Colombia firmó acuerdo de paz y se acerca desmovilización de las FARC
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"El nuevo acuerdo es una oportunidad grandísima que tenemos los colombianos que apostamos a un país reconciliado", afirmó Consuelo González de Perdomo, excongresista secuestrada durante siete años por las FARC, invitada a la ceremonia en el Teatro Colón.
Inmediatamente después de la rúbrica, el acuerdo será llevado al Congreso, de mayoría oficialista y donde se espera quede refrendado la próxima semana y se inicie el proceso de implementación. El debate, que se iniciará el martes en ambas cámaras, será abierto y televisado, y con participación no sólo de legisladores, sino también de víctimas y opositores. "Estamos asumiendo esta responsabilidad con todo compromiso", declaró el presidente del Senado, Mauricio Lizcano.
La decisión, sin embargo, es cuestionada por quienes se oponen al pacto, liderados por el expresidente y actual senador de derecha Álvaro Uribe. "Esta decisión desconoce el triunfo del 'No'" en el plebiscito del 2 de octubre, dijo el Centro Democrático, partido de Uribe, que considera que negar la refrendación popular ha sido un "golpe a la democracia".
El uribismo insiste en introducir más cambios al pacto, como el inventario de bienes que las FARC deberán entregar para reparar víctimas o el reporte detallado sobre su participación en el narcotráfico. La oposición sigue rechazando principalmente que guerrilleros culpables de delitos atroces puedan presentarse a cargos de elección antes de cumplir sus penas.
En las calles, algunos colombianos celebraban la noticia. "El país en su mayoría acoge este acuerdo de paz porque hemos vivido una guerra de más de 50 años, ya no queremos más derramamiento de sangre", dijo Overnis Díaz. Pero otros, como Dayanna Gil, lo cuestionaban. "Debería refrendarse a través de un plebiscito, finalmente es la voz del pueblo colombiano, y sería bueno que cada uno de nosotros opináramos sobre nuestro voto, sobre lo que queremos hacer con nuestro país".
Aunque las partes sostienen un cese al fuego desde fines de agosto, su fragilidad ha quedado de manifiesto con la reciente muerte de dos guerrilleros en supuestos combates con el Ejército y el asesinato de varios líderes sociales.
Según el acuerdo, tras la firma las FARC, nacidas de una sublevación campesina en 1964, deberán comenzar a agruparse en las zonas donde dejarán progresivamente sus armas durante los próximos seis meses, bajo supervisión de la ONU.
La paz, sin embargo, no estará completa mientras siga activo el Ejército de Liberación Nacional (ELN, guevarista), con el que el gobierno intenta iniciar una mesa formal de diálogo desde hace meses y que no se ha concretado porque el grupo rebelde aún no libera a un excongresista secuestrado.




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