Washington (AFP, Reuters, ANSA, DPA) - Ante las crecientes presiones de diversos sectores estadounidenses para que la Casa Blanca cierre el cerco sobre las presuntas vinculaciones de parte de la dirigencia saudita con la trama financiera del terrorismo, el vocero presidencial, Ari Fleischer, admitió de manera inédita que Arabia Saudita es un buen socio «pero puede hacer más» en la lucha contra ese fenómeno.
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«La tarea de Estados Unidos es trabajar con el gobierno saudita para incitarlo a hacer más», añadió el vocero de George W. Bush. Fleisher fue interrogado sobre las revelaciones hechas ayer por el diario «The Washington Post», según las cuales los asesores de Bush le propusieron un plan para obligar a Arabia Saudita a emprender acciones en contra de sus ciudadanos sospechosos de financiar a grupos terroristas. El vocero de la Casa Blanca confirmó que un «grupo de trabajo» examina actualmente los medios para mejorar la capacidad de los sauditas, pero que el informe es parcial e incompleto.
El plan fue diseñado desde principios de setiembre por una fuerza de tarea del Consejo de Seguridad Nacional, y daría a Riad 90 días para que los sospechosos sean sacados de esos negocios o enfrentar acciones unilaterales de Washington.
Altos funcionarios de Estados Unidos dijeron al diario que recopilaron una lista de nueve hombres ricos -siete sauditas, un paquistaní y un egipcio- que podría ser el núcleo duro de la red de financiamiento de Al-Qaeda, entre otros.
Paralelamente, la CIA difundió un documento que fue repartido entre banqueros de todo el mundo, en el que se señala a 12 empresarios sauditas acusados de suministrar fondos a la organización Al-Qaeda de Bin Laden. La cadena de televisión ABC dio cuenta que las autoridades sauditas están al tanto del informe desde hace nueve meses.
El senador republicano Richard Shelby dijo temer que «la familia real o allegados han estado ayudando a terroristas», y el demócrata Joseph Lieberman pidió más información sobre el accionar de la CIA y el FBI al respecto.
El plan divulgado por el diario surge debido a las preocupaciones por la reticencia de Estados Unidos a presionar a Arabia Saudita a actuar, por temor a ofender a un aliado clave en una posible guerra dirigida por Washington en contra de Irak.
La polémica surge cuando las relaciones entre Washington y Riad volvieron a verse empañadas por algunos informes sobre dinero girado indirectamente por la esposa del embajador saudita en Washington -la princesa Haifa Al Faisal, esposa del príncipe Bandar Bin Sultan- a comandos que participaron en los atentados terroristas del 11 de setiembre. El empresario Osama Basnan declaró en la revista «Asharq al Awsat» que el dinero entregado por Haifa en realidad sirvió para cubrir los gastos de una operación de tiroides de su esposa, y el monto entregado no está relacionado con el comando terrorista.
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