Bush empieza a preocuparse al fin por América Latina
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El gobierno finalmente dirigió su mirada a la región en un momento en que ha fracasado el modelo económico estadounidense, que adoptó la mayo-ría de los países latinoamericanos hace una década por deseo de Washington. Supuestamente, la apertura de los mercados y la austeridad presupuestaria mejorarían la calidad de vida de todos, pero en realidad la desigualdad salarial se exacerbó, hay más de 500 millones de personas ancladas en la pobreza en la región y sus economías se parecen más a la de Global Crossing que a las de los países prominentes que esperaban ser. La semana pasada se afianzó aun más la sensación de que Washington venía perdiendo su influencia en América latina: la guerrilla marxista mató a 20 personas con disparos de morteros en Bogotá durante la toma de posesión del presidente Alvaro Uribe.
La reacción puede sentirse en el ascenso de políticos de izquierda que prometen moderar la insensibilidad del mercado con viejas recetas que protejan a trabajadores y pobres. Líderes de izquierda como Luiz Inácio Lula Da Silva, de 56 años, el fogoso líder del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, basan su campaña en el rechazo al Consenso de Washington, como se ha dado en llamar a las reformas capitalistas. En una entrevista con «Time», Lula dejó en claro que, si llega a la presidencia, el plan ideado por Bush para un área de libre comercio en todo el hemisferio puede que no entre en vigor en la fecha límite actual, fijada para 2005.
La clave es la corrupción. Las economías de América del Sur necesitaban la disciplina y la austeridad presupuestaria de las reformas respaldadas por Estados Unidos, que liberaron a la región de la traumática hiperinflación y abrieron las puertas a cientos de miles de millones de dólares en inversiones extranjeras. Pero no pudieron controlar la plaga de corrupción de sus elites, la ausencia de un sistema judicial en el que se pueda confiar y la adicción al capital externo, que dejaron al capitalismo latinoamericano tan abierto a los abusos y al colapso como las oficinas de Enron. Como dijo Terry Karl, un experto en América latina de la Universidad de Stanford: «El Consenso de Washington concentró aun más el poder económico y político en la región con mayores desigualdades del mundo».
El equipo latinoamericano de Bush explica que precisamente por eso se niega a rescatar a cleptocracias como las que rigen en la Argentina. A Buenos Aires le falta una «idea clara del estado de derecho».
El Consenso de Washington podría haber funcionado mejor si Washington hubiera procurado abrirle paso a la democracia con la misma seriedad con que abrió mercados. Janecleide Batista, una madre soltera de 24 años de Sao Paulo, donde nació Lula, perdió su trabajo como operadora de teléfonos cuando su empresa pasó a manos extranjeras. Ahora comparte un cuarto de un edificio ocupado con otras ocho familias. Para ella, las reformas del libre mercado significan que el equipo de fútbol que ganó la Copa del Mundo para Brasil «tenga autos nuevos gratis, mientras nosotros nos sentamos acá en la calle y no tenemos nada de nada». El rescate de Bush puede ser bueno para Brasil, pero puede que no sea suficiente para renovar la fe en la vía capitalista al progreso.



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