Crisis: 11 soldados de Pakistán murieron en bombardeo de EE.UU.
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El funeral de los soldados paquistaníes muertos en un bombardeo norteamericano reflejó
ayer la furia que provocó el episodio. Pakistán es un socio clave pero peligrosamente volátil
para Estados Unidos.
El informante, citado por CNN, aseguró que los rebeldes huyeron y fueron perseguidos por tres aviones, en virtud de una política que permite a las fuerzas de la coalición cruzar la frontera hacia Pakistán si se hallan tras un blanco en retirada.
En un mensaje transmitido en Afganistán, la coalición comandada por EE.UU. confirmó que tres aviones lanzaron cerca de diez bombardeos en la zona tras ser atacados por unos 200 talibanes dentro de territorio afgano. Asimismo aseguró que informó al ejército paquistaní de la operación antes de ponerla en marcha. No obstante, el vocero del ejército paquistaní, general Athar Abbas, negó esas informaciones.
En Islamabad, el primer ministro Yousuf Raza Gilani dijo que su país condenaba «vehementemente» el bombardeo norteamericano.
«Defenderemos la soberanía, dignidad y amor propio de este país», dijo el premier ante el Parlamento.
La región donde ocurrieron los hechos es de acceso casi imposible para los periodistas. Estados Unidos afirma que el área es usada por talibanes o combatientes islamistas para lanzar ataques en Afganistán.
Por su parte, un vocero de un grupo de talibanes paquistaníes, Maulvi Umar, afirmó que entre 60 y 100 combatientes islamistas resistieron un intento de fuerzas afganas y estadounidenses de establecer campamentos y cavar trincheras en suelo paquistaní. Umar aseguró que en los combates murieron 8 talibanes y 40 soldados invasores, y fue derribado un helicóptero.
Dos helicópteros trasladaron ayer los cuerpos de los 11 soldados muertos y a otros 13 heridos de regreso a Peshawar, la principal ciudad de la región.
El gobernador de la Provincia de la Frontera Noroeste, Owais Ahmed Ghani, dijo en los funerales de los soldados que un ataque tal «debe obligarnos a revisar nuestra política» en la guerra contra el terrorismo.
El gobierno del presidente Pervez Musharraf es para Washington un eslabón clave en la región, dado que participa en la campaña contra el terrorismo ofreciendo al país como base de operaciones. Pakistán también es relevante dada su condición de único Estado musulmán con un arsenal nuclear y el creciente extremismo islámico que desafía a las autoridades.
La creencia generalizada es que las bombas atómicas se encuentran desmontadas y repartidas en puntos diferentes del territorio para evitar incidentes. Washington ha aportado asesores, ayuda económica y soporte técnico a Islamabad para perfeccionar las medidas de seguridad y almacenamiento. El programa, en el que Washington gastó cerca de 100 millones de dólares, incluye la formación de personal especializado paquistaní en EE.UU. y la construcción de centros de control en Pakistán.
Las garantías que Musharraf ha puesto sobre la mesa se basan sobre todo en la profesionalidad del Ejército y la capacidad de éste para arbitrar la envenenada política doméstica. Pero el riesgo nunca ha sido tanto la toma del poder por parte de los aliados de Al-Qaeda -una posibilidad aún remota-, sino la radicalización de los estamentos del propio Estado paquistaní, sobre todo en las FF.AA.


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