Castro cumple 80 años y testea su sucesión
-
Israel asegura haber eliminado a un alto responsable petrolero de Irán en un ataque en Teherán
-
Pascuas en Windsor: la familia real británica se muestra unida tras el escándalo por el príncipe Andrés
«Los únicos que podemos destruir esta revolución somos nosotros mismos», dijo el pasado noviembre durante un discurso en la Universidad de La Habana.
En diciembre, el canciller, uno de los elegidos para el equipo provisional de gobierno, aprovechó la ceremonia de clausura del Parlamento para subrayar la necesidad de salvar la revolución cuando la muerte de Castro «deje el hueco que nadie puede llenar y que tendremos que llenar entre todos como pueblo».
Paralelamente, se inició un proceso de fortalecimiento del Partido Comunista de Cuba, el único legal de la isla, y la « fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado», según la Constitución cubana de 1976.
Precisamente en abril, el buró político del Partido Comunistade Cuba acordó restablecerel Secretariado del organismo, eliminado en 1991, un órgano auxiliar encargado de velar por «la correcta aplicación de la política de cuadros tanto del propio Partido como de las demás instituciones de nuestra sociedad».
En junio, los medios oficiales dedicaron un inusual despliegue al 75 cumpleaños de Raúl Castro y ensalzaron la figura del segundo hombre de la jerarquía cubana.
Apenas unas semanas después, el ministro de Defensa afirmaba que «únicamente el Partido Comunista de Cuba, como institución que agrupa la vanguardia revolucionaria y garantía segura de la unidad de los cubanos en todos los tiempos, puede ser el digno heredero de la confianza depositada por el pueblo en su líder».
«Para eso trabajamos, y así será. Lo demás es pura especulación, por no decir otra palabra», afirmaba.
En el nuevo escenario político que vive Cuba, con la designación oficial del PCC como garante de la revolución, se resuelve uno de los problemas que más parecían preocupar al líder cubano: el generacional.
Los 75 años de Raúl Castro están en la media de edad de la llamada «vieja guardia» del régimen, los compañeros de filas de los hermanos Castro en la Sierra y en los primeros años de la revolución.
En el libro «Cien horas con Fidel», firmado por el periodista español afincado en Francia Ignacio Ramonet, el líder cubano expresaba su convicción de que, en caso de su muerte, el Parlamento elegiría a Raúl para tomar las riendas del país, pero reconocía que, dada la avanzada edad de su hermano, las nuevas generaciones jugarían un papel fundamental en la tarea de mantener la revolución.



Dejá tu comentario