11 de octubre 2002 - 00:00

Consecuencias de una crisis que se ahonda

Párese a pensar un momento: hace dos meses, no pensaba ni un minuto que fuera necesario ir a la guerra contra Irak. Ahora, la intervención militar parece cada vez más inminente. Mientras EE.UU. se prepara para la guerra, ¿tiene una opinión clara sobre el tema? Un hombre que parece tenerlo todo claro es George W. Bush. La actuación del presidente para precipitar los acontecimientos hacia el punto sin retorno, sorteando cualquier tipo de obstáculo, ha sido magistral. Sin embargo, para el resto de los mortales, el debate sobre si se debe o no se debe derrocar a Saddam acaba de comenzar. La cosa no está clara: cuestionar los planes de Bush no significa apoyar la continuación de un régimen odioso. Esta semana, el presidente piensa explicar con mayor detalle la "perversa caja de trucos de Saddam", como la llama un consejero. Pero los estadounidenses ya están al corriente de todo esto. Lo que todavía no han digerido muchos son los pros y los contras de declarar la guerra a Saddam. Veamos a continuación las siete preguntas que hay que tener en cuenta de ahora en adelante:

1- ¿Bastará con el trabajo de los inspectores?


La Casa Blanca está segura de que esta nueva misión de los inspectores de la ONU no va a eliminar la amenaza de que Saddam siga acumulando armas de destrucción masiva, y que la única manera de hacerlo es eliminándolo. Los inspectores de la ONU que hicieron el trabajo anteriormente están de acuerdo en este punto. En ocho años de inspecciones encontraron y destruyeron cantidades importantes de armas de destrucción masiva, pero no todas las que tenía. Se piensa que desde el cese de las inspecciones en 1998, Saddam ha vuelto a fabricar y almacenar agentes químicos y biológicos, y ha impulsado su programa nuclear, mejorando enormemente, al mismo tiempo, su capacidad de ocultarlo. Su historial repleto de engaños y de juego sucio hace que resulte difícil intentar eliminar ahora su arsenal. El antiguo inspector David Key dice que Saddam "dificultará el trabajo de los inspectores de la ONU, que suelen ser equipos de entre 100 y 300 personas, en un país tan grande como Irak".

Sin embargo, salvo los partidarios de la línea dura, casi todo el mundo piensa que se le debe dar una última oportunidad a los inspectores. Dado que esto es un hecho, la administración de Bush no tiene más remedio que transigir, pero a cambio le exige a la ONU que imponga una inspección sin restricciones, que es la única solución que puede dar resultados en Irak. Y si no los da, como desearía francamente el gobierno de EE.UU., el país tendría una legítima excusa para ir a la guerra. Desde su punto de vista, o bien los inspectores encontrarían algo que justificara la acción, o se encontrarían con los impedimentos de Saddam: en ambos supuestos, se autorizarían los bombardeos.

Gran parte de Europa occidental y del mundo árabe se aferran a la esperanza de que todavía pueda evitarse la guerra si una inspección sin trabas descubre y destruye el arsenal de Saddam. No obstante, esos países están de acuerdo en que Irak sólo se muestra flexible cuando se ve sometido a una amenaza grave. El interrogante se centra en los términos en que debe redactarse una nueva resolución del Consejo de Seguridad sobre los inspectores. El borrador de Estados Unidos y Gran Bretaña exige a Irak que cumpla con las condiciones impuestas en un plazo de 30 días, autorizando el acceso a todos los enclaves (incluso los altamente sospechosos palacios presidenciales de Saddam), dotando a los inspectores de guardias armados para facilitar las investigaciones y, lo más importante, autorizando el uso de la fuerza si Irak incumple lo pactado.

Washington dice que sólo una clara amenaza de intervención militar podría hacer efectiva la inspección. Por su parte, los detractores consideran que estos términos no serían aceptados por nadie. Francia y Rusia, que tienen derecho a veto en el Consejo de Seguridad, son partidarios de flexibilizar las condiciones para hacer posible el trabajo de los inspectores. Ambos países pretenden evitar en la próxima resolución una autorización para declarar la guerra. Francia quiere esperar a una segunda resolución, en el caso de que Irak incumpla con lo estipulado en la primera. Ahora parece que la administración de Bush se resigna a redactar un programa que sea aceptable para la mayoría de Consejo "Estados Unidos necesita nueve votos a favor, sin ningún tipo de veto". Pero, con independencia de lo que haga la ONU para desarmar a Irak, sería muy raro que Estados Unidos cediera en su empeño de deponer a Saddam. Esta administración apenas ha permitido que la comunidad internacional cambie la política exterior de EE.UU.

2- ¿Necesita realmente EE.UU. el apoyo de la ONU
?

