Cruzada de Kasparov contra Putin

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Gary Kasparov, sin duda uno de los más brillantes ajedrecistas de la historia, ha decidido retirarse de la competencia internacional y dedicarse a la política. Aunque nació en la actual república de Azerbaiján, se considera ruso. Su objetivo es, entonces, llevar al Kremlin una democracia plena, de estilo occidental. No por nada su modelode dirigente es Winston Churchill. Pero el intento no es fácil, ya que implica un desafío abierto al presidente Vladimir Putin. Con todo lo que eso significa. A continuación, los principales tramos del interesante artículo publicado por Lorraine Millot en el diario francés «Libération».

Iochkar-Ola, Rusia -Recorridos los 100 primeros kilómetros de una carretera llena de baches, sale del auto con el traje arrugado y la preocupación en el rostro: «¿Dónde voy a hablar? ¿En plena calle? ¿Y cuántos van a ser? ¿Veinte? ¿No los vamos a impresionar demasiado?».

Es Gary Kasparov, de 42 años, el celebérrimo campeón de ajedrez. Acaba de llegar a la República de Mari, una región del centro de Rusia, a donde ha decidido traer este domingo la buena nueva de la democracia. Desde que en enero el rey del ajedrez anunció su retiro de la competición internacional para consagrarse a la «lucha contra la dictadura de Vladimir Putin», nada es ya blanco o negro: los aliados son difíciles de encontrar, y las autoridades hacen todo lo que pueden para sabotear sus movimientos. Pero Gary no se desanima.

Iochkar-Ola, capital de la República de Mari, es el nuevo objetivo. «Aquí los problemas son aun peores que en otras partes de Rusia», admite un asesor de Kasparov. Sin recursos naturales, la región es especialmente pobre y está dirigida por un pequeño autócrata local, ex ultranacionalista y actual aliado de Putin.

Los militantes locales han decidido que Gary vaya a saludar al Congreso de las Asociaciones de Maris, el pueblo autóctono que dio nombre a la república y que representa a más de 40% de la población. El ajedrecista hace su entrada en la sala... y
se desencadena el escándalo.

En la tribuna, el viceministro local comienza a atacarlo: «¡Usted no está registrado en nuestro congreso! Lo que está haciendo es ilegal. Le pido que abandone la sala».

¿Su país?
¿Pero no nació en Bakú, hoy capital de Azerbaiján? ¿Su padre judío y su madre armenia no lo convierten en un extranjero a los ojos de muchos rusos? «Soy un niño del imperio ruso. Cuando el imperio se hundió, volvimos a ganar nuestra patria, Rusia. Soy de lengua rusa, de cultura rusa, Rusia es mi país. Y quiero que mi hijo crezca en este país. Un país que, por fin, se convierta en una democracia civilizada.»

La cita final de la jornada es un congreso de los demócratas, destinado a crear una sección local de su movimiento. Sin papeles, durante más de hora y media, Gary larga, por fin, a borbotones, como un torrente, sus ataques contra Putin y su régimen.

Gary Kasparov confiesa cuál es su modelo en política;
Winston Churchill, «uno de esos raros políticos que no dudan en luchar por sus opiniones».

El objetivo que se ha fijado se las trae:
«Restaurar la democracia en Rusia». ¿Para después presentarse a las presidenciales de 2008? «No me fijo objetivos irrealizables. Por ahora, lo importante es asegurarse de que estas elecciones se celebren y que una auténtica alternativa sea propuesta en ellas. Lo esencial es salvar a este país.»

¿No extraña el ajedrez? «No»,
sonríe Kasparov. «Veinte años de campeonato del mundo son suficientes. No digo que no me vuelva a tentar un día, pero ahora prefiero consagrar mis capacidades al servicio de una causa. Tengo una buena intuición, buen sentido del análisis, rápidas reacciones y estoy acostumbrado a trabajar con presión.»

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