Nueva York - Primera pregunta de presentador a cronista de la cadena Fox, una mañana cualquiera: «¿Howard Dean ya le ha gritado a alguien?» Respuesta: «No, esta noche ha dormido en Vermont, mejor para todos». Comentario, horas después, de periodista de la CNN, la más demócrata de la televisión: «Tiene una personalidad verdaderamente desagradable». Número de veces en que el grito de Iowa (que Dean, sobreexcitado, profirió en un acto tras su derrota) fue emitido en una cadena nacional, en media hora: ocho. Número de veces con sonido de fondo, fiel a la realidad: cero.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El candidato que tenía más dinero (44 millones de dólares), todas las encuestas a favor desde el verano, una organización de militantes apasionados e ideas revolucionarias --recaudar dinero en Internet, mover a la mitad de estadounidenses que no votan y extender la cobertura sanitaria, casi ni se presentó a la última ronda de primarias, donde consiguió sólo siete delegados de los 269 en juego.
El linchamiento mediático del ex líder, etiquetado como «no elegible» tanto por los medios como por el Partido Demócrata, tiene mucho que ver con su caída. «Aquí las cosas se hacen así, somos periodistas, tenemos que criticarlo», defiende Jodi Wilgoren, que sigue a Dean para «The New York Times». «Nosotros no hicimos nada, él solito metió la pata hasta el fondo en Iowa», confirma el enviado del «Boston Globe». Sin embargo, John Kerry, el actual líder, millonario y casi republicano, no recibe el mismo tratamiento y es alabado por «su aspecto de presidente», como escribía ayer el «Times» en su editorial. Una de las encuestas más «secretas» del último mes es la que situaba, en enero, a Dean en un empate técnico con Bush en un hipotético enfrentamiento.
«Nos estamos moviendo hacia los 41 estados que elegirán al candidato. Esta campaña será una maratón, no un sprint», escribe Dean en un e-mail a los 600.000 seguidores registrados en su Web. Su esperanza está en una «guerra de desgaste hasta el final», con California y Nueva York como los grandes premios. Dean apostó fuerte por presentarse en todo el país, invertir en publicidad pronto y en estados no cruciales. Ganó y gastó más que nadie, y ahora no tuvo dinero para anunciarse en los estados que votaban el martes. El verdadero traspié de Dean puede haber sido desplazar, tras los fracasos en Iowa y New Hampshire, a su mago de campaña, Joe Trippi, el gurú, amado por los jovensísimos voluntarios, que lanzó la revolución de Internet.
• Privado
Los deslices de Dean, según la prensa demócrata, son decir que EE.UU. no es un país más seguro por haber capturado a Saddam Hussein o que Osama bin Laden merece «un juicio justo».
«En Washington, cuando decís la verdad, dicen que metiste la pata», bromeaba Dean en New Hampshire la semana pasada. Dean es, se quejan los politólogos, «demasiado privado», al no contar su vida, no explotar la muerte de su hermano, secuestrado por una guerrilla vietnamita en Laos, o no pasear lo suficiente a su mujer.
Puede ser una gran decepción para la generación Dean, los jóvenes de veintitantos. Anteayer se reunieron en un millar de «meetup», encuentros entre desconocidos organizados a través de Internet. La nueva forma de política cumple un año y este primer miércoles del mes puede haber sido el último.
Dejá tu comentario