Por mucho que falte para las próximas elecciones, las encuestas siempre ponen nerviosos a los políticos. Y el hecho de que el compendio de todas ellas sitúe a los «tories» al frente por primera vez desde el declive iniciado el miércoles negro de 1992 (cuando el país tuvo que salir del sistema monetario europeo y devaluar la libra), neutralizando una clara ventaja laborista de ocho puntos en el verano boreal, ha sembrado pánico en Downing Street.
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