El equipo de Bush dice que desea el respaldo de la ONU, pero si es preciso, irá a la guerra en solitario. Esto es al mismo tiempo cierto, y también se puede negociar. La administración de Bush cree que sólo se puede conseguir el beneplácito del Consejo de Seguridad si los miembros del Consejo ven que Estados Unidos está dispuesto a declarar la guerra en solitario. No en vano, si Estados Unidos no logra una resolución que se ajuste a los criterios de Bush. La administración ha dejado claro que irá de todos modos a la guerra.

En la práctica, Estados Unidos quiere y necesita aliados. El visto bueno de la ONU confiere una legitimidad que ni siquiera una superpotencia puede otorgarse a sí misma, y esa aprobación es esencial en Oriente Medio. Hay naciones, como Arabia Saudita, que pueden denegar el uso de sus bases sin el respaldo de la ONU, y Bush no puede meter en portaaviones a todos los soldados que necesita para la guerra. Otras naciones árabes amigas, como Jordania, Egipto y Qatar, necesitan el respaldo de la ONU para frenar las acusaciones de que forman parte de un ataque a un país árabe hermano. Con la sanción de la ONU, será más fácil convencer a los árabes de que la guerra es legítima y de que Saddam es el responsable. De todos modos, si la ONU no transige, la administración norteamericana está preparándose para dirigir una "coalición de países favorables". Italia, Australia, Polonia, España, Qatar, Kuwait y, por supuesto, su mejor amiga Gran Bretaña, las que podrían ponerse de acuerdo para tomar parte en una acción militar sin el mandato del Consejo de Seguridad.

3- ¿Caerá Saddam en caso de guerra?

La administración sostiene que la intervención se saldaría con una victoria rápida, relativamente indolora, y que Saddam sería depuesto en unas pocas semanas. Esta idea se basa en gran medida en la hipótesis que su autoridad es precaria, una gran parte de su ejército se rendirá, y su cúpula militar sería decapitada antes de que pudiera utilizar cualquier arma de destrucción masiva. Aunque destacados expertos coinciden en que seguramente la guerra marcharía bien, dada la superioridad aérea y tecnológica estadounidense, advierten que Estados Unidos no puede dar por hecho que va a ganar fácilmente.

4- ¿Qué posibilidades hay de una guerra sucia?

En la última guerra, Saddam garantizó su supervivencia evitando usar sus armas de destrucción masiva, pero, en una guerra cuyo objetivo no sea otro que matarlo, no tendría ningún incentivo para jugar limpio. Si no las utiliza, perderá.
Los planes de guerra del Pentágono dan por supuesto que los ataques aéreos de precisión con bombas inteligentes pueden localizar y destruir con seguridad los alijos ocultos de agentes bioquímicos que no hayan descubierto los inspectores. Según dichos planes, esto puede hacerse antes de que Saddam llegue a lanzar cualquiera de esas armas. Los bombarderos tienen que dejar fuera de combate entre 20 y 30 misiles Scud (cosa que no pudieron hacer en 1991) antes de que puedan lanzar cabezas cargadas explosivos convencionales contra Israel o sus vecinos árabes. Aunque se tomen todas estas medidas preventivas, Saddam podría tratar de dar su propio golpe preventivo, lanzando agentes químicos o biológicos contra las fuerzas estadounidenses mientras se agrupan. Pero los altos cargos de la administración de Bush ven razones suficientes para no ser tan pesimistas. Desde el punto de vista táctico, las armas químicas son difíciles de controlar en el campo de batalla; los vientos pueden arrastrarlas hacia los soldados iraquíes. Las tropas estadounidenses irán a la batalla con equipos que les brindan plena protección. Y la administración de Bush dice que pien sa advertir a los generales y coroneles iraquíes que den la orden de utilizar armas bioquímicas que serán arrestados y tratados como criminales de guerra.

Aunque raramente se pronuncia sobre el tema, la administración tiene la intención de asesinar a Saddam o capturarlo, si no hay más remedio. En el mundo árabe, hay quienes dicen que quizá no sea tan fácil. Su círculo más allegado lo protegerá, sabiendo que, juntos o por separado, acabarán perdiendo. Sin embargo, otros dicen que, si cae Bagdad, alguna persona próxima a Saddam podría acabar con él. En último término, Saddam podría eludir a todos sus enemigos gracias a sus dobles, a sus escondrijos secretos y a su estilo de vida nómada.

5- ¿Si Saddam desaparece, qué pasará en Irak?

