bolsonarismo ya cuenta con al menos 109 caravanas de todas las regiones del país listas para desembarcar el 7, feriado nacional, en Brasilia y San Pablo. Las caravanas están organizadas en la “deep web” (internet profunda) y por grupos de Telegram y WhatsApp, detrás de los cuales se cuentan personas de esos grupos. Cuenta incluso con una colecta de bitcoins para financiarla, patrocinada por un sobrino del jefe del Estado.

Ante la sensación de alarma, la oposición decidió realizar sus propias manifestaciones en varias ciudades, una de los cuales es el clásico Grito de los Excluidos, organizada por el Movimiento Sin Tierra (MST).

Según Folha de S. Paulo, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva está siendo consultado para participar de actos y profundizar el discurso de “democracia o fascismo”.

A cinco años de su derrocamiento, la expresidenta Dilma Rousseff afirmó ayer que el ultraderechista está coqueteando con “dar un golpe dentro del golpe” iniciado en 2016 con el juicio político que la sacó del cargo el 31 de agosto de 2016.

En momentos en que las encuestas lo encuentran en fuerte caída y otorgan al líder de izquierda una ventaja de entre 15 y 20 puntos en la intención de voto, Bolsonaro insiste en que el sistema de votación con urnas electrónicas –que rige son problemas desde 1996 y que incluso permitió su elección– debe ser modificado.

Además, el Senado investiga su actuación en la pandemia, lo que ha puesto en la mira tanto su actitud desaprensiva en lo sanitario como un posible encubrimiento del pedido de coimas para la compra de ciertas vacunas.

“Creo que vamos a cambiar el destino de Brasil y estoy seguro, dentro de las cuatro líneas de la Constitución. No será levantar una espada y proclamar algunas palabras. En el pasado, era así. Hoy, por la complejidad de lo que está en juego en nuestra nación, será un poco diferente “, dijo Bolsonaro, prometiendo, a diferencia de lo hecho hace poco, no apartarse de la legalidad.

“Posteriormente, afirmó que le sería más fácil “estar del otro lado”, sin precisar cuál sería, pero dijo que prefiere tener la conciencia tranquila”, señaló el sitio de internet de Folha de S. Paulo.

El presidente llegó al evento en Uberlândia montado a caballo y enarbolando una bandera nacional. Como es habitual, no usó barbijo, pero “a diferencia de discursos anteriores, brindó su solidaridad a las víctimas del covid-19”.

En medio de ese clima, el sistema económico y político se puso en alerta. La poderosa Federación de Industrias del Estado de San Pablo (FIESP) promovió un pronunciamiento a favor del respeto entre los poderes del Estado, pero la amenaza de los dos bancos estatales más poderosos –el Banco do Brasil y la Caixa– de retirar a los bancos privados importantes negocios hizo que su difusión quedara pospuesta para después de las manifestaciones del 7.

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