Munich (AFP, DPA, EFE) - La conferencia internacional de Munich sobre la seguridad puso de manifiesto durante el fin de semana importantes divergencias entre estadounidenses y europeos, incluida Rusia, en materia de seguridad y de lucha antiterrorista, ampliando la brecha evidenciada en torno a temas como la condición de los presos de Guantánamo y el inicio de una segunda fase de la guerra que podría implicar un ataque a Irak, Irán y Corea del Norte.
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Las divergencias son palpables particularmente en el papel de la OTAN y la capacidad de los aliados europeos de Washington a participar en la lucha contra el terrorismo, los presupuestos de defensa de los aliados y la necesidad eventual de un mandato de las Naciones Unidas para las actuales operaciones antiterroristas. El número dos del Pentágono, Paul Wolfowitz, urgió a la Alianza a «adaptarse a la lucha antiterrorista». «Estamos en guerra», repitió, precisando que «la misión determina la coalición. Habrá, por lo tanto, diferentes coaliciones para diferentes misiones».
«Una coalición permanente es mejor que una coalición provisional», respondió el secretario general de la OTAN, el británico George Robertson, para quien Afganistán demostró que «las superpotencias necesitan aliados».
Reconociendo la existencia de divergencias entre Washington y sus aliados, Wolfowitz resumió: «A diferencia de los europeos, hemos sido atacados, no necesitamos ninguna resolución de las Naciones Unidas para este asunto de autodefensa».
El ministro alemán de Defensa, Rudolf Scharping, consideró «ingenuo» creer que la mayoría de los europeos apoyará operaciones militares sin que éstas sean «multinacionales y con un mandato de la ONU».
En materia de presupuestos de defensa, la inversión norteamericana prevista para 2003 en 380.000 millones de dólares es «inimaginable» en Europa, reconoció el ministro-presidente de Baviera, Edmund Stoiber, mientras que Robertson juzgó «justas las críticas estadounidenses sobre la incapacidad militar de Europa» y recomendó a Washington «facilitar el proceso de modernización de la defensa europea».
Los propios acusados por Bush, Irak e Irán saben de las diferencias de criterio con los europeos y abrevan en ellas. «Las declaraciones de Bush, que se parecen al lenguaje de guerra de la época romana, se producen mientras el mundo se esfuerza por la paz internacional, la tolerancia, el diálogo y el cese de la violencia», dijo Abdullah Ramezanzadeh, vocero del gobierno iraní. El viceministro de Relaciones Exteriores, Ali Ajani, expresó su satisfacción por las posiciones adoptadas «por los países europeos, que son independientes de las de Estados Unidos».
También se desmarcó Rusia, otro aliado que se presentó incondicional a EE.UU. tras el 11 de setiembre.
El ministro ruso de Defensa, Serguei Ivanov, dio su apoyo a Irak e Irán y aseguró que no había «ninguna prueba» de las acusaciones de apoyo al terrorismo vertidas contra esos dos países. «Por el contrario, Irán, Rusia y la India han luchado contra el terrorismo en Afganistán», según Ivanov.
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