Caso Enron: el FBI busca un ejecutivo arrepentido
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•Anticipo
Pero aunque sabe que podría sacar muchos réditos políticos con sus críticas, la oposición está dividida en el criterio de cómo enfrentar el caso y sobre cuándo apretar el acelerador contra un presidente que goza de un fuerte apoyo popular gracias a la guerra contra el terrorismo.
El senador y ex candidato a la vicepresidencia Joseph Lieberman, desde su rol de presidente de la primera comisión del Senado que tratará el caso Enron, destacó que hasta ahora «no existen pruebas que hagan pensar en irregularidades de parte de miembros del gobierno de Bush». Sin embargo, los apetitos de los demócratas y el deseo de revancha, luego de años de incomodidad en la presidencia de Clinton, aumentan a medida que el caso se acerca a Bush.
Fleischer dijo la semana pasada que desconoce que alguien del equipo de Bush hubiera sido informado en otoño (boreal) sobre el estado de la crisis. Pero el secretario del Comercio, Don Evans, dijo ahora que habló de eso con el jefe del equipo de la Casa Blanca, Andrew Card.
Además de las primeras manchas de fango que salpican la West Wing -el ala de la Casa Blanca donde trabaja el presidente-, las frases del domingo del secretario del Tesoro, Paul O'Neill -otro que mantuvo conversaciones reservadas sobre el caso-, envenenaron a los demócratas. «Las empresas van y vienen -dijo O'Neill sobre Enron, que era la séptima empresa de los EE.UU.- y eso forma parte de la genialidad del capitalismo.» Palabras consideradas de inmediato por la oposición como una afrenta a las miles de personas que perdieron su trabajo o sus ahorros en la quiebra.
«Este es el tipo de declaración que podría haber sido hecha por el secretario del Tesoro del siglo XVIII, pero no por el del siglo XXI», opinó Lieberman. «La muerte que tuvo Enron no fue una muerte natural. Hoy ya sabemos lo suficiente como para decirlo», agregó.
•Acciones penales
Mientras el presidente de la empresa, Kenneth, les aseguraba a los trabajadores que las perspectivas del gigante de la energía nunca habían sido mejores, altos ejecutivos se deshicieron de acciones por valor de 1.100 millones de dólares poco antes de que los títulos se desplomaran desde casi 37 dólares el 11 de octubre hasta sólo 70 centavos a comienzos de diciembre.
Lieberman y otros protagonistas de las investigaciones fueron duros con la cúpula de Enron y la firma auditora Andersen, anticipando acusaciones penales también para esta última por haber destruido miles de documentos.
Por su parte, el legislador demócrata John Dingell -jefe de una de las comisiones del Congreso abocadas al caso-habló por primera vez de forma explícita de negociaciones con acciones sobre la base de información confidencial por parte de la cúpula de Enron.
«Hay evidencias bastante fuertes de operaciones con información privilegiada» en Enron, dijo Dingell, quien añadió que hay «claras evidencias de falta de presentación de informes anuales correctos y honestos» requeridos por la Comisión de Valores de los Estados Unidos (SEC por su sigla en inglés).
«Puede haber una cantidad de otras cosas que estaban pasando aquí, como posibles operaciones con información privilegiada y un posible mal manejo de cuentas de personas enteradas», agregó el representante.




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