Washington (Bloomberg y AFP) - Las grandes auditoras internacionales desataron una guerra comercial y comenzaron a adoptar medidas urgentes para intentar recuperar prestigio, tras la escandalosa quiebra de Enron que envolvió a Andersen, una de las empresas más importantes del ramo. A su vez, las calificadoras de deuda, como Moody's y Standard & Poor's maximizaron los controles sobre las empresas para aventar los «riesgos ocultos» que hicieron caer a la principal mayorista de energía de EE.UU.
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Deloitte Touche Tohmatsu fue el último en anunciar una gran reforma: separará sus actividades de asesoría para garantizar la independencia de sus actividades de auditoría. La empresa no aceptará contratos de auditoría interna para clientes para los cuales hace también la auditoría externa. Deloitte siguió así el ejemplo de Andersen, que tomó una medida similar en medio de la tormenta por su auditada Enron, de la que recibió pagos por 27 millones de dólares por consultoría y 25 millones por auditoría en 2001.
La mezcla de actividades parece haber tenido una importancia decisiva en el escándalo de la quiebra del distribuidor de energía Enron en diciembre pasado. «Los ingresos por los servicios de asesoramiento son tan grandes que los expertos contables evitan irritar a sus clientes al realizar su trabajo de auditoría», explicó Robert Tucker, profesor de contabilidad de la Universidad de Fordham en Nueva York.
Destrucción
Andersen reconoció que varios de sus ejecutivos destruyeron documentos relacionados con Enron cuando se desarrollaban las primeras investigaciones, e incluso su presidente, Joseph Barardino, desacreditó ante el Senado de los EE.UU. un informe de un ex empleado de la firma que alertaba en detalle las prácticas fraudulentas de la empresa que nunca se dio a conocer.
Andersen prometió, además, hacer «cambios fundamentales» para «dar seguridad a los clientes», dijo Barardino, que serán diseñados por un organismo de supervisión independiente.
Otro paso de saneamiento lo dará PricewaterhouseCoopers (PwC), que, al igual que Andersen y Deloitte, tiene previsto separar sus actividades y hacer que coticen en Bolsa. El presidente de PwC, Samuel DiPiazza, consideró que «la debacle de Enron creó una crisis en el interior de los mercados de capitales».
Ernst & Young ya vendió en el año 2000 sus actividades de asesoría mientras que KPMG las introdujo en Bolsa.
Por su parte, Moody's Investors Service y Standard & Poor's están enviando e-mails a cerca de 800 empresas pidiéndoles los detalles de los contratos que les pueden forzar a pagar inmediatamente sus obligaciones -como líneas de crédito bancario y contratos derivados-, algo no exigido por los reguladores federales, como la Comisión de Valores, por lo que recibieron duras críticas.
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