La ola nacionalizadora del chavismo no se limita a los teléfonos y la distribución eléctrica. También apunta a la industria petrolera, pero la movida -políticamente motivada- podría costarle cara al gobierno. Es que la petrolera estatal PDVSA está en crisis y no podría hacerse cargo de la producción que hoy está en manos de grandes petrolerasextranjeras, con lo cual el negocio -el gran proveedor de los fondos que sustentan un modelo económico y social errado- podría entrar en colapso. Así lo sostienen Simón Romero y Clifford Kurauss en un interesante artículo publicado ayer por «The New York Times», cuyos principales tramos reproducimos a continuación.
El presidente Hugo Chávez fijó el 1 de mayo como plazo para un ambicioso plan para tomar el control de varios proyectos petroleros de gran envergadura de compañías estadounidenses y europeas, por lo que se avecina un enfrentamiento sobre el acceso a la mayor parte de los recursos energéticos más codiciados fuera de Medio Oriente.
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Yendo más allá de las amenazas vacías de cortar todas las exportaciones de petróleo a EE.UU., funcionarios han intensificado recientemente la presión sobre las compañías petroleras que operan en Venezuela, advirtiendo que podrían vender las refinerías que procesan el crudo venezolano en EE.UU. y buscar nuevos mercados en China y otras partes del mundo.
«Chávez está jugando con las compañías petroleras más grandes del mundo», dijo Pietro Pitts, analista petrolero que publica «LatinPetroleum». «Y por el momento está ganando.» Pero esta confrontación podría fácilmente derivar en pérdidas para todos.
Las compañías de energía más grandes podrían ser privadas de los yacimientos más prometedores del Hemisferio Occidental. Pero Venezuela se arriesga a socavar el motor de la revolución de Chávez inspirada en el socialismo al dañar su capacidad para transformar el valioso petróleo pesado del país en nuevas riquezas para los años por venir. Mientras Chávez busca un mayor control sobre la industria petrolera de Venezuela, su compañía nacional, Petróleos de Venezuela, ya muestra indicios de tensión. La gerencia ha sido crecientemente politizada, y el dinero que requieren el mantenimiento y el desarrollo está siendo desviado hacia un incremento del gasto público.
Traspaso
Durante las últimas décadas, el control de las reservas globales de petróleo ha ido pasando de manera continua de las compañías privadas a empresas nacionales como Petróleos de Venezuela. Según un nuevo estudio de Rice University, 77% de 1,148 billón de barriles de reservas probadas está en manos de empresas nacionales y 14 de las 20 principales compañías productoras están controladas por Estados.
Las implicancias son potencialmenteduras para EE.UU., que importa 60% de su petróleo. Las compañías estatales tienden a ser mucho menos eficientes e innovadoras, y mucho más politizadas.
«Estamos en un curso de colisión con Chávez acerca del petróleo», dijo Michael J. Economides, consultor de Houston que escribió un influyente ensayo que compara la apelación populista de Chávez en América latina con el panarabismo del coronel libio Muammar Kadafi hace dos décadas.
«Chávez plantea una amenaza a la seguridad energética de EE.UU. mucho más grande que la jamás representada por Saddam Hussein.»
Basta considerar el dilema que enfrenta Exxon Mobil, cuyo presidente, Rex W. Tillerson, sugirió recientemente que la empresa podría verse forzada a abandonar un importante proyecto petrolero en Venezuela debido a sus crecientes problemas con Chávez. El mundo de la energía tomó nota. Y también el gobierno de Chávez.
Sólo un día después, agentes venezolanos irrumpieron en las oficinas que Exxon tiene aquí, en las torres San Ignacio, un bastión de la elite de negocios del país. El gobierno dijo que la incursión fue parte de una investigación impositiva, pero los analistas de energía dijeron que estaba muy claro que se trató de un intercambio de amenazas y respuestas.
Política e ideología están conduciendo la confrontación aquí, mientras Chávez busca limitar la influencia estadounidense alrededor del mundo, comenzando por los yacimientos de petróleo de Venezuela. Chávez ve a la administración Bush como una amenaza, en parte porque ésta apoyó indirectamente un golpe que lo quitó brevemente del poder hace cinco años. Sin embargo, EE.UU. sigue siendo el principal cliente de Venezuela.
