Cuba hoy
Fidel Castro es un hábil narrador y entusiasmó a los argentinos contando cómo viven los cubanos bajo el régimen comunista. Ante la Facultad de Derecho habló de salud y educación. Omitió decir que la universidad cubana es gratuita, pero el ingreso restricto. Un enviado especial de este diario cuenta cómo es la vida cotidiana en Cuba. Hay aciertos y fracasos del régimen y también mala información. Por ejemplo, Fidel Castro no prohíbe a nadie irse de Cuba, pero si un cubano llega por vía normal a EE.UU. no lo dejan entrar sin visa y mucho menos trabajar. Si llega en balsa a la Florida, en cambio, le dan status de refugiado político. Los colegios son impecables y el nivel de educación es alto, pero los conocimientos no se pueden aplicar con amplitud porque sólo se puede leer lo que autoriza el gobierno. Se controla lo que se escribe. Internet y la televisión por cable están prohibidas. Cuba tiene dos bloqueos: el que le impuso EE.UU. y el de Fidel Castro, que la aísla con más eficacia del mundo.
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Los enfermos crónicos a fuerza de largos trámites consiguen la medicación indispensable. Los que padecen enfermedades temporales están en problemas. Si el estado no provee los remedios deben comprarlos en las farmacias que sólo aceptan dólares. La ausencia de medicamentos es el más grande perjuicio del bloqueo que Estados Unidos le impuso. Cuba debe importar medicamentos triangulando y a costos muy altos. El drama cotidiano se vive en los dispensarios de los barrios donde los médicos sólo están autorizados a tomar cuatro radiografías por mes.
La cercanía del mar hace estragos en la pintura de los frentes. Pintar el casco histórico de la ciudad, patrimonio de la humanidad, cuesta 15 millones de dólares que el gobierno no tiene y la UNESCO no le ha provisto. Despintada y todo, La Habana, seduce. La ceremonia de las 21.00 en el fuerte cuando se apagan las luces y disparan los antiguos cañones respetando la tradición que viene del siglo XIX, es apenas una muestra de que Cuba atrae turismo.
• Internet prohibida
No hay computadoras en las casas y mucho menos Internet. Tener acceso a la Web es derecho de los extranjeros, de los que se hospedan en hoteles, de las embajadas o empresas privadas. Hay un Operativo Windows permanente, donde la policía secreta, los jefes de manzana, el Comité de Defensa de la Revolución (los temido CDR) y otros organismos de control deben detectar en qué casas hay Internet y computadoras clandestinas. El castigo de subir a la Web es la cárcel.
Los pocos que tienen televisores, deben conformarse con los tres canales estatales. Hay programación argentina. Uno de los más vistos es «Poné a Francella», pero está subtitulado porque para los cubanos el castellano de los argentinos es otro idioma.
Unos pocos televidentes tienen antenas parabólicas clandestinas. Han desarrollados camuflajes ingeniosos, como colocar esas antenas dentro de tanques de agua vacíos. Cada ciudadano con televisor debe justificar como lo consiguió. La excusa es que como la electricidad está subsidiada sólo se pueden tener aparatos eléctricos autorizados por el Estado. El prurito suele desaparecer con unos pesos para el jefe de manzana. La fortaleza del régimen está en la desinformación y el control estricto de la vida privada de las personas. «Rico no es quien más tiene, sino quien menos necesita», reza un antiguo dicho que se practica en Cuba con más fuerza que en ninguna otra parte. Para que el cubano no necesite mucho nada mejor que trabarle la información. Curiosa paradoja del país latinoamericano de mejor índice de alfabetización.
Prácticamente todos en la isla saben leer y escribir, conocimiento que no pueden aplicar en su totalidad porque sólo pueden leer diarios cubanos o publicaciones autorizadas por el gobierno. ¿Escribir? Sólo se pueden enviar inocentes cartas de amor o fraternales, o preparar notas de apoyo a la revolución. Obviamente, no existe el chateo ni el e-mail. Las escuelas son muy prolijas y limpias, pero la economía no perdona y los chicos estudian con papeles reciclados y lápiz de baja calidad. Papel blanco y biromes son un lujo, pero puede observarse que el cuidado de la educación a partir del preescolar es superior al de muchos países latinoamericanos. A partir de quinto grado, a mitad de año no hay vacaciones, deben hacer trabajos voluntarios en el campo durante 15 días como lo impuso el Che Guevara.
• Racionamiento
El drama de la isla es la comida. El «libretón» no asegura una alimentación completa. Es un jabón por familia, un dentífrico, frijoles, leche de vaca si hay menores de 7 años, aceite, medio kilo de carne por mes y alguna alimentación adicional como leche de soja si hay ancianos enfermos o niños de entre 7 y 15 años. La leche de soja es realmente difícil de tomar y buscan el trueque. Afortunados son los que no fuman que pueden vender los atados que les provee el «libretón».
Los empleados de hoteles o restoranes pululan en los barrios. Ellos han desarrollado cadenas para posesionarse de comida que después revenden. Es muy frecuente en un hotel que le digan que no hay lugar en el restorán cuando va a reservar una mesa. Después, el frustrado comensal verá que funciona con la mitad de las mesas ocupadas: el negocio no está en la propina para los que trabajan allí, sino en la comida que sobra y se llevan.
El cubano trabaja ocho horas, pero pierde al menos dos por día haciendo largas colas frente a los galpones para obtener las raciones que da el «libretón». Los alimentos y artículos de limpieza no llegan todos juntos, por lo que estas colas son diarias.
