Chávez y el narcotráfico financian al Gobierno de Nicaragua
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Hugo Chávez y Daniel Ortega.
Según las autoridades estadounidenses, informes no confirmados dan cuenta de que Ortega habría tenido a su disposición hasta 500 millones de dólares durante todo el 2008.
El mismo cable, firmado por el entonces embajador de EE.UU. en Managua, Paul Trivelli, también señala que Ortega "ha fortalecido sus vínculos con Irán y Venezuela, y ha demostrado abiertamente una simpatía" con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Por otra parte, el cable señala como punto positivo que, al menos, las fuerzas de seguridad de Nicaragua, en concreto el Ejército y la Policía Nacional, son "dos de las pocas fuerzas independientes y apolíticas" en ese país, pese a la "clara meta" de Ortega de convertir a ambas entidades en "órganos" del FSLN.
En otro cable secreto, enviado en la primavera de 2009 desde la Embajada de Managua a distintos departamentos de Washington, un informe declara que "el presidente está completamente loco" y que éste "se ha convertido en una amenaza para el país. Hasta cree que las monjas viejas están rezando para que lo asesinen".
En otro largo despacho, identificado como el 63040 y también escrito por Trivelli, la embajada de EE.UU. ofrece una especie de compendio sobre los delitos y abusos de poder del régimen de Ortega, comenzando con su historial durante la década de 1980.
Ese cable critica las medidas económicas del Gobierno de Ortega y acusa a los sandinistas de velar por los ricos "mientras los pobres sufren".
En un apartado, destaca la ironía de que, mientras Ortega y la elite sandinista viven en mansiones y se pasean con chóferes en Mercedes Benz y otros coches de lujo, los mismos líderes sandinistas "promueven huelgas que impiden que los pobres adquieran cuidado médico y acceso a transporte público".
En un informe enviado a Washington el 25 de febrero de 2010, el actual embajador de EE.UU. en Nicaragua, Robert Callahan, pone en tela de juicio el repentino interés de Ortega y su esposa, Rosario Murillo, por limar asperezas con Estados Unidos.
Callahan desconoce la verdadera motivación de la "amable ofensiva" de Ortega pero, a su juicio, en el pasado los esfuerzos conciliatorios de Ortega sólo han servido para lograr un objetivo a corto plazo.
Así, el embajador acude a su experiencia para concluir que las expresiones de amabilidad de Ortega y su esposa son "de corta duración y poco sinceras".



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