Bush no quiere hablar de la idea de levantar la nación. Sin embargo, el vicepresidente Cheney ha dado a entender que en cuanto se callen las armas comenzará una etapa muy positiva para Irak. En otros tiempos, el mundo vio cómo Estados Unidos, después de derrotar a enemigos feroces, ayudó en la reconstrucción de sus países, dijo, recordando el encomiable efecto del plan Marshall de 1947 en Alemania y la reconstrucción de Japón. Esta vez, Estados Unidos configurará un Irak liberado que sea democrático y pluralista, una nación en la que se reconozcan y respeten los derechos humanos de todos los grupos étnicos y religiosos. Sin embargo, a veces da la impresión de que a Washington no le preocupa mucho el tipo de gobierno que tenga Irak. Al preguntarle TIME a un alto cargo de la administración acerca de la falta de unidad de la oposición iraquí, replicó: "Personalmente, a mí me da igual".

Sin embargo, Estados Unidos va a tener que ocuparse de este asunto. Irak no tiene experiencia democrática ni hay cohesión en su sociedad. El país ha estado dominado por una minoría de musulmanes sunitas desde la caída de la monarquía, en 1958. Mientras tanto, hace mucho tiempo que los kurdos en el norte y la mayoría chiíta del sur tratan de obtener la autonomía, si no la independencia, sin más. La oposición en el exilio es un conglomerado de facciones con objetivos diferentes, jefes rivales y partidarios geográficamente separados dentro del país. No hay ninguna figura unificadora a la que Estados Unidos pueda instalar en el poder, ni fórmula alguna para el reparto de poder entre las distintas facciones. A los líderes árabes les preocupa que una construcción ineficaz de la nación fomente la división en zonas peligrosas, tal y como sucedió con los enclaves que destruyeron el Líbano durante 15 años.

Los vecinos de Irak están igualmente aterrorizados ante la posibilidad de que el Irak post-Saddam se disgregue. Los kurdos, virtualmente autónomos ahora gracias a la protección de los aviones estadounidenses y británicos, preocupan a Turquía. Ese fiel aliado de Estados Unidos y miembro de la OTAN tiene su propia población de kurdos descontentos que amenazan con escindir sus territorios y unirlos a un Kurdistán independiente. Al mismo tiempo, Irán podría contemplar la oportunidad de coaligarse con el 64% chiíta de la población del sur de Irak, especialmente teniendo en cuenta que su territorio alberga las ciudades sagradas de Kerbala y Nayaf.

Para impedir estas consecuencias, Estados Unidos necesita estar dispuesto a una larga y dura ocupación.

6- ¿La situación mejorará o empeorará en Oriente Medio?

Siempre que Estados Unidos interviene en Oriente Medio, queda advertido de los peligros que encierra la reacción árabe. Sin embargo, la administración de Bush parece hacer caso omiso de ello. Durante la primera Guerra del Golfo y durante la campaña afgana, se hicieron graves predicciones acerca de la posible explosión social árabe pero, en realidad, no ocurrió así en ninguno de los casos. Aun así, los diplomáticos y los líderes de Oriente Medio dicen que sería conveniente tener en cuenta estas posibilidades. Se teme que una guerra galvanice las naciones árabes contra Estados Unidos, especialmente en una atmósfera cargada por la crisis irresuelta de las relaciones entre Israel y Palestina. Los bombardeos, los refugiados y los heridos llenarán todos los días las pantallas de televisión árabes de un modo impensable hace 11 años, cuando no existían cadenas como Al-Yazeera. La preocupación más grave en las capitales árabes es que Israel llegue a intervenir. No es ningún secreto la predisposición del primer ministro israelí, Ariel Sharon, de responder con un ataque si Irak se enfrenta a su país. Esto teñiría de sionismo la guerra, y quizá pudiera propagarla de inmediato a toda la región.

7- ¿Qué partido sacará de todo esto Osama bin Laden?

El derrocamiento de Saddam no tendrá el mismo efecto sobre Al-Qaeda que la caída del régimen talibán en Afganistán. Pero la administración dice que la marcha de Saddam privará a los terroristas de una fuente potencial de armas no convencionales. Otros creen que los terroristas podrían hacerse más rápidamente con ellas aprovechando el caos de la guerra.

El vicepresidente ha señalado que una intervención victoriosa contra Saddam disuadiría a los fanáticos árabes de practicar el terrorismo. "Cuando se elimine la más grave de las amenazas, los pueblos de la región amantes de la libertad tendrán la oportunidad de promover los valores que lleven a una paz duradera", dice. Sin embargo, hay expertos, como Daniel Benjamin, antiguo asesor sobre terrorismo del Consejo de Seguridad, que aseguran que las imágenes de los norteamericanos matando a iraquíes podrían "fomentar la causa de la Yihad", al "confirmar el argumento de Bin Laden de que Estados Unidos está en guerra contra el Islam".

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