Chávez decretó recientemente que Venezuela tomará el control de los yacimientos de petróleo pesado de la Faja del Orinoco, un región al sudeste de Caracas con tanto potencial que algunos expertos dicen que podría dar al país más reservas que las de Arabia Saudita. El relevamiento geológico de EE.UU. considera el área como «la acumulación individual de hidrocarburos más grande del mundo», haciéndolo altamente deseable a pesar de las erráticas políticas de Chávez. Al fijar como plazo el 1 de mayo para lo que algunos ejecutivos extranjeros de petróleo consideran una expropiación, el líder venezolano se arriesga a perder a Exxon, ConocoPhillips y otras compañías, que son reacias a poner a sus empleados y miles de millones de dólares en activos bajo gerencia venezolana. Una partida de expertos e inversiones podría debilitar una industria petrolera ya inestable por haber sido transformada en la principal herramienta de Chávez para reconfigurar la sociedad venezolana.
Chávez ha aumentado los impuestos a las compañías petroleras extranjeras y ha forzado a otras sociedades a ponerse bajo control de su gobierno. Y ha purgado a más de 17.000 empleados de Petróleos de Venezuela después de una huelga hace aproximadamente cuatro años.
Negociaciones estancadas
Las negociaciones se han empantanado en torno a cuánto vale la parte de las compañías en los cuatro proyectos grandes del Orinoco, en lo que respecta a si la compañía venezolana -corta de efectivo- pagará esos activos en petróleo en lugar de hacerlo en dinero y, más importante, en quién manejará las reducidas operaciones de las empresas extranjeras. Aún impedidas de producir en lugares como Arabia Saudita y México, las compañías desean desesperadamente aferrarse a sus reservas venezolanas. Compañías como Exxon, cuyos activos venezolanos fueron nacionalizados en los años 70 y les fueron devueltos en los 90, conocen los secretos de operar aquí y calculan que Chávez no estará por siempre.
La semana pasada, Rafael Ramírez, ministro de Energía de Venezuela, envió una señal que dio escalofríos a las compañías petroleras, al decir que Venezuela podría vender refinerías en Texas y Luisiana que procesan crudo de los yacimientos venezolanos de Exxon. Los analistas dicen que el país podría iniciar una etapa para producir mucho menos petróleo en asociación con compañías norteamericanas destinado a la exportación a EE.UU.
Por décadas, Venezuela ha sido un proveedor líder de petróleo a las refinerías estadounidenses, una relación económica resistente que sigue intacta a pesar del deterioro de los lazos políticos.-Venezuela es el cuarto proveedor de petróleo de EE.UU., y representa más de 10% de las importaciones norteamericanas de crudo.
Una vez que se cuente el petróleo pesado de Venezuela, sus reservas podrían superar las de Arabia Saudita o las de Canadá, pero éste no tendrá valor sin asociaciones para extraerlo.
En un país en el que muchas facetas de la vida están politizadas, los niveles de producción no son una excepción. Venezuela dice que produce 3,3 millones de barriles por día, pero funcionarios de la OPEP señalan que la producción está más cerca de los 2,5 millones, 1 millón de barriles menos que en 1999, cuando comenzó la presidencia de Chávez.
Nadie ve una crisis inmediata en Petróleosde Venezuela, pero sus gananciainesperadas debido a los altos precios del petróleo enmascaran la complejidad diabólica y los costos crecientes de producir petróleo pesado.
Mientras, la compañía reconoció el mes pasado que su gasto en « desarrollo social» casi se duplicó en 2006, a 13.300 millones de dólares, mientras que su inversión en exploración siguió por detrás de la de sus pares globales. Y su fuerza de trabajo se ha inflado hasta 89.450 trabajadores, 29% más que en 2001 y a pesar de la declinación de la producción. Analistas independientes se muestran alarmados por el incremento de las explosiones y accidentes de refinación durante los últimos dos años, que las autoridades desestiman como actos de sabotaje.
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