Bogotá - El triunfo del independiente de derecha Alvaro Uribe en la elección presidencial colombiana señala una clara opción de la ciudadanía por la salida de mano dura que aquél ofreció para contener la violencia, y supone un rudo golpe para los partidos tradicionales, el Conservador (en el poder) y el Liberal, según los analistas.
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Con la victoria de Uribe -disidente del liberalismo-«hemos asistido prácticamente al final de las colectividades tradicionales y a la confirmación de que siete de cada diez colombianos ya no cree en esos partidos», dijo el analista político independiente Pedro Medellín. Ese comentarista añadió que la votación obtenida por el candidato disidente «también marcó la sensibilidad de los colombianos ante el tema de la violencia y el frustrado proceso de paz del gobierno de Andrés Pastrana con la guerrilla de las FARC».
El ex ministro liberal del Interior y actual comentarista político, Jaime Castro, coincidió con Medellín en que el triunfo de Uribe representa un duro golpe para el liberalismo y el conservadurismo, pero señaló que, ante esa evidencia, probablemente los dirigentes y legisladores de esos partidos terminarán apoyando al nuevo presidente.
De hecho, el partido Conservador -que por primera vez en su casi bicentenaria historia no presentó candidato a las elecciones presidenciales-se sumó hace dos meses a la aspiración de Uribe, con el argumento de que éste «interpreta fielmente los postulados de vigencia de la ley y el orden» de la colectividad.
Al reivindicar su condición de representante legítimo del Partido Liberal, Horacio Serpa señaló en varias ocasiones que Uribe no era «disidente» de esa colectividad, sino un candidato «independiente».
«Yo soy disidente pero no renegado», respondió Uribe, que también se dijo dispuesto a limar asperezas con los jerarcas del liberalismo con la pretensión de conformar un gobierno de unidad nacional.
Uribe se destacó como un duro y permanente crítico del proceso de paz impulsado por el presidente Andrés Pastrana y del accionar de las FARC, grupo que desde hace varios meses desató una impresionante escalada de ataques dinamiteros en diversas localidades colombianas, incluida Bogotá. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) declararon a Uribe como objetivo militar desde el año pasado, e intentaron matarlo en por lo menos 15 ocasiones en los últimos doce meses, bajo la acusación de haberse aliado con los escuadrones paramilitares de ultraderecha, lo que el político niega.
•Promesa
Uribe, abogado y administrador de 49 años cuyo padre fue asesinado por las FARC en una tentativa de secuestro en 1983, prometió en su campaña combatir con todas las armas legales a su alcance a las FARC, al también rebelde ELN y a los paramilitares de ultraderecha, así como a la corrupción política, flagelo que alguna vez describió como «la otra guerrilla de Colombia».
Medellín cree que el discurso de Uribe contra los grupos violentos y los políticos corruptos «caló muy hondo» entre los colombianos, principalmente entre la mayoritaria población joven.
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