Las colas son parte de la vida. Para comer un helado hay filas de hasta cuatro cuadras frente a la única heladería de La Habana que acepta pesos cubanos durante el fin de semana. También es larga la fila para ir a los cines a ver películas cubanas, españolas o argentinas que no son precisamente estrenos. Este padecimiento se ve en las paradas de las «guaguas», pequeños ómnibus que pasan cada media hora y siempre llevan el triple de su capacidad. Es admirable cómo los cubanos torsionan su cuerpo para poder viajar hacinados.
El cubano blanco, al que le crece la barba, padece el drama de no tener suficientes hojas de afeitar. Estas, junto a jabones, dentífricos y desodorantes, cotizan a valor oro en el mercado negro.
El salario de todos los cubanos es el equivalente a 10 dólares mensuales pero, como se dijo, reciben servicios esenciales subvencionados por el Estado. Obviamente, no se les permite proveerse de lo que no viene en el «libretón» porque en el mercado libre y en el negro todo cotiza a precios casi internacionales. Un par de zapatos cuesta $ 250 (alrededor de 9 dólares), un kilo de manzana sale 2 dólares. La carne de res cuesta 6 dólares el kilo y la de pollo 3 dólares.
• Aporte externo
Pero hay ciudadanos de primera clase, fuera de la clase política. Son los que reciben fondos de exiliados en Miami. Ellos tienen acceso al confort. A Cuba llegan cada año mil millones de dólares principalmente de Miami. Esto les permite a los privilegiados equipar bien sus hogares y ahorrar. A éstos el Estado no los molesta porque son quienes aportan gran parte de los dólares que circulan. Es como recibir un pago en divisas por exportar familiares.
En la isla hay 8 bancos, todos del gobierno, donde por un plazo fijo pagan 5% anual si es a 90 días (el plazo mínimo de inmovilización) o 7% si es a más de 6 meses ¿Es alta o baja la tasa? Nadie lo sabe, en Cuba no hay inflación porque el gobierno así lo dispuso, aunque los precios suban periódicamente.
Los bancos son sólo una parte de las empresas que tiene el Estado, el mayor capitalista de Cuba. Taxis, restoranes, agencias de turismo, hoteles, talleres, casi todo es del gobierno y lo que no le pertenece en su totalidad, porque es de capital extranjero, el Estado va asociado a 51%.
Los hoteles al tener minoría de acciones los inversores extranjeros, deben soportar que el gobierno les elija los gerentes. Obviamente, es fácil torcer la voluntad estatal.
Cada empleado al sector privado le cuesta un sueldo de 500 dólares que se lo debe girar al Estado comunista quien, a su vez, le paga al empleado 10 dólares. Para que el empleado rinda entonces el hotel, la embajada o empresa extranjera de que se trate, le paga un sobresueldo en negro de aproximadamente 100 dólares. Reunir 110 dólares mensuales hacen una «clase media» privilegiada en relación al más pobre que cobra el equivalente a 10 dólares.
• Informe clave
Para ser un empleado de empresa privada, hay que estar aprobado por un Comité de Defensa de la Revolución que informa desde si concurre a las charlas de adoctrinamiento hasta si es buen marido o buena esposa. De un puntaje sale el permiso para conchabarse. El espionaje incluye la infidelidad.
El informe del CDR de manzana es clave para que el empleado sea aprobado por el gobierno.
Es tan grande el privilegio de trabajar en una empresa extranjera que los que limpian, algunos botones o ayudantes de cocina, ostentan títulos de arquitecto o ingeniero obtenido en la universidad estatal gratuita, pero con ingreso altamente restricto. La universidad es para los que mejor califican.
La contrapartida de ser profesional en Cuba aunque no se ejerza es que no puede abandonar la isla hasta que el egresado no devuelva con trabajo productivo el costo del título que obtuvo. Suena justo para cualquier país. Conviene aclarar que cualquiera puede salir de Cuba y radicarse en otro país, contra lo que muchos creen, pero Estados Unidos y Europa no les dan visa a latinos vengan de donde vengan. Pero si alguien llega en balsa a las costas norteamericanas todo es más fácil: automáticamente obtiene el status de refugiado político. Por eso algunos que pueden salir de la isla por derecha, se arriesgan en balsas improvisadas.
El casamiento con españoles, junto al mercado negro, es una de las principales «industrias» que funcionan en Cuba porque permite irse de la isla y trabajar en España.
La iniciativa privada es limitada. Se ve en los 24 «paladares» autorizados. Son casas de familia a las que se les autoriza funcionar como restoranes pero con un límite de 12 comensales. Entrar a un «paladar» es ingresar a un hogar cubano donde le cocinan, pero por alrededor de 30 dólares por persona. Estos emprendimientos le pagan al gobierno un impuesto de 1.100 dólares por trimestre.
Los taxis también son del Estado y, por lo tanto, los choferes que ganan 10 dólares por mes, como casi todo el mundo, siempre están tentados a no rendir todos los viajes. Fracasaron los relojes fabricados en Europa y en Estados Unidos para los controles especiales desde el Estado comunista. La solución fueron los taxímetros argentinos que son a prueba de trampas, porque en nuestro país violamos todo si podemos. En Cuba también.
Los taxistas, como todo empleado que recibe propinas, le debe dar al sindicato 15 dólares mensuales «voluntariamente».
El hombre cubano capaz e inteligente es un ser sin esperanzas. Sabe que por mejor que haga su trabajo, va a ganar lo mismo que el que trabaja mal. Sorprende la falta de alegría en la gente que ve que sus días don monótonos, no ve cambios en el futuro y recuerda que comía mejor cuando la Unión Soviética existía.
Fidel Castro maneja la isla con mano dura. Sólo un dictador puede privar a tanta gente de otra realidad durante 44 años.
Si la felicidad es apenas subsistir, entonces en Cuba se vive muy bien.
(*) Colaboró en la nota Sara María Louzan.




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